25
Jun.
2014
6
com.

Viajando en tren

Estación de tren de Poulton-le-Fylde, una mañana de junio.
 


Verdaderamente, la vida es como un río. ¡Qué acertado estuvo nuestro Jorge Manrique en la elección de la metáfora! Y, llevada a un contexto algo más ‘industrializado’, la vida es también como un viaje en tren.

Todos somos transeúntes de una estación concreta, con diferentes andenes y distintos ferrocarriles que mantienen su ritmo, entrando y saliendo, llegando y marchándose. En cada tren, en cada estación hay personas. Muchas hablan otros idiomas, tienen otro color de piel, se visten y se manejan de otras formas. Otras personas sin embargo se parecen muchísimo a nosotros. Y sin saber muy bien por qué, a veces, conectamos con algunas y hacemos trayectos de nuestro viaje juntas para luego tal vez separarnos, porque la vida nos lleva por caminos o a destinos distintos. En otras ocasiones sin embargo resulta que terminamos viajando mucho tiempo juntas, tal vez por siempre.

De ahí eso de que “las personas llegan a nuestra vida por una razón, por una estación o para siempre”.  Y a mí personalmente las despedidas siempre me costaron un esfuerzo tremendo. Tengo una particular relación con el apego y especialmente con el apego a las personas que quiero; me cuesta mucho decir adiós, separarme de ellas. Siento una tristeza enorme que a menudo se transforma incluso en malestar físico, y esa manera de vivir las despedidas me causa un dolor innecesario y por supuesto, no me sirve bien.

Nada dura para siempre, todo trayecto tiene un fin. ¡Hasta al ‘infinito’ Transiberiano se le terminan los raíles! Si algo he integrado de mi aprendizaje personal y mi aproximación a la muerte es que es natural y certera, así que más me vale aceptarla como tal y procurar ahorrarme algunos de esos malos ratos. Todos vamos a marcharnos en algún momento y tal vez todas las despedidas de las que somos partícipes durante nuestra vida, de una manera o de otra son ensayos preparatorios para el gran adiós final.

Mientras eso llega me voy preparando y voy disfrutando del camino: de los paisajes, del clima, de los olores y sabores. Voy aprendiendo de las personas con las que viajo y compartiendo con ellas, sabiendo que como yo, tienen también un destino final, aunque todavía no sepamos cuándo, cómo ni dónde nos va a sorprender. Simplemente seguimos trayecto.

Estoy avanzando mucho en esto de afrontar despedidas y gestionar separaciones, tanto que en algún momento incluso me he sorprendido a mí misma por la naturalidad al llevarlo. A pesar de ello aún hay veces en las que me veo incapaz, lo confieso, la semana pasada sin ir más lejos. O sea, que aún me queda vía que recorrer en este sentido…

Una persona luminosa y sensible con la que he viajado durante casi dos años maravillosos me regaló el otro día un precioso cuento de Eduardo Galeano. Se titula ‘El Mundo’ y dice así:

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El mundo es eso – reveló – Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende." 



Le agradezco a mi compañera del alma, compañera, su regalo y su acompañamiento durante este trayecto. Ambas queremos seguir coincidiendo en algún tren en algún momento aunque quién sabe a dónde nos irá llevando la vida… Yo por mi parte sé que la sentiré brillando en la distancia, siempre, como un fueguito que rezuma amarillos intensos pero también verdes azulados.

Gracias a ella y a este cuento, ahora mi estación de tren es más cálida y luminosa. Ahora veo a todas esas personas como fueguitos, andantes o parados, estresados o calmos. No hay miedo de que se incendie nada, tranquilos. Aquí tenemos siempre las llamas bajo control, ellas se van autorregulando solitas mientras continúan trayecto, rumbo a nuevos y fascinantes destinos.

¡Nos vemos en el camino!

 

 

"Recuerde el alma dormida,         
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte             
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,            
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,                          
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar            
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

  Nuestras vidas son los ríos       
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;                         
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos        
y los ricos."


(Jorge Manrique, fragmento inicial de las Coplas a la muerte de su padre)

Comentarios (6)

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Ivan Entusiasmado dice:

25/06/2014 - 11:41

Hermoso texto Gloria. A mí me encanta Galeano, aunque esté lejos de sus ideas en muchas cosas. Su historia de América en cuentos, fascinante, no ha tenido en mi opinión la difusión debida. Te la recomiendo.
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Gloria dice:

25/06/2014 - 11:44

Abrazo la recomendación, Iván, porque realmente apenas he leído nada de Galeano. ¡Te contaré! Gracias por pasar ;-)
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ILUMINADA dice:

26/06/2014 - 08:12

Algunos haikus del libro de una buena amiga y que me han recordado lo que cuentas: "Entre todas las muertes prefiero la muerte por exceso de días" "Se me ocurrió mucho sentimiento al verte" "Soy mi propio rehén y también mi recompensa" "Soñar es insistir" Y el mejor de todos: "Detrás de cada gran verde, hay un azul y un amarillo abrazados" "EL PERRO QUE COMÍA SILENCIIO". ISABEL MELLADO GRACIAS AMIGA!!!!!
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Gloria dice:

26/06/2014 - 08:17

"Detrás de cada gran verde, hay un azul y un amarillo abrazados"... ¡Qué preciosidad, amiga, y viene además con el don de la oportunidad! Gracias a ti también. Te llevo conmigo.
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Anuchi dice:

30/06/2014 - 13:50

Siempre disfrutar de ese camino.. que, aunque a veces sea pedregoso, merece la pena llegar. Besos
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Gloria dice:

30/06/2014 - 23:13

Exactamente, bonita: siempre merece la pena hacer el camino y disfrutar de lo que ofrece, aunque a veces resulte árido. ¡Abrazo enorme, caminante!

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