Auto- conocimiento

23
Ene.
2013
2
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Viajeros en el tiempo

En junio de 2011 salía encantada del cine con mi amiga Ana después de visionar Midnight in Paris. Hace unos días volvía a verla, esta vez sola, y mi entusiasmo e ilusión fueron prácticamente los mismos. Dos años y medio atrás dejaba el cine envuelta en una bruma de ensueño, sintiéndome risueña, optimista, creativa, sintiéndome realmente bien y por supuesto, con unas ganas locas de conocer París.
09
Ene.
2013
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Cuando sea mayor

Hablo con gente, veo, escucho, leo, reflexiono sobre mí misma y la observación de todos estos fenómenos me lleva a afirmar que muchísimas personas quieren llegar a viejos pero, sin embargo, son pocos los que verdaderamente están dispuestos a abrazar el cumplir años.
19
Dic.
2012
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Llora, mi niña, llora

Ayer tuve una clase fabulosa de yoga al aire libre, en mitad de un jardín precioso, bajo el sol. Después fuimos el grupo a pegarnos un festín asiático y finalmente nos despedimos hasta el Año Nuevo deseándonos lo mejor para las fiestas navideñas. Hacía un día luminoso y cálido y me sentía plenamente feliz.
12
Dic.
2012
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Polvo de estrellas

Este post está disponible en la red desde el miércoles 12/12/12. No creo en el apocalíptico fin del mundo ni tampoco en la posibilidad de que un asteroide de extraño nombre impacte en nuestro querido planeta Tierra en esta fecha en concreto. Simplemente me resulta curioso lo redondo de esa fecha y que el número 12 sea en sí un número tan interesante y útil.
05
Dic.
2012
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El Abuelo

El Abuelo era un hombre fuerte y autoritario, de piel recia y ojos despiertos. Impaciente, generoso, enérgico. Le gustaba hablar alto y claro, sentenciando, para eso había sobrevivido a una guerra y vaya si sabía lo que decía.
28
Nov.
2012
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Dándonos una oportunidad

Hace unos días leía una noticia en la prensa en la que se afirmaba que la crisis de los 50 es una herencia de nuestros parientes cercanos los monos. Según indican investigaciones recientes, los primates también parecen padecerla en silencio (gracias a mi amigo Fernando, coleccionista de extrañas gemas y arqueólogo de rarezas, por compartir conmigo estos destellos que nos dan para tanto a veces).
21
Nov.
2012
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En busca de la perfección

Así que aquí estamos nosotros, los seres humanos, siempre esforzándonos por lograr un mejor trabajo/relación/hogar/coche/dieta/cuerpo/estilo de vida… Deseando convertirnos en alguien más sofisticado/más atractivo/más fuerte/más sabio/más acaudalado/más poderoso… Creyendo que nunca es suficiente porque nada es suficiente, nuestro mundo entero no es suficiente ya que siempre hay algo mayor/más grande/más emocionante que conseguir.

19
Sep.
2012
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Tú y el espejo

Yo de niña quería ser escritora, profesora y/o artista como Madonna (y tenía que ser como Madonna y no como nadie más, porque para mí Madonna estaba en lo más alto del podium. Ella podía cantar, bailar, marcar tendencia, sorprender a audiencias, mover multitudes, conectar, ser apasionada y disfrutar con su trabajo. Así la veía yo y todavía hoy la sigo y la admiro).

Mis sueños no tenían límites. Podría escribir increíbles historias sobre niños creativos y valientes que se enrolaban en todo tipo de fabulosas aventuras, y otros niños y jóvenes de todo el globo leerían mis libros y se engancharían como yo lo hacía con los libros que leía por aquel entonces. Convertirme en profesora era una elección más terrenal y práctica, movida por los amorosos y entregados ejemplos (no demasiados debo decir, al menos dos seguro) que encontré en la guardería y en el colegio.

Fui creciendo y entonces empecé a sentir esa desagradable sensación, estoy segura que sabes a qué me refiero: jamás me convertiría en ninguna de esas cosas con las que soñaba. Estaban totalmente fuera de mi alcance, a un millón de años luz, disponibles sólo en reinos muy lejanos que yo ni siquiera podía visitar y a disposición de personas con mucho talento que además se dedicaban a ello desde muy jóvenes. Yo había malgastado ya demasiado tiempo, era tarde para mí y muy difícil. Imposible.

