19
Dic.
2012
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Llora, mi niña, llora

Ayer tuve una clase fabulosa de yoga al aire libre, en mitad de un jardín precioso, bajo el sol. Después fuimos el grupo a pegarnos un festín asiático y finalmente nos despedimos hasta el Año Nuevo deseándonos lo mejor para las fiestas navideñas. Hacía un día luminoso y cálido y me sentía plenamente feliz.
12
Dic.
2012
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Polvo de estrellas

Este post está disponible en la red desde el miércoles 12/12/12. No creo en el apocalíptico fin del mundo ni tampoco en la posibilidad de que un asteroide de extraño nombre impacte en nuestro querido planeta Tierra en esta fecha en concreto. Simplemente me resulta curioso lo redondo de esa fecha y que el número 12 sea en sí un número tan interesante y útil.
05
Dic.
2012
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El Abuelo

El Abuelo era un hombre fuerte y autoritario, de piel recia y ojos despiertos. Impaciente, generoso, enérgico. Le gustaba hablar alto y claro, sentenciando, para eso había sobrevivido a una guerra y vaya si sabía lo que decía.
28
Nov.
2012
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Dándonos una oportunidad

Hace unos días leía una noticia en la prensa en la que se afirmaba que la crisis de los 50 es una herencia de nuestros parientes cercanos los monos. Según indican investigaciones recientes, los primates también parecen padecerla en silencio (gracias a mi amigo Fernando, coleccionista de extrañas gemas y arqueólogo de rarezas, por compartir conmigo estos destellos que nos dan para tanto a veces).
21
Nov.
2012
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En busca de la perfección

Así que aquí estamos nosotros, los seres humanos, siempre esforzándonos por lograr un mejor trabajo/relación/hogar/coche/dieta/cuerpo/estilo de vida… Deseando convertirnos en alguien más sofisticado/más atractivo/más fuerte/más sabio/más acaudalado/más poderoso… Creyendo que nunca es suficiente porque nada es suficiente, nuestro mundo entero no es suficiente ya que siempre hay algo mayor/más grande/más emocionante que conseguir.

14
Nov.
2012
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Comprometidos

 

Hay realidades que no pasan de moda y que de hecho mueven el mundo. Aquellas que tienen sus raíces en lo profundo del alma humana, en la emoción, en el sentimiento, en el órgano motor: el corazón. Lo que se hace con y desde el corazón, desde la emoción, perdura en el tiempo, se mantiene, se hace fuerte hasta en tiempos de crisis y da frutos jugosos y no perecederos.

Tengo una gran amiga de hace muchos años. Ella está casada, con dos hijas preciosas. Está entregada a la crianza de sus niñas y al cuidado de su hogar y de su marido. Es una madre atenta y amorosa, excelente ama de casa y amante compañera de su esposo. Esta amiga me dijo un día que ella entiende a la pareja como una empresa y cuanto más lo pienso más me gusta la idea: pareja = empresa. Reparto de roles, funciones y tareas; responsabilidades compartidas y acordadas; comunicación eficaz, efectiva y constante; toma de decisiones y resolución de conflictos en común; respeto y dedicación; creatividad y entrega; amor y devoción.

Demasiados empresarios han sacrificado el bienestar de sus trabajadores por el beneficio económico. Los gobiernos se esfuerzan por hacernos creer, mediante rebuscadas perífrasis y juegos lingüísticos, que trabajan por el logro de ese bienestar cuando en realidad sus acciones se enfocan a lo contrario. No miran por el bien común sino que se centran en el beneficio individual o en el beneficio de unos pocos, muy pocos y muy poderosos. Y hay excepciones, por supuesto, aunque para el propósito de hoy me es útil quedarme con la extensa generalidad.

Los padres, por naturaleza, velan por el bienestar de sus hijos, muchos incluso hasta después de que sus hijos se valgan por sí mismos. Los padres, por norma general, no escatiman en cuidados, no reducen el número de atenciones. No son tacaños ni exprimen a sus vástagos, sino que se ocupan de ellos, los apoyan, están presentes, les dejan espacio y, con esfuerzo a veces, confían en ellos y en sus posibilidades. Por supuesto que hay excepciones aquí también, con efectos terribles en ocasiones, simplemente tristes en otras.

