Reflexión

10
Abr.
2013
2
com.

Pequeños y mayores

Cuestionarme la realidad establecida desde mi sentir, a pesar de que a algunos puedan resultarle simplistas e ingenuos mis planteamientos, es un ejercicio prácticamente espontáneo que practico desde que tengo memoria.
26
Dic.
2012
0
com.

El amor de este año

No estoy haciendo demasiado estos días, si es que ‘hacer’ significa completar tareas propiamente profesionales tal y como las solemos entender. Sin embargo, mis planes durante estos días están suponiendo viajar para pasar tiempo con la familia, ver a los amigos, salir, quedarnos juntos en casa, cocinar, comprar-hacer y envolver regalos,…
14
Nov.
2012
2
com.

Comprometidos

 

Hay realidades que no pasan de moda y que de hecho mueven el mundo. Aquellas que tienen sus raíces en lo profundo del alma humana, en la emoción, en el sentimiento, en el órgano motor: el corazón. Lo que se hace con y desde el corazón, desde la emoción, perdura en el tiempo, se mantiene, se hace fuerte hasta en tiempos de crisis y da frutos jugosos y no perecederos.

Tengo una gran amiga de hace muchos años. Ella está casada, con dos hijas preciosas. Está entregada a la crianza de sus niñas y al cuidado de su hogar y de su marido. Es una madre atenta y amorosa, excelente ama de casa y amante compañera de su esposo. Esta amiga me dijo un día que ella entiende a la pareja como una empresa y cuanto más lo pienso más me gusta la idea: pareja = empresa. Reparto de roles, funciones y tareas; responsabilidades compartidas y acordadas; comunicación eficaz, efectiva y constante; toma de decisiones y resolución de conflictos en común; respeto y dedicación; creatividad y entrega; amor y devoción.

Demasiados empresarios han sacrificado el bienestar de sus trabajadores por el beneficio económico. Los gobiernos se esfuerzan por hacernos creer, mediante rebuscadas perífrasis y juegos lingüísticos, que trabajan por el logro de ese bienestar cuando en realidad sus acciones se enfocan a lo contrario. No miran por el bien común sino que se centran en el beneficio individual o en el beneficio de unos pocos, muy pocos y muy poderosos. Y hay excepciones, por supuesto, aunque para el propósito de hoy me es útil quedarme con la extensa generalidad.

Los padres, por naturaleza, velan por el bienestar de sus hijos, muchos incluso hasta después de que sus hijos se valgan por sí mismos. Los padres, por norma general, no escatiman en cuidados, no reducen el número de atenciones. No son tacaños ni exprimen a sus vástagos, sino que se ocupan de ellos, los apoyan, están presentes, les dejan espacio y, con esfuerzo a veces, confían en ellos y en sus posibilidades. Por supuesto que hay excepciones aquí también, con efectos terribles en ocasiones, simplemente tristes en otras.

Pero dejando las excepciones a un lado, me pregunto si las empresas en general serían más respetuosas, rentables y por tanto más exitosas al adoptar ese prisma familiar y de la misma manera, si las parejas y las familias ganarían en productividad, crecimiento y proyección al mirarse a sí mismas como una suerte de modelo empresarial. Más corazón y sentimiento en la empresa, más creatividad y paciencia en la pareja. Al fin y al cabo entiendo que ambas realidades pueden contar con ciertos factores comunes aglutinadores: el amor, el compromiso, la dedicación y el deseo de construir un futuro en común, porque tanto en un lado como en otro se necesita de la unión para ser y para crecer.

Muchas de las parejas y familias que conozco de cerca ya son sin duda emprendedores de éxito, con un futuro prometedor y fértil por delante. El brillo de sus ojos, sus sonrisas, la ilusión y la fe en su proyecto así lo atestiguan y no hay crisis ni fluctuaciones de mercados que puedan hacer tambalear eso. Ya se ocupan ellos de reinventar la economía familiar, el CV o el calendario de vacaciones cuando la coyuntura se complica. Mientras la llama del amor siga viva y ardiendo, su proyecto seguirá creciendo y se hará inmenso e inabarcable. Las dificultades vendrán pero si ellos siguen reconociéndose el uno en el otro y recordando ese propósito que los unió un día, la magia de la vida continuará haciendo su trabajo.

