06
Mar.
2013
2
com.

Una de vampiros

(Collage en papel japonés de Fernando González Viñas).


A veces me pasa que me siento pequeña, inútil, con ganas de mandarlo todo al traste, y tengo la impresión de que no hay solución, que esta vida y este mundo son cloacas, que no hay nada en mi mano para remediarlo. Otras veces estoy fuerte, segura, animosa y optimista y sin embargo me veo inmersa en situaciones o involucrada con personas que me contagian sensaciones de desgana, de temor, de profundo enfado, de frustración, de queja. Y entonces mi disposición inicial acaba transformándose en desánimo, no sé si por contagio, por empatía o porque no consigo ser todo lo asertiva que querría. En cualquier caso, sé que a veces yo misma, los demás o alguna situación ha podido conmigo y me he visto prácticamente arrastrada a una espiral de malestar, y digo arrastrada porque el mecanismo que se pone en marcha es tan sutil e inconsciente que parece como que una fuerza imperceptible me ha ido guiando de la mano, mostrándome el camino, aunque haya sido yo la que ha dado los pasos para entrar.

He oído la expresión ‘gente tóxica’ para identificar a las personas que tienen esa extraña habilidad de hacer que nos sintamos mal, aunque también pueden ser tóxicas las situaciones y puedo ser tóxica yo para conmigo misma, algo mucho más difícil de identificar y sobre todo, de aceptar. Sin embargo, como creo en mi responsabilidad y en mi libertad, entiendo que el principio de todo está en mí. Porque siempre soy yo la que voluntariamente me rodeo de esas personas dañinas para mí, me auto-invito a esas situaciones indeseables o les concedo el poder a unas y a otras de llegar a mí. Que conste que ni yo, ni esas personas ni las situaciones de las que hablo son malignas per se. Simplemente lo son para mí concretamente y en ese momento, porque me provocan malestar, y ese malestar es un indicativo infalible.

A esto en Reiki se le llama ‘vampirismo energético’, si el resultado en mí es de cansancio o desgaste puramente físico, y es producto de un desequilibrio energético inicial. Para reequilibrarlo necesitamos tomar esa energía de otros que sí la tienen e inconscientemente ponemos en marcha un proceso natural de compensación que nos conduzca al ansiado bienestar. Sin embargo, cuando no se trata sólo de un malestar físico sino que hay emociones asociadas a él, lo que se produce se denomina ‘efecto diapasón’, puesto que comenzamos a vibrar a la misma frecuencia que la persona o situación que nos pone el malestar en bandeja. Esa emoción que nos despierta es un reflejo de algo nuestro que no tenemos resuelto y que por tanto, permanece latente, enquistado (siempre certero Michael Brown: “un adulto infeliz es un niño desatendido.”)  

Así que si algo me molesta, me irrita o me hace sentir mal, lo primero que debo hacer es mirarme a mí, mirar adentro, sin miedo, sin vergüenza, sin auto-engañarme. Respirar profundo y aceptar que soy un ser en proceso de aprendizaje. Desde ahí, sin martirizarme y sin echar balones fuera, podré llegar al quid de la cuestión.

A continuación la clasificación vampírica que, no sólo nos puede ayudar a identificar el comportamiento, persona o situación dañina sino que también nos aporta el antídoto para luchar contra ellos.

1- Primero, por estar más extendido y ser más habitual y común, tenemos a la persona víctima o al victimismo como actitud: la queja continua, el afán por dar pena, el chantaje emocional, la responsabilidad siempre está fuera, en los demás o en el entorno. Ese "pobre de mí, qué mala suerte tengo, por qué todo me va mal, qué hecho yo para merecer esto, la vida es cruel, tan dura, tan difícil…". ¿Nos suena esto?

Lo peor que podemos hacer es alimentar su queja o caer en consolarlo, porque así estamos nutriendo de alimento al vampiro. La solución pasa por devolverle la responsabilidad siendo otra herramienta muy útil el sentido del humor, que desconcierta y desmonta el tejido vampírico.