A no ser que me convirtiera en profesora, claro… Eso sí podía hacerlo. Podría enseñar mi asignatura favorita (literatura, por supuesto) a la gente más joven, y compartir con ellos mi entusiasmo por la poesía, las metáforas y el idioma como herramienta de comunicación. Así que seguí creciendo y con el tiempo llegué a comprender cómo funcionaba el sistema y qué tenía que hacer para dedicarme a la enseñanza. Mi gozo en un pozo puesto que no me gustó nada lo que descubrí y ya era tarde para imitar a Madonna. Además, Madonna ya había una y era única, así qué, ¿de qué iba a servir? ¿Y qué podía hacer yo? ¿A qué me iba a dedicar? ¿Iba a convertirme en escritora? ¡Menuda idea tonta! ¿Quién iba a querer publicar un libro escrito por mí, primero, y lo que es más importante aún, quién iba a querer comprarlo y leerlo luego?

Oh, oh… Estaba metida en un lío. ¿Qué iba a hacer con mi vida? ¿Cómo iba a encontrar una salida? El tiempo pasaba y yo estaba perdida.

El día que me di cuenta de que en realidad yo podía ganarme la vida de cualquier manera sentí un gran alivio. Era razonablemente inteligente, tenía una carrera, podía hablar (aunque no demasiado bien por aquel entonces) un segundo idioma y el mundo era más amplio que mi ciudad, mi región, mi país. Podía viajar y encontrar un trabajo haciendo lo que fuese. Y ahí fue donde perdí mi brújula.

Puedo hacer lo que sea, casi, sí. Pero, ¿quiero? Porque cuando miro atrás ahora me doy cuenta de que seguir otras brújulas en lugar de la mía hizo que dejase a mi propósito atrás. ¿Qué pasó con esos sueños de mi infancia? ¿Cómo pasaron de  relucientes fantasías a ideas tontas? ¿Cómo era posible, cuando me habían hecho sentir tan bien y tan llena de vida cuando era pequeña? Nada que ver con cómo me sentía ahora. Pero claro, esto, ese ahora, era el ‘mundo real’. Y la niñez entonces, ¿qué fue? ¿Una mentira?

He trabajado para otros en muchas ocasiones. He tenido trabajos diferentes desarrollando roles distintos. A veces he disfrutado mi trabajo y otras lo he aborrecido intensamente. He conocido a algunos profesionales alucinantes y también a gentes que no merecían la pena en absoluto. He aprendido mucho de todos ellos pero debo confesar que entonces mi único propósito era ganarme la vida, recibir mi sueldo a final de mes para pagar las facturas y comprarme libros nuevos, ropa nueva, billetes de avión y cenas fuera de casa. Y todo eso estaba bien hasta que pasó a no ser suficiente. Nadie me enseño nunca lo valioso y satisfactorio que es vivir con un propósito. Nunca aprendí acerca de mis talentos, cómo descubrirlos, escucharlos, desarrollarlos o seguirlos.

Ese sentimiento de malestar no apareció de la noche a la mañana. La verdad es que estuvo ahí todo el tiempo, desde el principio. Siempre había algo muy dentro de mí que apuntaba al lado oscuro, y me decía: ‘¿Para qué todo esto? ¿Qué diferencia marco yo en el mundo haciendo esto que hago? ¿Qué valor tiene este trabajo que desarrollo?’. Sin embargo elegía no encontrar respuestas y decidía enterrar las preguntas en lo profundo. Al fin y al cabo, ¿cómo podía ser tan ingrata? Tenía veintitantos años; había tenido la suerte de acceder a una buena educación; me las había arreglado para encontrar un buen trabajo en una buena empresa que me pagaba un buen sueldo que me permitía vivir una buena vida. ¿Dónde estaba el problema? ¿Qué es lo que me pasaba a mí? ¿A qué venía ese inconformismo constante, esa sensación de vacio?