Sería bonito que gobiernos y empresas volviesen la mirada al amor y a los valores de la familia para que los proyectos de todos cotizaran al alza y se tratase sólo de gestionar la sociedad común desde la raíz hidratada y profunda del amor. Ahí es donde reside el talento y el futuro.

 

07
Nov.
2012
0
com.

Sky falling

A veces hay canciones, libros, películas que se comunican conmigo de un modo muy especial. Su atmósfera, el ambiente, la forma en la que se expresan y se mueven los personajes junto con lo que hacen me habla de las profundidades humanas, de sus emociones y miedos y de conexiones con la realidad. Es una sensación muy personal que me llena de profunda satisfacción ya que logro comprender la vida a través de ellos. Me enseñan cómo acceder al interior y lo hacen desde una perspectiva completamente diferente a la mía, de manera que su visión enriquece mi percepción y me ayuda a entender haciendo conexiones, llevando mi razonamiento un paso más allá.

Cuando hablo de música podría mencionar los envolventes sonidos trip-hop creados por Massiva Attack o la sofisticada nube pop en las letras de Sidonie. Entre los libros algunos de mis más queridos son Siddharta de Herman Hess o El filo de la navaja de Somerset Maugham. Si pienso en autores, Julio Cortázar, Haruki Murakami, Philip Roth y Paul Auster son los primeros en venirme a la mente. Cuando me centro en personajes de película allí están Escarlata O’Hara y Rhett Butler, Holly Golightly, Rick Deckard, Michael Corleone o Harry Lime, brillando, algunos de ellos envueltos en un aura muy oscura. Si recuerdo piezas del cine clásico podría incluir todas las películas en las que los personajes anteriores revelan su esencia y añadiría además Casablanca, Marnie la ladrona, Al este del Edén o La gata sobre el tejado de cinc caliente. Del cine contemporáneo he disfrutado especialmente Sospechosos habituales, Eyes wide shut, Lost in translation, Origen, El árbol de la vida, Midnight in Paris, El caballero oscuro y ahora también el último episodio de la saga de James Bond: Skyfall.

No me considero una fan incondicional de Bond pero tengo que reconocer que me gusta el elegante y encantador descaro del mundialmente conocido agente secreto con licencia para matar. Sin embargo, en mi opinión, desde que Daniel Craig se subió a bordo, el personaje ha crecido tremendamente y se ha hecho mucho más humano.

Si no has visto la película pero esperas verla, tal vez te gustaría dejar de leer aquí, ya que parte de la trama podría ser revelada. Avisado quedas.

A través del trabajo de Craig he visto a un James que ha experimentado el amor verdadero y que se ha sentido profundamente herido. Un empleado esforzándose por lograr su mejor rendimiento, decepcionado por sus superiores a veces pero siempre fiel a su jefa y a su país. Un adulto abierto a lo último pero conectado a la sutil belleza de la tradición. Un hombre que sufre y se ahoga en la soledad y el dolor, un amigo que presta su apoyo y también un niño que aprende desde muy pequeño lo que significa estar solo, encontrando un modo diferente de encajar y de ser querido.

Silva (o Tiago Rodríguez, como averiguamos al avanzar la película) es el personaje interpretado maravillosamente por nuestro brillante Javier Bardem. Él es el malvado, el ser pérfido, que en un par de ocasiones me recuerda incluso a Haníbal Lecter y en un momento casi al final de la película me trae a la mente al Teniente Coronel Bill Kilgore de Apocalipsis Now. Él es un ex agente desilusionado, amargo por dentro, que traicionó los principios por los que se regía y se sintió también traicionado por la persona que más quería, convirtiéndose en un poderoso y extremadamente inteligente mercenario que vende sus servicios al mejor postor y cuyo objetivo es vengarse de esa persona que siente que le defraudó.

Esa persona es una mujer mayor y altamente cualificada, con más que probada experiencia en su campo. Responde a la inicial ‘M’ y creo que nunca hemos sabido su nombre real (si me equivoco, por favor, iluminadme). Sin embargo, esa ‘M’ aislada cobra todo el sentido gracias a la aparición de Silva, pues su alma torturada y su experiencia vital lo llevan a llamarla ‘Madre’ en diferentes ocasiones. De manera que para él ‘M’ es la Madre a la que se ha sentido y aún se siente unido, esa persona a la que siempre quiso complacer convirtiéndose incluso en algún momento en ‘su favorito’. Pero M sabe cómo anclarse en lo estrictamente profesional y Silva cruzó un línea que ninguno de sus efectivos debe cruzar. Así que sus equivocadas elecciones lo convirtieron en el enemigo en la sombra y ella se centra ahora en el que es su mejor agente, un hombre al que conoce mejor que nadie, alguien en quien puede confiar plenamente y a quien puede ver incluso detrás de ese muro de acero que proyecta.