Pero dejando las excepciones a un lado, me pregunto si las empresas en general serían más respetuosas, rentables y por tanto más exitosas al adoptar ese prisma familiar y de la misma manera, si las parejas y las familias ganarían en productividad, crecimiento y proyección al mirarse a sí mismas como una suerte de modelo empresarial. Más corazón y sentimiento en la empresa, más creatividad y paciencia en la pareja. Al fin y al cabo entiendo que ambas realidades pueden contar con ciertos factores comunes aglutinadores: el amor, el compromiso, la dedicación y el deseo de construir un futuro en común, porque tanto en un lado como en otro se necesita de la unión para ser y para crecer.

Muchas de las parejas y familias que conozco de cerca ya son sin duda emprendedores de éxito, con un futuro prometedor y fértil por delante. El brillo de sus ojos, sus sonrisas, la ilusión y la fe en su proyecto así lo atestiguan y no hay crisis ni fluctuaciones de mercados que puedan hacer tambalear eso. Ya se ocupan ellos de reinventar la economía familiar, el CV o el calendario de vacaciones cuando la coyuntura se complica. Mientras la llama del amor siga viva y ardiendo, su proyecto seguirá creciendo y se hará inmenso e inabarcable. Las dificultades vendrán pero si ellos siguen reconociéndose el uno en el otro y recordando ese propósito que los unió un día, la magia de la vida continuará haciendo su trabajo.

Sería bonito que gobiernos y empresas volviesen la mirada al amor y a los valores de la familia para que los proyectos de todos cotizaran al alza y se tratase sólo de gestionar la sociedad común desde la raíz hidratada y profunda del amor. Ahí es donde reside el talento y el futuro.

 

07
Nov.
2012
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Sky falling

A veces hay canciones, libros, películas que se comunican conmigo de un modo muy especial. Su atmósfera, el ambiente, la forma en la que se expresan y se mueven los personajes junto con lo que hacen me habla de las profundidades humanas, de sus emociones y miedos y de conexiones con la realidad. Es una sensación muy personal que me llena de profunda satisfacción ya que logro comprender la vida a través de ellos. Me enseñan cómo acceder al interior y lo hacen desde una perspectiva completamente diferente a la mía, de manera que su visión enriquece mi percepción y me ayuda a entender haciendo conexiones, llevando mi razonamiento un paso más allá.

Cuando hablo de música podría mencionar los envolventes sonidos trip-hop creados por Massiva Attack o la sofisticada nube pop en las letras de Sidonie. Entre los libros algunos de mis más queridos son Siddharta de Herman Hess o El filo de la navaja de Somerset Maugham. Si pienso en autores, Julio Cortázar, Haruki Murakami, Philip Roth y Paul Auster son los primeros en venirme a la mente. Cuando me centro en personajes de película allí están Escarlata O’Hara y Rhett Butler, Holly Golightly, Rick Deckard, Michael Corleone o Harry Lime, brillando, algunos de ellos envueltos en un aura muy oscura. Si recuerdo piezas del cine clásico podría incluir todas las películas en las que los personajes anteriores revelan su esencia y añadiría además Casablanca, Marnie la ladrona, Al este del Edén o La gata sobre el tejado de cinc caliente. Del cine contemporáneo he disfrutado especialmente Sospechosos habituales, Eyes wide shut, Lost in translation, Origen, El árbol de la vida, Midnight in Paris, El caballero oscuro y ahora también el último episodio de la saga de James Bond: Skyfall.

No me considero una fan incondicional de Bond pero tengo que reconocer que me gusta el elegante y encantador descaro del mundialmente conocido agente secreto con licencia para matar. Sin embargo, en mi opinión, desde que Daniel Craig se subió a bordo, el personaje ha crecido tremendamente y se ha hecho mucho más humano.

Si no has visto la película pero esperas verla, tal vez te gustaría dejar de leer aquí, ya que parte de la trama podría ser revelada. Avisado quedas.

A través del trabajo de Craig he visto a un James que ha experimentado el amor verdadero y que se ha sentido profundamente herido. Un empleado esforzándose por lograr su mejor rendimiento, decepcionado por sus superiores a veces pero siempre fiel a su jefa y a su país. Un adulto abierto a lo último pero conectado a la sutil belleza de la tradición. Un hombre que sufre y se ahoga en la soledad y el dolor, un amigo que presta su apoyo y también un niño que aprende desde muy pequeño lo que significa estar solo, encontrando un modo diferente de encajar y de ser querido.