2- En segundo lugar otro arquetípico de plena actualidad: el crítico o la acción de criticar. De nuevo despliega la queja como arma arrojadiza pero no desde el victimismo sino desde una actitud combativa y de intensa protesta. La política, los empresarios, la sociedad, los alemanes y los americanos, el trabajo y el desempleo, todo es susceptible de ser criticado, todo está mal, el sistema es una mierda, no hay solución.

La medicina en este caso es de nuevo el humor o la maniobra de distracción: desviar la atención, darle la vuelta a su argumento o simplemente no entrar.

3- El tercer tipo es el agresivo: el que eleva la voz y grita, el que se enciende y se irrita buscando la misma reacción en el otro, nutriéndose por tanto del miedo ajeno. Es el verdugo en busca de víctima.

Por eso el antídoto es poner límites de modo muy asertivo y reaccionar siempre con la no violencia. Si esto nos cuesta o no nos resulta, siempre nos queda el marcharnos y dejarlo gritando ahí solo, sin convertirnos en materia de su sustento.

4- Finalmente el más difícil de detectar tal vez: el vampiro espiritual. Aquí podemos identificar al líder, a la figura carismática, al estratega, al jefe-compañero-profesor-guía-maestro o figura de poder que despierta admiración entre sus partidarios y que necesita quien lo siga y alabe. Se nutren de esa relación de desigualdad desde su posición elevada y aprovechando la admiración que despiertan.

La clave es la toma de conciencia, el darse cuenta de que nos sentimos perjudicados por este tipo de relación. Se trata de relativizar la valía de cada uno, darle el mérito que tiene sin caer en la admiración ciega.


Todos somos vampiros en algún momento para nosotros mismos y para los demás, y todos nos hemos podido sentirnos vampirizados por personas y situaciones, vibrando en su misma frecuencia. Nuestro trabajo es darnos cuenta de que así es, mirar dentro, identificar el reflejo y poner en marcha el mecanismo que nos saque del bucle, rompiendo así el patrón limitante. Todo lo que hay en mí y que no me gusta es susceptible de ser modificado e incluso desechado. Sólo tengo que tomar conciencia de ello, aceptarlo y luego darle la vuelta.

¡Manos a la obra! Un nuevo ejército caza-vampiros está poniéndose en marcha :)  



 

"Creo que podría volverme a vivir con los animales.
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
Me quedo mirándolos días y días sin cansarme.
No preguntan,
ni se quejan de su condición;
no andan despiertos por la noche,
ni lloran por sus pecados.
Y no me molestan discutiendo sus deberes para con Dios...
No hay ninguno descontento,
ni ganado por la locura de poseer las cosas.
Ninguno se arrodilla ante los otros,
ni ante los muertos de su clase que vivieron miles de siglos
antes que él.
En toda la tierra no hay uno solo que sea desdichado o venerable.
Me muestran el parentesco que tiene conmigo,
parentesco que acepto.
Me traen pruebas de mi mismo,
pruebas que poseen y me revelan.
¿En dónde las hallaron?
¿Pasé por su camino hace ya tiempo y las dejé caer sin darme cuenta?

(
Fragmento 32 de Canto a mí mismo, de Walt Whitman. Traducción de León Felipe).

Comentarios (2)

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Inma UL dice:

17/03/2013 - 10:59

Me encanta el símil que haces de los vampiros, gracias por orientarnos de nuevo a lidiar con otra de las dificultades, los vampiros ( o el "autovampiro" que llevamos dentro) que nos chupan la sangre y nos quitan lo bueno que tenemos. Ya veo que lo único que nos queda es luchar. Gracias de nuevo, por aportar algo más que ayude a desenredar mi ovillito de lana.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

18/03/2013 - 12:18

Gracias por tu feedback, Inma. Me alegro que te sirva tanto como a mí ;-) ¡Ya tenemos ristra de ajos y estaca de plata, listas para la lucha! Metafórica también ;-)

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