Esta mujer no se rinde, se esfuerza por alcanzar un trabajo bien hecho, sirviendo a su propósito vital hasta el final. Por eso elige no jubilarse cuando se lo ofrecen. Su objetivo es alcanzar las metas que se había propuesto incluso por encima de las dificultades que puedan presentarse. Me gustó especialmente el discurso que pronuncia en su propia defensa frente a los miembros del gobierno y el poema de Tennyson que cita (puedes ver abajo el extracto que ella recita y que coincide justamente con el final del poema). Parafraseando lo que creo recordar que dice: “nuestros enemigos ahora aparecen de entre las sombras, personificando la oscuridad; pregúntense de qué tienen miedo y qué les hace sentirse seguros…”. Yo encuentro es esas palabras una magnífica alegoría.

Me encanta el vínculo tan especial que une a M y a 007, la montaña rusa de giros, comentarios irónicos y sentimientos que fluyen entre los dos personajes durante toda la película.

En ella hay espacio para valores como el compromiso, la lealtad, el amor, la confianza, el respeto, el logro personal, la compresión, el perdón. Y también refleja una amplia variedad de las emociones humanas: miedo, resentimiento, soledad, celos, arrepentimiento, odio, orgullo, sentido de pertenencia

Una de mis actividades favoritas durante mi etapa de estudiante fue siempre el comentario de textos. Más adelante tuve la inmensa fortuna de disfrutar de un profesor increíble de literatura en la universidad que me enseñó cómo llevar esta práctica más allá, derribando las fronteras entre asignaturas y disciplinas, viendo la relación entre una pintura y una pieza de música, por ejemplo, aprendiendo a través de mi propia experiencia, acercándome al constructivismo, desarrollando una capacidad para la crítica práctica y percibiendo la intertextualidad a mi alrededor (muchísimas gracias, P. Ruiz, por tus enseñanzas).

Yendo un paso más allá, cuando detecto alguna de estas conexiones en una canción, libro o película, esas piezas se convierten en parte de mi trayecto ya que las enlazo con mi búsqueda personal y eso me ayuda a seguir aprendiendo y a crecer, que es en definitiva mi objetivo en la vida.

Caer prueba que estoy en movimiento. Cuando me muevo me pongo en acción. Acción significa aprendizaje y el aprendizaje me lleva a comprender, aceptar, respetar y crecer, la esencia de la vida para mí. Caer entonces puede equipararse a vivir, ya caiga desde tan alto como el cielo o desde alturas más bajas. Hay tanta belleza a mi alrededor que quiero aprovechar cada oportunidad de abrazar el conocimiento que yace en todas partes, esperando ser atrapado.

 

31
Oct.
2012
2
com.

Viviendo una ilusión

Ropa, zapatos, libros, cds, pendientes, bolsos, sábanas, tazas y vasos, toallas, tarjetas de crédito, cuentas bancarias, afiliaciones, cuentas de correo electrónico, perfiles en redes sociales, teléfonos móviles y dispositivos electrónicos, agendas, álbumes de fotos, apuntes…

Parece que siempre queremos más. Queremos tener cosas, poseerlas, salir de compras, acumular, cambiar los objetos más antiguos por otros nuevos sin importarnos el servicio que de aquéllos estamos recibiendo porque lo que ansiamos es lo último, en una espiral sin fin de desear-querer-adquirir.

Queremos estar aquí y allí al mismo tiempo. Seguimos a miles de personas y acumulamos cientos de ‘amigos’. Hablamos a través de nuestros móviles mientras caminamos por la calle e incluso cuando conducimos. Nos vamos de vacaciones y seguimos subiendo comentarios y fotografías sobre dónde estamos y qué estamos haciendo. Cenamos con la familia frente a una televisión ruidosa y nos sentimos orgullosos de decir que podemos desempeñar varias tareas a la vez.