Silva (o Tiago Rodríguez, como averiguamos al avanzar la película) es el personaje interpretado maravillosamente por nuestro brillante Javier Bardem. Él es el malvado, el ser pérfido, que en un par de ocasiones me recuerda incluso a Haníbal Lecter y en un momento casi al final de la película me trae a la mente al Teniente Coronel Bill Kilgore de Apocalipsis Now. Él es un ex agente desilusionado, amargo por dentro, que traicionó los principios por los que se regía y se sintió también traicionado por la persona que más quería, convirtiéndose en un poderoso y extremadamente inteligente mercenario que vende sus servicios al mejor postor y cuyo objetivo es vengarse de esa persona que siente que le defraudó.

Esa persona es una mujer mayor y altamente cualificada, con más que probada experiencia en su campo. Responde a la inicial ‘M’ y creo que nunca hemos sabido su nombre real (si me equivoco, por favor, iluminadme). Sin embargo, esa ‘M’ aislada cobra todo el sentido gracias a la aparición de Silva, pues su alma torturada y su experiencia vital lo llevan a llamarla ‘Madre’ en diferentes ocasiones. De manera que para él ‘M’ es la Madre a la que se ha sentido y aún se siente unido, esa persona a la que siempre quiso complacer convirtiéndose incluso en algún momento en ‘su favorito’. Pero M sabe cómo anclarse en lo estrictamente profesional y Silva cruzó un línea que ninguno de sus efectivos debe cruzar. Así que sus equivocadas elecciones lo convirtieron en el enemigo en la sombra y ella se centra ahora en el que es su mejor agente, un hombre al que conoce mejor que nadie, alguien en quien puede confiar plenamente y a quien puede ver incluso detrás de ese muro de acero que proyecta.

Esta mujer no se rinde, se esfuerza por alcanzar un trabajo bien hecho, sirviendo a su propósito vital hasta el final. Por eso elige no jubilarse cuando se lo ofrecen. Su objetivo es alcanzar las metas que se había propuesto incluso por encima de las dificultades que puedan presentarse. Me gustó especialmente el discurso que pronuncia en su propia defensa frente a los miembros del gobierno y el poema de Tennyson que cita (puedes ver abajo el extracto que ella recita y que coincide justamente con el final del poema). Parafraseando lo que creo recordar que dice: “nuestros enemigos ahora aparecen de entre las sombras, personificando la oscuridad; pregúntense de qué tienen miedo y qué les hace sentirse seguros…”. Yo encuentro es esas palabras una magnífica alegoría.

Me encanta el vínculo tan especial que une a M y a 007, la montaña rusa de giros, comentarios irónicos y sentimientos que fluyen entre los dos personajes durante toda la película.

En ella hay espacio para valores como el compromiso, la lealtad, el amor, la confianza, el respeto, el logro personal, la compresión, el perdón. Y también refleja una amplia variedad de las emociones humanas: miedo, resentimiento, soledad, celos, arrepentimiento, odio, orgullo, sentido de pertenencia

Una de mis actividades favoritas durante mi etapa de estudiante fue siempre el comentario de textos. Más adelante tuve la inmensa fortuna de disfrutar de un profesor increíble de literatura en la universidad que me enseñó cómo llevar esta práctica más allá, derribando las fronteras entre asignaturas y disciplinas, viendo la relación entre una pintura y una pieza de música, por ejemplo, aprendiendo a través de mi propia experiencia, acercándome al constructivismo, desarrollando una capacidad para la crítica práctica y percibiendo la intertextualidad a mi alrededor (muchísimas gracias, P. Ruiz, por tus enseñanzas).

Yendo un paso más allá, cuando detecto alguna de estas conexiones en una canción, libro o película, esas piezas se convierten en parte de mi trayecto ya que las enlazo con mi búsqueda personal y eso me ayuda a seguir aprendiendo y a crecer, que es en definitiva mi objetivo en la vida.

