Niño interior

25
Mar.
2015
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Buscando mirada

Ahora que conozco mejor la historia de la que vengo y a la niña que yo fui puedo también comprender más las dificultades de la mujer en la que me estoy convirtiendo (estoy aún en proceso, sí, esto es una tarea que lleva tiempo). "Crecer es aclararse", que decía la maestra Angélica Olvera.
19
Dic.
2012
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Llora, mi niña, llora

Ayer tuve una clase fabulosa de yoga al aire libre, en mitad de un jardín precioso, bajo el sol. Después fuimos el grupo a pegarnos un festín asiático y finalmente nos despedimos hasta el Año Nuevo deseándonos lo mejor para las fiestas navideñas. Hacía un día luminoso y cálido y me sentía plenamente feliz.
22
Ago.
2012
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La niña que hay en mí

En algún momento de 2006, cuando sentía el dolor y el miedo afilados y profundos, tuve una necesidad imperiosa de ver a mi alrededor fotografías de cuando era pequeña, imágenes de ese otro yo que era feliz, que reía y disfrutaba de la vida. Así que elegí algunas de entre los álbumes de casa de mi padres, hice copias, compré portarretratos y los coloqué cuidadosamente en mi habitación y en mi sala de estar.

Una de ellas es un primer plano de mi carita de 4 años. Tan cerca estoy del objetivo que la imagen aparece ligeramente borrosa, luciendo una sonrisa amplia y luminosa. Coloqué esa foto en la mesita de noche junto a mi cama para poder verla cuando me iba a dormir, cuando me despertaba a deshoras sin poder conciliar el sueño, cuando amanecía por las mañanas. Mirar a esa niña, centrarme en esa sonrisa enorme y abierta me hacía sentir alivio y también conseguía además aplacar el dolor que sentía por dentro. No podía reconocerme en aquellos ojos, en la cara ni en la sonrisa. ¡Me sentía tan lejos de aquella niña! A años luz de esa alegría de vivir… Pero sin embargo me repetía a mí misma sin cesar: ‘Yo soy esa niña, por tanto, ella está dentro de mí. Si una vez pude ser feliz y dichosa entonces puedo recuperar esas emociones. Puedo sentirme feliz y dichosa de nuevo. Sólo tengo que aferrarme a esa niña. Ella es mi esperanza y mi salvavidas. Saldré de todo esto con su ayuda’.

Esos pensamientos se sucedieron de un modo natural a través de espontáneas certezas y genuinas conversaciones que tenía conmigo misma.

Y para completar las fotografías comencé también a conectar con aquella niña de otras maneras. Empleé tiempo y dedicación a recuperar recuerdos de aquellos tiempos: lo que le gustaba hacer, lo que la emocionaba, los sentimientos que la movían. Rescaté su antigua colección de libros de Gloria Fuertes y releí aquellos poemas surrealistas disfrutando de las alegres ilustraciones, sintiendo las sensaciones de fantasías y sueños de libertad que ella tenía.

Me bañaba en la orilla del mar, caminando con las manos por la arena, construyendo castillos, pasando tiempo en la playa, donde ella solía disfrutar tanto. Sentí que quería jugar más así que desempolvé mi bicicleta y me acordé también de aquel hula-hoop que ella podía mantener dando vueltas minutos y minutos, así que me hice con uno enorme de un amarillo brillante. Me puse sus pequeños aros de oro y me compré algunas divertidas diademas para el pelo. Empecé a mirar más a las flores, a las plantas, a los árboles y a los animales. Comencé a hablarles, admirando sus formas y colores, deseándoles un feliz día. Miraba a los niños y a los bebés con unos ojos diferentes, reconociéndome en ellos. Era increíble sentir cómo me sonreían y disfrutar de las muecas que me regalaban. ¡Comunicación en estado puro! ¡Tan mágica y tan auténtica!

Era muy fácil hablar con aquella niña, preguntarle qué tenía que hacer yo, qué camino debía tomar. Mi niña parecía tener siempre la respuesta correcta y cuando no la tenía, me ofrecía una amplia gama de opciones entre las que elegir, de manera que las respuestas a mis preguntas siempre yacían en algún lugar entre aquella paleta de posibilidades que ponía a mi disposición.

Ella lloraba cuando quería sin sentir vergüenza alguna. Abrazaba y besaba, saltaba y cantaba cuando le apetecía. Sentía quién no era su tipo y se apartaba de esas energías oscuras. Se disfrazaba por diversión y hacía tonterías simplemente porque podía y porque así lo sentía. Le encantaba leer, escribir, dibujar, bailar y cantar, nadar y montar en bici enredándose en un sinfín de aventuras.

Poco a poco y con paso seguro esa niña de 4 años me ayudó a salir de la oscuridad para adentrarme en un mundo de color. No es que depositase toda la responsabilidad en ella pero la verdad es que fue ella la que hizo la mayor parte del trabajo. ¡Tanto fue lo que hizo por mí en aquellos momentos difíciles!

Después, con el tiempo, he leído y escuchado en muchos lugares afirmaciones del tipo: ‘las soluciones yacen en tu interior; el potencial está ahí latente, en ti…’. Y ahora sé que eso es cierto. Yo tengo las soluciones. Yo sé el por qué y el cómo. Sólo necesito conectarme con mi yo interior, con la niña que fui y que todavía soy. Ella nunca se marchó. Está siempre aquí, conmigo, y no se va a ninguna parte, nunca, ni yo voy a desatenderla nunca más. Voy a cuidarla, a quererla mucho y profundamente, voy a escucharla y a tenerla en cuenta siempre. Esa niña es mi brújula ahora, ella sabe y estoy convencida de que apunta en la dirección correcta. Las brújulas siempre lo hacen, ¿verdad?