19
Sep.
2012
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com.

Tú y el espejo

Yo de niña quería ser escritora, profesora y/o artista como Madonna (y tenía que ser como Madonna y no como nadie más, porque para mí Madonna estaba en lo más alto del podium. Ella podía cantar, bailar, marcar tendencia, sorprender a audiencias, mover multitudes, conectar, ser apasionada y disfrutar con su trabajo. Así la veía yo y todavía hoy la sigo y la admiro).

Mis sueños no tenían límites. Podría escribir increíbles historias sobre niños creativos y valientes que se enrolaban en todo tipo de fabulosas aventuras, y otros niños y jóvenes de todo el globo leerían mis libros y se engancharían como yo lo hacía con los libros que leía por aquel entonces. Convertirme en profesora era una elección más terrenal y práctica, movida por los amorosos y entregados ejemplos (no demasiados debo decir, al menos dos seguro) que encontré en la guardería y en el colegio.

Fui creciendo y entonces empecé a sentir esa desagradable sensación, estoy segura que sabes a qué me refiero: jamás me convertiría en ninguna de esas cosas con las que soñaba. Estaban totalmente fuera de mi alcance, a un millón de años luz, disponibles sólo en reinos muy lejanos que yo ni siquiera podía visitar y a disposición de personas con mucho talento que además se dedicaban a ello desde muy jóvenes. Yo había malgastado ya demasiado tiempo, era tarde para mí y muy difícil. Imposible.

A no ser que me convirtiera en profesora, claro… Eso sí podía hacerlo. Podría enseñar mi asignatura favorita (literatura, por supuesto) a la gente más joven, y compartir con ellos mi entusiasmo por la poesía, las metáforas y el idioma como herramienta de comunicación. Así que seguí creciendo y con el tiempo llegué a comprender cómo funcionaba el sistema y qué tenía que hacer para dedicarme a la enseñanza. Mi gozo en un pozo puesto que no me gustó nada lo que descubrí y ya era tarde para imitar a Madonna. Además, Madonna ya había una y era única, así qué, ¿de qué iba a servir? ¿Y qué podía hacer yo? ¿A qué me iba a dedicar? ¿Iba a convertirme en escritora? ¡Menuda idea tonta! ¿Quién iba a querer publicar un libro escrito por mí, primero, y lo que es más importante aún, quién iba a querer comprarlo y leerlo luego?

Oh, oh… Estaba metida en un lío. ¿Qué iba a hacer con mi vida? ¿Cómo iba a encontrar una salida? El tiempo pasaba y yo estaba perdida.

El día que me di cuenta de que en realidad yo podía ganarme la vida de cualquier manera sentí un gran alivio. Era razonablemente inteligente, tenía una carrera, podía hablar (aunque no demasiado bien por aquel entonces) un segundo idioma y el mundo era más amplio que mi ciudad, mi región, mi país. Podía viajar y encontrar un trabajo haciendo lo que fuese. Y ahí fue donde perdí mi brújula.

Puedo hacer lo que sea, casi, sí. Pero, ¿quiero? Porque cuando miro atrás ahora me doy cuenta de que seguir otras brújulas en lugar de la mía hizo que dejase a mi propósito atrás. ¿Qué pasó con esos sueños de mi infancia? ¿Cómo pasaron de  relucientes fantasías a ideas tontas? ¿Cómo era posible, cuando me habían hecho sentir tan bien y tan llena de vida cuando era pequeña? Nada que ver con cómo me sentía ahora. Pero claro, esto, ese ahora, era el ‘mundo real’. Y la niñez entonces, ¿qué fue? ¿Una mentira?

He trabajado para otros en muchas ocasiones. He tenido trabajos diferentes desarrollando roles distintos. A veces he disfrutado mi trabajo y otras lo he aborrecido intensamente. He conocido a algunos profesionales alucinantes y también a gentes que no merecían la pena en absoluto. He aprendido mucho de todos ellos pero debo confesar que entonces mi único propósito era ganarme la vida, recibir mi sueldo a final de mes para pagar las facturas y comprarme libros nuevos, ropa nueva, billetes de avión y cenas fuera de casa. Y todo eso estaba bien hasta que pasó a no ser suficiente. Nadie me enseño nunca lo valioso y satisfactorio que es vivir con un propósito. Nunca aprendí acerca de mis talentos, cómo descubrirlos, escucharlos, desarrollarlos o seguirlos.

Ese sentimiento de malestar no apareció de la noche a la mañana. La verdad es que estuvo ahí todo el tiempo, desde el principio. Siempre había algo muy dentro de mí que apuntaba al lado oscuro, y me decía: ‘¿Para qué todo esto? ¿Qué diferencia marco yo en el mundo haciendo esto que hago? ¿Qué valor tiene este trabajo que desarrollo?’. Sin embargo elegía no encontrar respuestas y decidía enterrar las preguntas en lo profundo. Al fin y al cabo, ¿cómo podía ser tan ingrata? Tenía veintitantos años; había tenido la suerte de acceder a una buena educación; me las había arreglado para encontrar un buen trabajo en una buena empresa que me pagaba un buen sueldo que me permitía vivir una buena vida. ¿Dónde estaba el problema? ¿Qué es lo que me pasaba a mí? ¿A qué venía ese inconformismo constante, esa sensación de vacio?

