Boletín junio 2015 esplinGo coaching

Boletín junio 2015 esplinGo coaching
Este Help con The Beatles es una acuarela de Isabelle Dillard


"Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos." San Agustín


Principios de junio ya... La próxima vez que recibas este boletín, ¡ya será verano! 

Esta semana vengo pensando en una dificultad histórica que arrastro: la de pedir ayuda.

Me cuesta muchísimo pedir ayuda, y la necesito a veces, por supuesto. Todos la necesitamos en algunos momentos. Aunque seamos ya grandes, capaces e inteligentes siempre hay ocasiones en las que precisamos de apoyo externo porque solos no podemos, o tal vez sí que podemos, pero es mucho más trabajoso, pesado o incluso doloroso hacerlo en soledad. 

Durante las dos últimas semanas de mayo me decidí a pedir ayuda en Facebook para aumentar el número de 'Me gusta' en mi perfil profesional, porque llevaba meses sin avanzar un ápice a pesar de mis movimientos, así que lo primero que se me ocurrió fue pedir ayuda para superar, antes de que acabase el mes, los 400 seguidores (faltaban unos 30, creo recordar).

Rápidamente el mecanismo comenzó a ponerse en marcha y comenzaron a ir llegando los apoyos. Así que, una vez más, la vida me demostraba que si pido ayuda es más que probable que la consiga.

Es sólo una anécdota, real y reciente, un simple ejemplo. Sin embargo no deja de ser significativo; como se suele decir, "como haces una cosa, lo haces todo". Así que eso que repito en un ámbito, seguramente lo estoy perpetuando en otros muchos.

Esto me lleva a pensar también cómo, en esto a lo que me dedico que es la terapia, el auto-conocimiento, el desarrollo personal, somos tantas las personas que nos resistimos a pedir ayuda. En parte porque efectivamente nuestro país no cuenta con una tradición al respecto; muy al contrario, si hemos acudido históricamente a este tipo de apoyo ha sido más bien porque nos hemos visto empujados a hacerlo, tal vez debido a algún diagnóstico médico, y ése, claro, no es un lugar ni un camino en el que queramos vernos encasillados muchos. 

Pero tradiciones sociales e históricas aparte, también nos pasa en general lo mismo que me sucede a mí en lo particular: que nos cuesta pedir ayuda a veces, aún a pesar de saber que la necesitamos o que nos iría mejor con ella. Las razones que fundamentan esa dificultad pueden ser varias, dependiendo de la persona: puede ser algo aprendido desde la infancia, una falta de confianza en el otro, un exceso de orgullo, una dificultad a mostrarnos vulnerables o tal vez simplemente miedo a la negativa o al rechazo. 


Siempre me ha costado mucho pedir ayuda, sí, y esta experiencia en Facebook ha sido para mí un ejercicio más de entrenamiento al respecto, que me ha servido para darme cuenta una vez más de que:

1- pedir ayuda es al final mucho más fácil de lo que yo me monto en mi cabeza en un principio antes de lanzarme

2- la ayuda que recibo es siempre más genuina y desinteresada de lo que yo inicialmente me creo

3- con la ayuda de otros llego siempre más lejos, aprendo más, crezco más, ¡y hasta me lo paso mejor!

4- si yo estoy dispuesta a ayudar cuando otros lo necesitan, ¿por qué no voy a pedirlo yo también cuando lo preciso, recibiendo la misma respuesta?



Si somos uno, si solos a veces no podemos, si funcionar en comunidad, en pareja o en equipo sabemos que es mucho más enriquecedor, ¿cómo es posible que aún encontremos razones para dejar de hacerlo?

Te dejo con esa pregunta, y con esta otra para reflexionar: ¿cómo se te da a ti esto de pedir ayuda? 



Como viene siendo habitual, nos seguimos reuniendo nuestra Tribu de Buscadores el tercer jueves de cada mes en Hop Scotch Málaga; nuestro próximo encuentro será el 18/06/15 de 19:00 a 21:00 y seguiremos indagando, descubriendo y compartiendo descubrimientos juntos.

Este mes en el blog he escrito sobre la figura del padre, sobre los miedos y pesadillas de los niños, sobre cómo elegir a nuestro terapeuta cuando nos animamos a ello y finalmente he compartido una reflexión sobre mi vivencia con la prisa.

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Te deseo un feliz final de la primavera y un dichoso comienzo del verano.

¡Hasta pronto!