La farsa no duró mucho, puesto que ese incómodo malestar seguía haciéndose más y más grande, ocupando más espacio dentro de mí. Ya no importaba lo que otros pudiesen pensar. Yo me sentía fatal y todo apuntaba a la misma dirección así que tenía que redefinir mi ruta y empezar de cero de nuevo.

Estoy orgullosa de decir que ahora soy coach profesional (y esto lo he logrado no sólo gracias a mis esfuerzos y compromiso sino también gracias al apoyo de mi querida familia y su amor incondicional; y a la confianza de mis maravillosos y especialísimos amigos; y por supuesto, gracias a los ánimos y a la fe constante que mi magnífico compañero tiene en mí, estando siempre ahí, creyendo en mis ideas y proyectos. ¡Os quiero tanto a todos! No podría hacerlo sin vosotros).

¿Has sentido tú esa incómoda sensación en tu fuero interno, desde lo más profundo de tu corazón? ¿La escuchas? ¿La honras? ¿Tienes una brújula? ¿La sigues?

Cuando no reconocemos ninguna de la señales y nos empeñamos en alcanzar las metas equivocadas, otras áreas de nuestra vida comienzan a perder forma o brillo. Hay cosas que empiezan a fallar. Entonces tendemos a enfocarnos en el síntoma y en alcanzar un arreglo rápido, sin darnos cuenta de que la clave de todo está más profunda, en las raíces. Ahí es donde tenemos que acudir, no para arreglar nada sino para nutrir y darle cariño y atención a esas raíces.

Si escuchamos con atención, de verdad, con paciencia y con tiempo por delante, entonces sabremos qué hacer y cómo hacerlo. Como lo hacíamos cuando éramos niños. Los niños saben porque no están corrompidos con ideas racionales y esquemas prácticos. Ellos simplemente sienten y se dejan llevar por sus emociones.

Descubrir tu propósito te llevará a ser más feliz porque le encontrarás una razón auténtica a tu existencia. Ese objetivo dirigirá tus pasos y cada elección que tomes te acercará a tus sueños. Y eso es ya tan bueno como vivirlos.

Permíteme que te proponga un ejercicio y date una oportunidad, por favor, hazlo: dedícate unos minutos y ponte de pie frente a un espejo. Mueve tu mano hacia adelante como si fueses a quitarle algo a tu imagen en el espejo. Como es de esperar, la imagen hace lo propio y también intenta coger algo tuyo. Así es como experimentamos la carencia en nuestra vida, porque insistimos en quitarnos cosas a nosotros mismos y a los demás. Ahora, sin embargo, en lugar de coger vas a darle algo a ese reflejo en el espejo: un objeto, un beso, una sonrisa… Lo que sea, no importa. Y por supuesto, tu reflejo también tiene un regalo para ti ahora, ¿verdad? Tan simple y tan grande a la vez, ¿no te parece?

Descubrí esta poderosísima metáfora en un maravilloso libro-proceso que será parte de mi trayectoria vital por siempre (gracias a Mar, mi profesora de yoga durante los últimos 3 años, por compartir con nosotros un regalo tan increíble). ¿Para qué quitarme cosas en lugar de dármelas? ‘Dar incondicionalmente es recibir’, dice el autor en su libro.

Hoy, de una u otra manera, soy profesora, porque comparto con otros mis experiencias y lo poco que sé. También soy escritora: he escrito todo esto que estás leyendo (en dos idiomas además) y ¡hay mucho más por venir! Ya no quiero ser una estrella del pop pero sí aunar la pasión y el entusiasmo que Madonna transmite a sus fans, para poder así conectar con mi propia audiencia. Hasta canto más (y a mi maravilloso novio le encanta así que eso es todo lo que necesito) y las clases de baile están encabezando la lista de inversiones para mi futuro a corto plazo. Todo lo que quiero llegará. Es sólo cuestión de tiempo. Sólo tengo que vivir mi propósito y seguir a mi brújula. Lo voy a conseguir, ya lo verás ;-)

(P.D.: El corazón de piedra naranja que aparece en la imagen es para mí un anclaje de amor. Fue un regalo de mis queridos amigos Rocío y Manolo para los que los acompañamos el día de su boda. ¡Tan hermoso!