¿Cuál es el propósito de todo esto? ¿Qué es lo que obtenemos? Entiendo que cada uno encuentra su pequeño cielo, un reducto de placer personal, una satisfacción íntima y no soy yo nadie para juzgarlo. Lo que sí hago es preguntarme si esta ola constante de progresión aritmética (¿o incluso geométrica?) nos trae a los seres humanos felicidad verdadera, si nos conecta con lo que realmente somos o si por el contrario nos lleva a desligarnos de nuestra fuente.

Jesucristo nació en un establo, dormía en un pesebre y creció en una humilde familia trabajadora. No rechazó a los pudientes ni tampoco los lujos y comodidades pero sí defendió que el apego excesivo a las riquezas (la codicia, el derroche, el acumular porque sí) nos alejaría de nuestro propósito y nos llevaría a lo contrario de la dicha y la satisfacción, sobre todo si vivir así llevaba consigo no compartir y no ayudar a aquellos que no eran tan afortunados. Como consecuencia, los cristianos coherentes llevan una vida sencilla y practican incluso la austeridad.

Sidarta, por el contrario, nació en una rica y noble familia, rodeado de oro, gemas preciosas y sofisticadas esencias. Creció apartado del mundo real, viviendo una existencia de lujo en la que todo parecía perfecto y hermoso. Hasta que un día descubrió a sus súbditos ancianos, pobres y enfermos de su ciudad y se dio cuenta de que la vida era algo más, algo que hasta ese momento había permanecido oculto para él. Y así fue como el príncipe abandonó el palacio real para experimentar lo que significaba vivir sin nada, y entonces encontró la quietud y la paz mental que necesitaba para ser. Se convirtió en El Buda, el Iluminado, y los budistas encuentran en el desapego por lo material una de las claves principales del bienestar.

En un acercamiento más contemporáneo (cronológicamente), el Dr. Wayne Dyer nos habla en sus libros y conferencias sobre la importancia de vivir con un propósito, conectados con nuestra Fuente, compartiendo y ayudando a otros, sintiéndonos agradecidos, experimentado la felicidad a través de los detalles más sencillos. Este hombre realmente me toca el corazón. Me encanta escuchar su profunda y honesta voz y me encanta verlo en la palestra pronunciando esas charlas cargadas de hechos tan irrefutables como fáciles de comprender basados en su experiencia personal y en la sabiduría adquirida con el paso de los años. Si no has caído rendido a sus pies aún te animo a visionar este video en dos partes (un total de casi 25 minutos, con subtítulos en español) y estoy convencida que muchos de vosotros os convertiréis en sus fans incondicionales para siempre (si es así, buscad la película El cambio y disfrutad de cada minuto, por favor).

 

Mis amigos Ani y Javi están en este momento viajando en una búsqueda personal a lo largo y ancho de Asia. ¿Qué es lo que buscan? Os preguntaréis. Entiendo que su búsqueda es la de experiencias vitales que tengan que ver siempre con la interrelación humana, allí donde vayan. Viajan ligeros de equipaje confiando en la generosidad y la buena voluntad de las personas que encuentran. No necesitan demasiadas de las posesiones materiales que mencionaba al principio. Ya llevan dos meses en los caminos y hasta ahora la experiencia ha sido fascinante (están alimentando un blog fabuloso que recomiendo a todo el mundo, donde comparten sus aventuras y fotografías ). En una de sus entradas hablan de la definición oficial de pobreza, ya que parece ser que la ONU considera a Mongolia una de las naciones más pobres del planeta. Sin embargo, y de acuerdo con la experiencia de estos amigos, si la pobreza es vivir con tus seres queridos (personas de todas las generaciones juntas, aprendiendo unos de otros y ayudándose mutuamente cada día), compartiendo lo que tienen, cuidando de su hogar y de sus animales, respetando a la naturaleza y siendo agradecidos, entonces ese tipo de pobreza debería extenderse por todo el mundo conocido en realidad. No puedo estar más de acuerdo con ellos.

¿No es eso lo que Jesucristo y Buda predicaban? Vivir una existencia sencilla, experimentar la simplicidad cada día, liberándonos de lo prescindible… ¿Cuánto más fácil sería para los afectados por el huracán Sandy seguir con sus vidas y recuperarse cuando la tormenta pase si vivieran una vida más simple? (Viajar para ir al trabajo, ya sea en metro o en avión, necesitar de la conexión a internet y de las telecomunicaciones continuamente, basar nuestra existencia en los proveedores de energía para todo lo que hacemos…). Lo sé, lo sé: fácil de decir, complicado de lograr.