Caer prueba que estoy en movimiento. Cuando me muevo me pongo en acción. Acción significa aprendizaje y el aprendizaje me lleva a comprender, aceptar, respetar y crecer, la esencia de la vida para mí. Caer entonces puede equipararse a vivir, ya caiga desde tan alto como el cielo o desde alturas más bajas. Hay tanta belleza a mi alrededor que quiero aprovechar cada oportunidad de abrazar el conocimiento que yace en todas partes, esperando ser atrapado.

 

31
Oct.
2012
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Viviendo una ilusión

Ropa, zapatos, libros, cds, pendientes, bolsos, sábanas, tazas y vasos, toallas, tarjetas de crédito, cuentas bancarias, afiliaciones, cuentas de correo electrónico, perfiles en redes sociales, teléfonos móviles y dispositivos electrónicos, agendas, álbumes de fotos, apuntes…

Parece que siempre queremos más. Queremos tener cosas, poseerlas, salir de compras, acumular, cambiar los objetos más antiguos por otros nuevos sin importarnos el servicio que de aquéllos estamos recibiendo porque lo que ansiamos es lo último, en una espiral sin fin de desear-querer-adquirir.

Queremos estar aquí y allí al mismo tiempo. Seguimos a miles de personas y acumulamos cientos de ‘amigos’. Hablamos a través de nuestros móviles mientras caminamos por la calle e incluso cuando conducimos. Nos vamos de vacaciones y seguimos subiendo comentarios y fotografías sobre dónde estamos y qué estamos haciendo. Cenamos con la familia frente a una televisión ruidosa y nos sentimos orgullosos de decir que podemos desempeñar varias tareas a la vez.

¿Cuál es el propósito de todo esto? ¿Qué es lo que obtenemos? Entiendo que cada uno encuentra su pequeño cielo, un reducto de placer personal, una satisfacción íntima y no soy yo nadie para juzgarlo. Lo que sí hago es preguntarme si esta ola constante de progresión aritmética (¿o incluso geométrica?) nos trae a los seres humanos felicidad verdadera, si nos conecta con lo que realmente somos o si por el contrario nos lleva a desligarnos de nuestra fuente.

Jesucristo nació en un establo, dormía en un pesebre y creció en una humilde familia trabajadora. No rechazó a los pudientes ni tampoco los lujos y comodidades pero sí defendió que el apego excesivo a las riquezas (la codicia, el derroche, el acumular porque sí) nos alejaría de nuestro propósito y nos llevaría a lo contrario de la dicha y la satisfacción, sobre todo si vivir así llevaba consigo no compartir y no ayudar a aquellos que no eran tan afortunados. Como consecuencia, los cristianos coherentes llevan una vida sencilla y practican incluso la austeridad.

Sidarta, por el contrario, nació en una rica y noble familia, rodeado de oro, gemas preciosas y sofisticadas esencias. Creció apartado del mundo real, viviendo una existencia de lujo en la que todo parecía perfecto y hermoso. Hasta que un día descubrió a sus súbditos ancianos, pobres y enfermos de su ciudad y se dio cuenta de que la vida era algo más, algo que hasta ese momento había permanecido oculto para él. Y así fue como el príncipe abandonó el palacio real para experimentar lo que significaba vivir sin nada, y entonces encontró la quietud y la paz mental que necesitaba para ser. Se convirtió en El Buda, el Iluminado, y los budistas encuentran en el desapego por lo material una de las claves principales del bienestar.

En un acercamiento más contemporáneo (cronológicamente), el Dr. Wayne Dyer nos habla en sus libros y conferencias sobre la importancia de vivir con un propósito, conectados con nuestra Fuente, compartiendo y ayudando a otros, sintiéndonos agradecidos, experimentado la felicidad a través de los detalles más sencillos. Este hombre realmente me toca el corazón. Me encanta escuchar su profunda y honesta voz y me encanta verlo en la palestra pronunciando esas charlas cargadas de hechos tan irrefutables como fáciles de comprender basados en su experiencia personal y en la sabiduría adquirida con el paso de los años. Si no has caído rendido a sus pies aún te animo a visionar este video en dos partes (un total de casi 25 minutos, con subtítulos en español) y estoy convencida que muchos de vosotros os convertiréis en sus fans incondicionales para siempre (si es así, buscad la película El cambio y disfrutad de cada minuto, por favor).