Siempre me ha encantado Michael Jackson, tanto como Madonna, y su ‘Hombre en el espejo’ es y será siempre un himno para mí. Disfrútala y deja que tus emociones fluyan).



 

29
Ago.
2012
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Sobre la amabilidad

 

Piensa en ello un instante. En realidad no hay necesidad de herir a nadie de ninguna manera. Ser amable es lo más importante para el ser humano. ¡Ý además es gratis! Ya esté haciendo una denuncia, manteniendo una discusión, presentando una queja formal, expresando mi opinión en contra de la de otros, entrenando a alguien en una materia nueva o defendiendo una idea, yo siempre puedo elegir la amabilidad por encima de cualquier otra actitud como podría ser la arrogancia, el enfado, la irritación, la crudeza o el orgullo.

Me resulta difícil comprender cómo algunas personas todavía sienten que siendo abruptos, incisivos o demoledores con los demás llegarán más lejos o conseguirán ser más eficientes. ¿Cómo es posible? En este sentido el fin nunca justifica los medios.

¿Te has sentido alguna vez presionado, tratado de un modo injusto, avergonzado por las palabras de otro o herido por la manera en la que alguien te habló o habló de ti? ¿Te ayudaron de alguna manera mediante esas acciones? ¿Te has portado tú así con alguien? ¿Qué sentiste después de haberlo hecho?

Yo solía ser impaciente y bastante ruda en mi manera de dirigirme a algunas personas y ahora, cuando pienso en ello, me doy cuenta de que mostrando ese comportamiento siempre me quedaba con cierto sentimiento de orgullo tal vez, sí, por haberme salido con la mía o haber ganado el caso, pero a la vez siempre me quedaba cierto regusto amargo en lo más profundo de mi ser. Y además de mis propias sensaciones estaban los sentimientos de la otra persona también. A menudo no los consideraba pero cuando lo hacía me preguntaba a mí misma: ‘¿Ha merecido la pena? ¿Podría haberlo hecho de un modo más agradable?’

Hoy sé que solo a través del tacto, la gentileza, el amor, la atención y el cuidado pueden lucir en todo su esplendor las flores más maravillosas. Puedes pedirle consejo al jardinero fiel y luego experimentarlo tú mismo: actuar con amabilidad y comprobar en tus emociones los resultados, prestando atención también a los sentimientos de las personas implicadas.

Trabajé con alguien una vez que me enseñó mucho del ser humano, aunque no de un modo constructivo sino a través de ansiedad y estrés. Esta persona me dijo en un momento determinado que nosotros estábamos allí para ser temidos, y por tanto, respetados. Para mí el respeto jamás ha sido una consecuencia del miedo sino fruto de la tolerancia y del amor. No estoy en este mundo para ser temida por nadie ni por nada. Mi objetivo es ser amada y dar amor. Muchos dicen que ellos también pero realmente no saben lo que eso significa, porque reaccionan ante las situaciones, atacan con palabras afiladas y escuchan a los demás desde su mente en lugar de hacerlo desde su corazón y su alma. Lo sé porque lo siento, porque yo lo he hecho, porque me veo reflejada en esos comportamientos.

Simplemente digo que seamos amables y que luego recojamos los frutos. Seguro que serán mucho más jugosos y sin lugar a dudas, más dulces también.

 

22
Ago.
2012
2
com.

La niña que hay en mí

En algún momento de 2006, cuando sentía el dolor y el miedo afilados y profundos, tuve una necesidad imperiosa de ver a mi alrededor fotografías de cuando era pequeña, imágenes de ese otro yo que era feliz, que reía y disfrutaba de la vida. Así que elegí algunas de entre los álbumes de casa de mi padres, hice copias, compré portarretratos y los coloqué cuidadosamente en mi habitación y en mi sala de estar.