Durante los últimos tres años he practicado un ejercicio que me supuso un esfuerzo inmenso al principio y que ahora ya no me resulta tan duro. El ejercicio consiste en pasar revista a mis posesiones dos veces al año (una al comienzo del verano, y luego de nuevo en enero con el inicio del nuevo año), embalando aquellas cosas (ya sabéis: ropa, libros, sábanas…) que no he usado nunca o no recientemente. Algunas van a la basura, otras las regalo. Empezar es lo más complicado ya que mi mente comienza a decirme cómo todo tiene su utilidad y que puedo necesitarlo en algún momento el mes-año-vida que viene… No importa, ¡a la caja va! Elijo hacer espacio en mi realidad para todo lo bueno que espera su turno para entrar. ¡Porque no tiene sitio ahora mismo! ¿Cómo va a sentirse bienvenido? Una vez que he llenado la primera bolsa o caja la energía comienza a fluir limpia y poderosa y entonces sólo quiero abrir más cajones y armarios para poder dejar ir más y más cosas.

Otra pequeña práctica que voy a compartir con vosotros (aún a riesgo de someterme a las críticas de algunos) nace de algo que solía hacer con mis amigos cuando éramos pequeños y llegaban nuestros cumpleaños. No teníamos dinero para comprarnos regalos (por entonces los niños no solíamos llevar dinero en nuestros bolsillos siempre, como parece ser la tónica entre nuestros niños hoy en día) así que elegíamos algo de entre lo que ya teníamos, algo que nos fuese muy querido o nos gustase especialmente por la razón que fuese. Una muñeca o juguete, un libro tal vez, un cromo muy difícil de conseguir, un precioso clip para el pelo… Lo que sea que significase algo importante para nosotros, algo tan bello que a pesar de lo duro que era separarnos de ello, nos hacía felices que nuestro amigo o amiga lo tuviese. Entonces lo adecentábamos, lo envolvíamos en papel de regalo y se convertía así en un presente de cumpleaños perfecto para ese amigo tan querido.

Yo acumulo perfumes, maquillaje, libros y cds que me van regalando y que no llego a utilizar. Y también atesoro (apego puro y duro) todo esos objetos que amo, por la razón que sea. Así que cuando llegan esas épocas del año, dejo a un lado algunas de estas posesiones pensando en ciertas personas que sé que podrían disfrutarlas muchísimo, y las regalo cuando llega el momento oportuno. Puede que suene tonto, ridículo, cutre o patético, me da igual. Lo que me importa es que para mí aún hoy resulta complicado a veces desprenderme de según que cosas y este ejercicio me ayuda.

Podéis estar o no de acuerdo conmigo pero simplemente preguntaros: ¿cuántas de estas posesiones tuyas son realmente necesarias para ti? ¿Cuántas utilizas con asiduidad? ¿Realmente te hacen feliz? ¿Podrías vivir sin ellas? ¿Cómo sería tu vida si prescindieses de ellas? ¿Estarías dispuesto a probar?

Daniel Dafoe dijo: “Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos.” Los mongoles de las estepas no tienen mucho pero tienen todo lo que necesitan. ¿Quién es más pobre entonces?

 

17
Oct.
2012
0
com.

Tengo Un Amor

Tengo un Amor,

y es tierno como una caricia de seda y firme como una roca, todo en uno.

Tiene una voz poderosa y profunda que desvela delicadas palabras de afecto.

Su sonrisa nace del interior y se abre amplia y libre abarcando su rostro sincero.


Tengo un Amor,

y él sabe cómo escuchar, qué decir y cuándo permanecer callado.

Se alegra sinceramente de la felicidad de los otros y también sufre por sus desvelos.

Se toma tiempo para hacer cada cosa, con total dedicación, y sus resultados son siempre ejemplo de sublime excelencia.

Sus manos hablan de destreza y experiencia, de conocimiento certero y son capaces de crear abrazos de intensa emoción.


Tengo un Amor,

y aún no he visto los límites de su generosidad.

Se esfuerza por lograr lo mejor y sueña con llegar más allá.

Siempre está dispuesto a comprender, a explorar. Vive el presente y diseña un futuro aún más brillante, que construye con cada paso que da.