 

Mis amigos Ani y Javi están en este momento viajando en una búsqueda personal a lo largo y ancho de Asia. ¿Qué es lo que buscan? Os preguntaréis. Entiendo que su búsqueda es la de experiencias vitales que tengan que ver siempre con la interrelación humana, allí donde vayan. Viajan ligeros de equipaje confiando en la generosidad y la buena voluntad de las personas que encuentran. No necesitan demasiadas de las posesiones materiales que mencionaba al principio. Ya llevan dos meses en los caminos y hasta ahora la experiencia ha sido fascinante (están alimentando un blog fabuloso que recomiendo a todo el mundo, donde comparten sus aventuras y fotografías ). En una de sus entradas hablan de la definición oficial de pobreza, ya que parece ser que la ONU considera a Mongolia una de las naciones más pobres del planeta. Sin embargo, y de acuerdo con la experiencia de estos amigos, si la pobreza es vivir con tus seres queridos (personas de todas las generaciones juntas, aprendiendo unos de otros y ayudándose mutuamente cada día), compartiendo lo que tienen, cuidando de su hogar y de sus animales, respetando a la naturaleza y siendo agradecidos, entonces ese tipo de pobreza debería extenderse por todo el mundo conocido en realidad. No puedo estar más de acuerdo con ellos.

¿No es eso lo que Jesucristo y Buda predicaban? Vivir una existencia sencilla, experimentar la simplicidad cada día, liberándonos de lo prescindible… ¿Cuánto más fácil sería para los afectados por el huracán Sandy seguir con sus vidas y recuperarse cuando la tormenta pase si vivieran una vida más simple? (Viajar para ir al trabajo, ya sea en metro o en avión, necesitar de la conexión a internet y de las telecomunicaciones continuamente, basar nuestra existencia en los proveedores de energía para todo lo que hacemos…). Lo sé, lo sé: fácil de decir, complicado de lograr.

Durante los últimos tres años he practicado un ejercicio que me supuso un esfuerzo inmenso al principio y que ahora ya no me resulta tan duro. El ejercicio consiste en pasar revista a mis posesiones dos veces al año (una al comienzo del verano, y luego de nuevo en enero con el inicio del nuevo año), embalando aquellas cosas (ya sabéis: ropa, libros, sábanas…) que no he usado nunca o no recientemente. Algunas van a la basura, otras las regalo. Empezar es lo más complicado ya que mi mente comienza a decirme cómo todo tiene su utilidad y que puedo necesitarlo en algún momento el mes-año-vida que viene… No importa, ¡a la caja va! Elijo hacer espacio en mi realidad para todo lo bueno que espera su turno para entrar. ¡Porque no tiene sitio ahora mismo! ¿Cómo va a sentirse bienvenido? Una vez que he llenado la primera bolsa o caja la energía comienza a fluir limpia y poderosa y entonces sólo quiero abrir más cajones y armarios para poder dejar ir más y más cosas.

Otra pequeña práctica que voy a compartir con vosotros (aún a riesgo de someterme a las críticas de algunos) nace de algo que solía hacer con mis amigos cuando éramos pequeños y llegaban nuestros cumpleaños. No teníamos dinero para comprarnos regalos (por entonces los niños no solíamos llevar dinero en nuestros bolsillos siempre, como parece ser la tónica entre nuestros niños hoy en día) así que elegíamos algo de entre lo que ya teníamos, algo que nos fuese muy querido o nos gustase especialmente por la razón que fuese. Una muñeca o juguete, un libro tal vez, un cromo muy difícil de conseguir, un precioso clip para el pelo… Lo que sea que significase algo importante para nosotros, algo tan bello que a pesar de lo duro que era separarnos de ello, nos hacía felices que nuestro amigo o amiga lo tuviese. Entonces lo adecentábamos, lo envolvíamos en papel de regalo y se convertía así en un presente de cumpleaños perfecto para ese amigo tan querido.

Yo acumulo perfumes, maquillaje, libros y cds que me van regalando y que no llego a utilizar. Y también atesoro (apego puro y duro) todo esos objetos que amo, por la razón que sea. Así que cuando llegan esas épocas del año, dejo a un lado algunas de estas posesiones pensando en ciertas personas que sé que podrían disfrutarlas muchísimo, y las regalo cuando llega el momento oportuno. Puede que suene tonto, ridículo, cutre o patético, me da igual. Lo que me importa es que para mí aún hoy resulta complicado a veces desprenderme de según que cosas y este ejercicio me ayuda.