Una de ellas es un primer plano de mi carita de 4 años. Tan cerca estoy del objetivo que la imagen aparece ligeramente borrosa, luciendo una sonrisa amplia y luminosa. Coloqué esa foto en la mesita de noche junto a mi cama para poder verla cuando me iba a dormir, cuando me despertaba a deshoras sin poder conciliar el sueño, cuando amanecía por las mañanas. Mirar a esa niña, centrarme en esa sonrisa enorme y abierta me hacía sentir alivio y también conseguía además aplacar el dolor que sentía por dentro. No podía reconocerme en aquellos ojos, en la cara ni en la sonrisa. ¡Me sentía tan lejos de aquella niña! A años luz de esa alegría de vivir… Pero sin embargo me repetía a mí misma sin cesar: ‘Yo soy esa niña, por tanto, ella está dentro de mí. Si una vez pude ser feliz y dichosa entonces puedo recuperar esas emociones. Puedo sentirme feliz y dichosa de nuevo. Sólo tengo que aferrarme a esa niña. Ella es mi esperanza y mi salvavidas. Saldré de todo esto con su ayuda’.

Esos pensamientos se sucedieron de un modo natural a través de espontáneas certezas y genuinas conversaciones que tenía conmigo misma.

Y para completar las fotografías comencé también a conectar con aquella niña de otras maneras. Empleé tiempo y dedicación a recuperar recuerdos de aquellos tiempos: lo que le gustaba hacer, lo que la emocionaba, los sentimientos que la movían. Rescaté su antigua colección de libros de Gloria Fuertes y releí aquellos poemas surrealistas disfrutando de las alegres ilustraciones, sintiendo las sensaciones de fantasías y sueños de libertad que ella tenía.

Me bañaba en la orilla del mar, caminando con las manos por la arena, construyendo castillos, pasando tiempo en la playa, donde ella solía disfrutar tanto. Sentí que quería jugar más así que desempolvé mi bicicleta y me acordé también de aquel hula-hoop que ella podía mantener dando vueltas minutos y minutos, así que me hice con uno enorme de un amarillo brillante. Me puse sus pequeños aros de oro y me compré algunas divertidas diademas para el pelo. Empecé a mirar más a las flores, a las plantas, a los árboles y a los animales. Comencé a hablarles, admirando sus formas y colores, deseándoles un feliz día. Miraba a los niños y a los bebés con unos ojos diferentes, reconociéndome en ellos. Era increíble sentir cómo me sonreían y disfrutar de las muecas que me regalaban. ¡Comunicación en estado puro! ¡Tan mágica y tan auténtica!

Era muy fácil hablar con aquella niña, preguntarle qué tenía que hacer yo, qué camino debía tomar. Mi niña parecía tener siempre la respuesta correcta y cuando no la tenía, me ofrecía una amplia gama de opciones entre las que elegir, de manera que las respuestas a mis preguntas siempre yacían en algún lugar entre aquella paleta de posibilidades que ponía a mi disposición.

Ella lloraba cuando quería sin sentir vergüenza alguna. Abrazaba y besaba, saltaba y cantaba cuando le apetecía. Sentía quién no era su tipo y se apartaba de esas energías oscuras. Se disfrazaba por diversión y hacía tonterías simplemente porque podía y porque así lo sentía. Le encantaba leer, escribir, dibujar, bailar y cantar, nadar y montar en bici enredándose en un sinfín de aventuras.

Poco a poco y con paso seguro esa niña de 4 años me ayudó a salir de la oscuridad para adentrarme en un mundo de color. No es que depositase toda la responsabilidad en ella pero la verdad es que fue ella la que hizo la mayor parte del trabajo. ¡Tanto fue lo que hizo por mí en aquellos momentos difíciles!

Después, con el tiempo, he leído y escuchado en muchos lugares afirmaciones del tipo: ‘las soluciones yacen en tu interior; el potencial está ahí latente, en ti…’. Y ahora sé que eso es cierto. Yo tengo las soluciones. Yo sé el por qué y el cómo. Sólo necesito conectarme con mi yo interior, con la niña que fui y que todavía soy. Ella nunca se marchó. Está siempre aquí, conmigo, y no se va a ninguna parte, nunca, ni yo voy a desatenderla nunca más. Voy a cuidarla, a quererla mucho y profundamente, voy a escucharla y a tenerla en cuenta siempre. Esa niña es mi brújula ahora, ella sabe y estoy convencida de que apunta en la dirección correcta. Las brújulas siempre lo hacen, ¿verdad?

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