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Jun.
2015
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com.

Zona ciega

Brumas de Avalon
Mists of Avalon (Brumas de Avalon), de la artista gráfica estadounidense kiles85


Avalon, la mítica isla de las manzanas de la tradición celta y las leyendas artúricas, es ante todo símbolo de inmortalidad. Arturo, "el rey más justo y noble de la historia", al caer en la batalla de Camlann a manos de su propio hijo, fue llevado por su maestro Merlin a Avalon, y cuenta la leyenda que allí permanecería vivo para siempre cuidado por las hadas (o, según otras versiones, allí yace dormido hasta que Gran Bretaña lo necesite para luchar de nuevo). Se dice que las brumas o nieblas de Avalon cubren con su mítico velo el lugar de reposo de Arturo, ocultando este sagrado lugar a los no iniciados, de forma que sólo los elegidos, los que han aprendido a ver con los ojos del alma, son capaces de disipar las brumas y cruzar de un mundo a otro.

Los historiadores han procurado situar Avalon en algún lugar real de la Inglaterra actual (posiblemente en el condado de Cumberland, compartiendo frontera con Escocia, o incluso en Glastonbury, donde justo este fin de semana y desde los setenta se celebra el famoso festival de música y espiritualidad); pero sus intentos parecen ser más bien conjeturas.

En cualquier caso, ¿qué más da dónde, si existió realmente o no? Tal vez los transmisores de aquellas leyendas embellecieron sus descripciones, crearon e inventaron para generar una historia mejor trabada, más poderosa. Así visto, Avalon podría estar en cualquier lugar de Inglaterra, y los que conocemos un poquito el país sabemos que sin duda eso sería posible. Porque si has visitado por ejemplo Stonehenge, recorrido el muro de Adriano por las carreteras del norte del país, o caminado por los castillos y abadías que pueblan aquel territorio, estoy convencida de que en algún momento te has sentido sumergido en la magia de una tradición tal vez ajena a la tuya pero que hablaba mucho de ti, en las nieblas y las brumas de un paraje cargado de historia y de las energías que allí habitaron…

Cuando yo era pequeña me gustaban las leyendas artúricas, aunque no llegué a explorarlas en realidad. Y también me atrajo siempre todo lo inglés (música, cine, sentido del humor, idioma...) así que imagino que no es casualidad que me haya ligado a ese país a través no sólo de su lengua sino sobre todo de las personas que de allí son originarias. Ahora que podemos viajar con relativa facilidad a cualquier lugar del globo, incluyendo a los países más exóticos y alejados de nuestra cultura y tradición (que también me interesan, por supuesto, algunos al menos), a mí me atrae seguir mirando a estas gentes y a su historia, una que un día estuvo libre del cristianismo, en la que la mujer era sabia y tenía poder, se la consideraba y era consultada como hada, maga, curandera o hechicera. 

La escritora Marion Zimmer Bradley (que por cierto, aunque casada y con descendencia se reconoció después como lesbiana y fue una feminista militante y coherente) escribe la tetralogía Las nieblas de Avalon (Experta en Magia, La Reina Suprema, El Rey Ciervo, El Prisionero en el Roble); la sitúa en la época en la que el cristianismo se extendía por Inglaterra, en detrimento de la antigua tradición céltica de la zona. En esta serie artúrica, las mujeres son las que ostentan el protagonismo, y esta perspectiva le concede a la obra su peculiaridad.

El libro comienza de esta manera:


“En mi vida me han llamado de muchas maneras: hermana, amante, sacerdotisa, hechicera, reina. Ahora, ciertamente, soy hechicera, y acaso haya llegado el momento de que estas cosas se conozcan. Pero, a decir verdad, creo que serán los cristianos quienes digan la última palabra, pues el mundo de las hadas se aleja sin pausa del mundo en el que impera Cristo. No tengo nada contra Él, sino contra sus sacerdotes, que ven un demonio en la Gran Diosa y niegan que alguna vez tuviera poder en este mundo. A lo sumo, dicen que su poder procede de Satanás. O bien la visten con la túnica azul de la señora de Nazaret (que también, a su modo, tenía poder) y dicen que siempre fue virgen. Pero ¿qué puede saber una virgen de los pesares y tribulaciones de la humanidad?

Y ahora que el mundo ha cambiado, ahora que Arturo (mi hermano, mi amante, el rey que fue y el rey que será) yace muerto (dormido, dice la gente) en la sagrada isla de Avalon, es necesario contar la historia tal como era antes de que llegaran los sacerdotes del Cristo Blanco y lo ocultaran todo con sus santos y sus leyendas.