Podéis estar o no de acuerdo conmigo pero simplemente preguntaros: ¿cuántas de estas posesiones tuyas son realmente necesarias para ti? ¿Cuántas utilizas con asiduidad? ¿Realmente te hacen feliz? ¿Podrías vivir sin ellas? ¿Cómo sería tu vida si prescindieses de ellas? ¿Estarías dispuesto a probar?

Daniel Dafoe dijo: “Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos.” Los mongoles de las estepas no tienen mucho pero tienen todo lo que necesitan. ¿Quién es más pobre entonces?

 

24
Oct.
2012
4
com.

La mañana después

 

Ya está, se acabó. Y ahora que ha terminado, ¿qué me queda a mí?

La mañana después de un gran día puedo albergar en mí diferentes sensaciones. Algunos ejemplos muy claros sobre cómo puedo sentirme:

-    Triste, porque esa gran celebración o evento ya terminó, después de tanta ilusión y preparación, después de lo bien que lo he pasado y de todas las emociones que he vivido.

-    Aliviada, porque mis niveles de estrés estuvieron muy altos durante un tiempo y ahora me puedo relajar y descansar, olvidándome de mis responsabilidades, ¡por fin!

-    Esperanzada, porque confío en que cosas fabulosas comiencen a suceder después de la experiencia del día anterior.

-    Vacía, porque la planificación y los preparativos de ese día tan importante me llevaron tanto tiempo y les dediqué tanta energía que ahora me siento desinflada, sin saber qué hacer.

-    Decepcionada, porque pensé que los resultados iban a ser más satisfactorios y que yo iba a sentirme mucho mejor después, y no es el caso.
 

Tal vez ese gran día era la boda o la fiesta de cumpleaños de alguien muy especial para mí, tal vez era mi propia boda o mi fiesta especial de cumpleaños; puede que fuese una reunión de relevancia o un congreso que me encargué de organizar; o una cita con la que había soñado durante meses; o puede que fuese una entrevista para un puesto francamente prometedor en una empresa fascinante después de estar desempleada durante un tiempo; o tal vez el final de ese viaje que planifiqué con esmero; o el darme cuenta después de una comunicación clara y explícita de que algo ha llegado a su fin.

Las opciones son infinitas y el hecho es que la mañana después del gran día y cada mañana es un nuevo comienzo y el comienzo de una nueva vida. La actitud con la que encaro esta nueva oportunidad marcará la diferencia y además siempre será elección mía.

Puedo elegir quedarme atrapada en mi pesarosa nube, envuelta en un halo de melancolía y acompañada de interminables ‘¿Y si…?’. Pero también puedo decidir aceptar el resultado, aprender de él y continuar camino.

Cuando escribo esto no puedo evitar pensar en esa cita de Lao Tzu que reza: “Si estás deprimido, estás viviendo en el pasado; si estás estresado, vives en el futuro; si tu mente está en paz, estás viviendo en el presente”. Tiene miga el pensamiento, ¿no?

Hay una práctica que me encanta y que comencé hace unos años gracias al yoga. Cuando empezábamos y terminábamos la clase, la profesora nos invitaba a reconocerle a nuestro cuerpo el estar ahí para nosotros, y agradecer a todo y a todos a nuestro alrededor el ser parte de aquella experiencia. Es realmente hermoso y especialmente potente practicarlo en grupo porque la energía de la unión  puede sentirse y transciende al mundo físico y a las explicaciones racionales. Algo que merece la pena ser vivido.

Ahora traslado esa práctica a casi todo en mi vida:

-    Le agradezco al sol la calidez del nuevo día, o a las nubes por mantener a mis plantas frescas y por protegerlas.

-    Les doy las gracias a mis plantas por la viva alegría de sus verdes y por el oxígeno puro que me da la vida.

-    Le agradezco a la luna su belleza mágica y al mar su asombroso poder y la vida que alberga en sí.

   Le doy las gracias al jardinero por el gran trabajo que hace cada día, todo el año y a la limpiadora por su dedicación y su amorosa presencia siempre.

-    Me doy las gracias a mí misma por haberme cocinado un plato rico y por prepararme una linda mesa, incluso si voy a comer sola, y me regalo una vela encendida y música de fondo.