Sus pensamientos son faro, su respaldo un puerto seguro, sus brazos un navío firme, sus sentimientos un ancla poderosa.


Tengo un Amor,

y él tiene acceso a todos los mapas, sabiendo descifrar sus misterios y secretos.

Gestiona la vida con el corazón en la mano y con una brújula por corazón, así que perderse no es una alternativa y descubrir se convierte en una realidad cotidiana.

Él mira al sol a la cara, estrecha manos con el viento, le gana partidas al mar y planea rutas nuevas con caminos y carreteras.

Su meta en la vida es amar y ser amado, ser honesto y feliz, aportando honestidad y felicidad a los que lo rodean.


Tengo un Amor,

y él es un regalo para mí.

En su día especial quiero desearle salud, dicha y serenidad.

Merece lo mejor y deseo de corazón que cada año siga logrando más y más de todo eso.

Feliz cumpleaños, mi Amor.

Otro año juntos, uno más de todos los que quedan por llegar ♥


10
Oct.
2012
0
com.

La antesala de la vida o de la muerte

 

Todos en aquella sala esperamos con el corazón en la garganta y los ojos hinchados por el llanto. Esperar duele y los minutos son eternos. La luz del sol también duele y el calor y el ruido de las sirenas y las voces de la gente. ¿Por qué no se hace el silencio de una vez? ¿Por qué no se para el tiempo para poder rebobinar y evitar estar allí esa mañana? ¿Qué hicimos o qué dejamos de hacer? ¿Qué pudimos haber hecho de manera diferente? ¿Qué hemos dejado pendiente? ¿Qué va a pasar ahora? Porque muchos de los que allí estamos sabemos ya las noticias que nos llevaremos a cuestas cuando salgamos. Es sólo cuestión de tiempo. Maldito tiempo, implacable verdugo...

Cuando finalmente salen a hablar con nosotros nos invitan a pasar dentro, a un diminuto y silencioso despacho. No quieren darnos la terrible noticia en aquella sala tan blanca y aséptica, delante de todos los que siguen esperándolos, evitándoles así asistir a nuestro dolor ya inevitable y dándonos un espacio de intimidad para asimilar el golpe.

Son amables, cuidadosos, demuestran tacto y respeto pero haciendo gala a la vez de una claridad y un pragmatismo asombrosos. Y nosotros, hechos una piña, nos tragamos el rollizo sapo y nos vamos a casa como almas en pena, desubicados, sabiendo que tenemos por delante una digestión larga, intensa y muy pesada.

En la calle, para la gran mayoría de la gente, sigue siendo verano y hay feria y la ciudad está de vacaciones. Desde la ventanilla del coche veo la vida y los colores de la alegría y no logro asimilar cómo es posible que tantas personas estén disfrutando cuando otras están padeciendo en ese preciso instante. Ésa es la delgada línea en la que nos movemos continuamente. Ése es el ciclo de la vida y la rutina de la naturaleza.

Ahora, cada vez que celebro, que disfruto, que me divierto, lanzo un pensamiento de amor y compasión hacia todas esas almas que esperan en todas las antesalas del mundo, deseando que mi alegría les toque de alguna manera para que se sientan acompañados, o para ayudarlos a hacer su carga más llevadera o menos pesada. Desde mi corazón les digo que el dolor va a llegar para quedarse una temporada larga pero que sólo está de paso si ellos quieren, que cualquier día se sorprenderán brindando como yo por los que se fueron para estar con nosotros de otra manera. Brindaremos por ellos y por el camino que hemos recorrido desde su marcha y juntos, de nuevo, lanzaremos pensamientos amorosos y compasivos a otras almas que siempre, cada minuto, están habitando esa dolorosa espera…

 

26
Sep.
2012
4
com.

Cuestión de espíritu

Algunas personas evitan o rechazan el término ‘espiritualidad’ y me pregunto si la razón es que lo conectan con algún tipo de perspectiva religiosa inapropiada para ellos o porque no se ven a sí mismos como seres espirituales en absoluto. Es cierto también que no todos nosotros construimos nuestra realidad con los mismos conceptos. Por ejemplo: mi Abuela no sabe nada de Twitter, sushi, tarjetas de embarque, yoga, música indie o películas en versión original. Estas realidades no son parte de su mundo y posiblemente nunca lo serán ya (a no ser que la fuerce a entrar en ellas, lo cual es totalmente absurdo). Así que es posible que ese lado espiritual de la vida tenga nada o muy poco espacio en la vida de estas personas. Y está bien así.