Pues, como digo, el mundo ha cambiado. Hubo un tiempo en que un viajero, si tenía voluntad y conocía algunos secretos, podía adentrarse con su barca por el mar del Estío y llegar, no al Glastonbury de los monjes, sino a la sagrada isla de Avalon, pues en aquellos tiempos las puertas entre los mundos se difuminaban entre las brumas y estaban abiertas, según el viajero pensara y deseara. Y éste es el gran secreto, que era conocido por todos los hombres instruidos de nuestros días: el pensamiento del hombre crea un mundo nuevo a su alrededor, día a día”.

¿Y por qué hablo hoy de Avalon, de leyendas artúricas y de hechiceras bretonas? Me explico.

La semana pasada en nuestra sesión de Toastmasters mi compañero Antonio Gómez Gallego hizo maravillosamente bien de maestro de ceremonias. Como tal, elige un tema que se convierte en hilo conductor de la sesión y va hilvanando todas las intervenciones y a los participantes. Su tema: “Érase una vez…” Y efectivamente, la cosa iba de cuentos.

Antonio fue intercalando belllísimos microcuentos para ir presentando a los oradores y además hizo algo que para mí fue precioso: a cada compañero que ejercía un rol le otorgó la entidad de un personaje, arquetipo o mito de cuento. Así tuvimos a un hada madrina, a un mago sabio, a un árbol ancestral, a la reina de las nieves... Cuando llegó mi turno Antonio me bautizó como “las brumas de Avalon”. Después de lo que acabo de contar, podéis imaginar mi sorpresa y mi deleite.

Me encajó perfectamente el personaje que Antonio me calzó, y me sorprendió que, conociéndome tan poco, hubiese acertado tanto en su elección (reconozco que acertó con todos los compañeros, y esto sin duda es una habilidad de Antonio, que tiene muchas y mucha vida recorrida). De la misma manera que hace un par de meses mi maestra Laura Gutman de la mano de mi compañera y terapeuta Montse Santoyo me dijera al hilo de mi biografía que yo era como una hoja flotando en el viento, posándose donde le cuadra cuando le apetece y saliendo a volar cuando algo le quema o le cansa.

Conecté estas dos imágenes, tan de aire, y me dejaron cavilando un rato, acordándome además de esa famosa ventana de Johari, dividida en cuatro espacios:

Efectivamente a veces el otro, por poco que nos conozca, desde esa zona ciega de nuestra particular ventana, ve en nosotros detalles de los que en principio no somos conscientes. Le daremos o no credibilidad a esa información, pero si la interrelación se la sugiere, algo de cierto, de valioso, de útil debe haber en ella. A veces lo que nos devuelven es algo que nos agrada o nos complace y entonces nos resulta fácil tomarlo; en otras ocasiones se trata de una información que nos incomoda o nos disgusta, y es ahí cuando tendemos a responder rechazándola. Pero en cualquier caso, es una información interesante para tener en cuenta, y luego hacer con ella lo que creamos oportuno.

Dentro de mis avances estoy aprendiendo a integrar la mirada que me ofrece el otro (y de nuevo, mi club Toastmasters y la interacción con mis compañeros me está ayudando muchísimo a practicar esta habilidad a través del ejercicio de las evaluaciones), porque puede ser una pista importante que me conduzca a otros rincones (ciegos, oscuros, ocultos) de mi alma, ésa que estoy procurando traer a la luz para en definitiva conocerme de verdad y descubrir plenamente (o tanto como me sea posible) quién soy, qué vengo a hacer aquí y qué sentido tiene que realmente yo pueda cumplir con esa misión.

Mucho de todo esto viene sucediendo justo este año, uno en el que he entrado en contacto directo con los arquetipos femeninos, los círculos de mujeres, el trabajo con las piedras y los elementos naturales. E
n estos días además del solsticio de verano (en Europa), con toda la magia que para mí traen consigo. ¡Todas las piezas me calzan a la perfección! 

Carl Gustav Jung decía que la sangre de los mitos se mantiene caliente y viva en el inconsciente colectivo humano, transformándose y adoptando nuevas formas con el transcurso de los siglos, concediéndole así al alma humana las imágenes y los contenidos necesarios que la ayuden a afrontar sus eternos interrogantes: el bien y el mal, la felicidad y la desdicha, el placer y el dolor, la victoria y la derrota...

Acabo de consultar el catálogo de mi biblioteca municipal y veo que el libro de Marion Zimmer Bradley está disponible. Así que allá voy para traérmelo prestado y para dejarme abrazar por esas brumas este verano, conectando con todas esas mujeres poderosas que un día tuvieron mucho que decir en su mundo. A ver qué otras respuestas me traen sus páginas...
 

 

“Siento que
desde nuestro lugar de origen
hemos estado juntos,
que somos de la misma materia,
de las mismas ondas,
que llevamos dentro
el mismo sentido”.

Frida Kahlo 

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