-    Les doy las gracias a las personas que están ahí y me dicen que me han leído, que les ha servido, a los que me envían mensajes inspiradors o a los que comparten conmigo jugosas charlas cargadas de valioso contenido.

-    Le agradezco a mi familia su apoyo incondicional, incluso en esas ocasiones en las que no comprenden lo que hago o por qué lo hago. Siempre están ahí, pase lo que pase, pensando en mí y deseándome lo mejor.

-    Le doy las gracias a mi compañero por ser lo suficientemente valiente como para ser él cada día y también por su infinita capacidad de amar.


También podría alargarme en este listado pero esos ejemplos bastan para probar mi argumento. Y mi argumento es que, cuando me sitúo en este ‘modo de agradecimiento’ me siento serena y en paz, me siento bien, ¡de maravilla! Ahí no hay lugar para la ansiedad o el pesar, para la decepción o la tristeza porque ahora puedo ver más allá. La consecuencia directa de esta práctica es que, en la mayoría de las situaciones, llego a un punto en el que, incluso cuando tendría todo el derecho o podría justificar el sentirme triste, estresada, enfadada o preocupada, no puedo sentirme así porque ya me he distanciado del hecho que, en teoría, me ha causado la emoción perturbadora, y lo miro con algo de perspectiva, agradeciendo a la persona o a la experiencia en sí la oportunidad que me ofrecen, aceptándolo tal y como es y haciendo lo que está en mi mano para sacarle partido. Al hilo de esto rescato otra gran cita, esta vez de Confucio: “Hay belleza en todo pero no todo el mundo la ve”. Yo no lo consigo siempre pero bueno, estoy en ello.

Y sí, efectivamente, la mañana después de un gran día es siempre un nuevo comienzo, otra oportunidad para comprender y aceptar, para ver más allá, para acceder a lo profundo, a lo que yace detrás o debajo. Si no lo hice lo suficientemente bien, la próxima vez lo haré mejor. Si estuve fantástica, me regalo un abrazo y muchos besos por ser tan fabulosa. No se trata de ser positivo por encima de todo. Se trata de minimizar el dolor o la culpa, la emoción que me lleva a hundirme, y sustituirla por una perspectiva más favorable que me genere bienestar y me ayude a crecer, liberando mi potencial. Porque yo lo valgo ;-)

 

17
Oct.
2012
0
com.

Tengo Un Amor

Tengo un Amor,

y es tierno como una caricia de seda y firme como una roca, todo en uno.

Tiene una voz poderosa y profunda que desvela delicadas palabras de afecto.

Su sonrisa nace del interior y se abre amplia y libre abarcando su rostro sincero.


Tengo un Amor,

y él sabe cómo escuchar, qué decir y cuándo permanecer callado.

Se alegra sinceramente de la felicidad de los otros y también sufre por sus desvelos.

Se toma tiempo para hacer cada cosa, con total dedicación, y sus resultados son siempre ejemplo de sublime excelencia.

Sus manos hablan de destreza y experiencia, de conocimiento certero y son capaces de crear abrazos de intensa emoción.


Tengo un Amor,

y aún no he visto los límites de su generosidad.

Se esfuerza por lograr lo mejor y sueña con llegar más allá.

Siempre está dispuesto a comprender, a explorar. Vive el presente y diseña un futuro aún más brillante, que construye con cada paso que da.

Sus pensamientos son faro, su respaldo un puerto seguro, sus brazos un navío firme, sus sentimientos un ancla poderosa.


Tengo un Amor,

y él tiene acceso a todos los mapas, sabiendo descifrar sus misterios y secretos.

Gestiona la vida con el corazón en la mano y con una brújula por corazón, así que perderse no es una alternativa y descubrir se convierte en una realidad cotidiana.

Él mira al sol a la cara, estrecha manos con el viento, le gana partidas al mar y planea rutas nuevas con caminos y carreteras.

Su meta en la vida es amar y ser amado, ser honesto y feliz, aportando honestidad y felicidad a los que lo rodean.


Tengo un Amor,

y él es un regalo para mí.

En su día especial quiero desearle salud, dicha y serenidad.

Merece lo mejor y deseo de corazón que cada año siga logrando más y más de todo eso.

Feliz cumpleaños, mi Amor.

Otro año juntos, uno más de todos los que quedan por llegar ♥


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