¿Qué es el espíritu al fin y al cabo? Yo pienso, que entre aquellos que utilizamos el término, todos tenemos nuestra propia definición. Para mí el espíritu tiene que ver con el ser más genuino, con la auténtica persona que se encuentra detrás y debajo de todas las demás capas. El espíritu tiene por tanto relación con el alma, la expresión más profunda de la personalidad y la energía de alguien, un aura de vibraciones que comunica información esencial sobre esa persona. Podemos verlo como algo extraño o paranormal incluso pero de hecho podemos sentirlo, queramos o no admitirlo.


Así que vamos a aceptar, al menos durante el tiempo que te va a llevar leer este post, que el espíritu existe y que nuestro ser espiritual es algo real incluso a pesar de su invisibilidad. Teniendo esto en cuenta y de acuerdo con fuentes hindúes, la espiritualidad está basada en 4 leyes principales (para aquellos interesados en la cultura hindi podéis seguir Arise India Forum, sólo en inglés):


1- ‘La persona que llega a nuestra vida es siempre la persona correcta’.

No existen las coincidencias y quien entra en nuestra vida lo hace por una razón, para enseñarnos algo que es importante para nuestra experiencia vital y para nuestro desarrollo. Hay otra idea conectando con ésta: ‘las personas entran en nuestra vida por una razón, durante una estación o para siempre’. Incluso las que se quedan por un corto periodo de tiempo tienen su razón de ser y debemos honrar y aceptar el aprendizaje que nos traen consigo.


2- ‘Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido’.

No hay lugar para pensamientos del tipo: ‘si no hubiese atendido esa llamada telefónica habría salido 10 minutos antes y por tanto no me habría visto envuelto en ese accidente de tráfico’. Cada cosa que nos sucede tiene que suceder así. Algunos pueden llamarlo ‘destino’ y muchos pueden estar en contra de este término (de nuevo, la historia se repite, la resistencia), pero de acuerdo con esta ley, el personaje que interpreta Gwyneth Paltrow en Dos vidas en un instante no tenía tampoco opción, incluso si su mente se negase a aceptarlo.


3- ‘En cualquier momento en el que algo comience, es el momento correcto’.

Ni antes ni después, siempre en el momento preciso cuando estamos preparados para ello. Así que cuando decimos que algo nos está llevando mucho tiempo, que vamos muy despacio, que somos lentos o que no estamos obteniendo los resultados que esperábamos a esas alturas, estamos de hecho renegando de esta ley. Todo es perfecto como es y no tenía que haber sucedido de ninguna otra manera (y esto me hace pensar en dos conversaciones que he mantenido recientemente con dos queridos amigos y colegas. Sr Nutini, simplemente déjalo ser, amigo, todo está bien como está y vas muy bien; y @logropersonal, enhorabuena por todos los progresos; estás llegando a donde tienes que llegar a tu ritmo, que es el mejor ritmo para ti).


4- ‘Cuando algo termina, simplemente termina’.

Y cuando lo hace deja espacio y energía para algo nuevo. Nuestro papel es dejar ir para permitir la entrada de lo nuevo. El concepto budista de ‘desapego’ conduce a la libertad individual y a la paz mental, entre otras cosas porque en la mayoría de las ocasiones no está en nuestras manos el controlar cuándo llega el fin de cada cosa. Dalai Lama dice que “el apego es el origen y la raíz del sufrimiento, por tanto, es la causa misma del sufrimiento”. Se trata de aceptar en lugar de luchar en contra, de fluir en lugar de reaccionar ante los movimientos de la vida. Nada dura para siempre. Todo está expuesto al cambio constante.

Estas 4 leyes tienen muchísimo sentido para mí y puedo aplicarlas al análisis de cualquier ejemplo que tome de mi vida. En realidad no se trata de diferenciar entre religiones porque la espiritualidad real puede ser cristiana, budista, musulmana o atea. Podemos ver y sentir un espíritu verdadero, e incluso uno falso, detrás de cada una de esas etiquetas. Jesucristo y Buda comparten el mismo espíritu y todos podemos vivir juntos como uno. Todo está bien así. Es simplemente cuestión de ser y dejar ser.

 


 

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