La farsa no duró mucho, puesto que ese incómodo malestar seguía haciéndose más y más grande, ocupando más espacio dentro de mí. Ya no importaba lo que otros pudiesen pensar. Yo me sentía fatal y todo apuntaba a la misma dirección así que tenía que redefinir mi ruta y empezar de cero de nuevo.

Estoy orgullosa de decir que ahora soy coach profesional (y esto lo he logrado no sólo gracias a mis esfuerzos y compromiso sino también gracias al apoyo de mi querida familia y su amor incondicional; y a la confianza de mis maravillosos y especialísimos amigos; y por supuesto, gracias a los ánimos y a la fe constante que mi magnífico compañero tiene en mí, estando siempre ahí, creyendo en mis ideas y proyectos. ¡Os quiero tanto a todos! No podría hacerlo sin vosotros).

¿Has sentido tú esa incómoda sensación en tu fuero interno, desde lo más profundo de tu corazón? ¿La escuchas? ¿La honras? ¿Tienes una brújula? ¿La sigues?

Cuando no reconocemos ninguna de la señales y nos empeñamos en alcanzar las metas equivocadas, otras áreas de nuestra vida comienzan a perder forma o brillo. Hay cosas que empiezan a fallar. Entonces tendemos a enfocarnos en el síntoma y en alcanzar un arreglo rápido, sin darnos cuenta de que la clave de todo está más profunda, en las raíces. Ahí es donde tenemos que acudir, no para arreglar nada sino para nutrir y darle cariño y atención a esas raíces.

Si escuchamos con atención, de verdad, con paciencia y con tiempo por delante, entonces sabremos qué hacer y cómo hacerlo. Como lo hacíamos cuando éramos niños. Los niños saben porque no están corrompidos con ideas racionales y esquemas prácticos. Ellos simplemente sienten y se dejan llevar por sus emociones.

Descubrir tu propósito te llevará a ser más feliz porque le encontrarás una razón auténtica a tu existencia. Ese objetivo dirigirá tus pasos y cada elección que tomes te acercará a tus sueños. Y eso es ya tan bueno como vivirlos.

Permíteme que te proponga un ejercicio y date una oportunidad, por favor, hazlo: dedícate unos minutos y ponte de pie frente a un espejo. Mueve tu mano hacia adelante como si fueses a quitarle algo a tu imagen en el espejo. Como es de esperar, la imagen hace lo propio y también intenta coger algo tuyo. Así es como experimentamos la carencia en nuestra vida, porque insistimos en quitarnos cosas a nosotros mismos y a los demás. Ahora, sin embargo, en lugar de coger vas a darle algo a ese reflejo en el espejo: un objeto, un beso, una sonrisa… Lo que sea, no importa. Y por supuesto, tu reflejo también tiene un regalo para ti ahora, ¿verdad? Tan simple y tan grande a la vez, ¿no te parece?

Descubrí esta poderosísima metáfora en un maravilloso libro-proceso que será parte de mi trayectoria vital por siempre (gracias a Mar, mi profesora de yoga durante los últimos 3 años, por compartir con nosotros un regalo tan increíble). ¿Para qué quitarme cosas en lugar de dármelas? ‘Dar incondicionalmente es recibir’, dice el autor en su libro.

Hoy, de una u otra manera, soy profesora, porque comparto con otros mis experiencias y lo poco que sé. También soy escritora: he escrito todo esto que estás leyendo (en dos idiomas además) y ¡hay mucho más por venir! Ya no quiero ser una estrella del pop pero sí aunar la pasión y el entusiasmo que Madonna transmite a sus fans, para poder así conectar con mi propia audiencia. Hasta canto más (y a mi maravilloso novio le encanta así que eso es todo lo que necesito) y las clases de baile están encabezando la lista de inversiones para mi futuro a corto plazo. Todo lo que quiero llegará. Es sólo cuestión de tiempo. Sólo tengo que vivir mi propósito y seguir a mi brújula. Lo voy a conseguir, ya lo verás ;-)

(P.D.: El corazón de piedra naranja que aparece en la imagen es para mí un anclaje de amor. Fue un regalo de mis queridos amigos Rocío y Manolo para los que los acompañamos el día de su boda. ¡Tan hermoso!

Siempre me ha encantado Michael Jackson, tanto como Madonna, y su ‘Hombre en el espejo’ es y será siempre un himno para mí. Disfrútala y deja que tus emociones fluyan).



 


“No tienes ni idea de lo mucho que he buscado un regalo para traerte.
Nada parecía ser lo apropiado.

¿Para qué llevarle oro a la mina de oro o agua al Océano?
Todo lo que se me ocurría era como llevar especias a Oriente.

No sirve de nada darte mi corazón y mi alma porque ya los tienes.

Así que te traje un espejo.

Mírate y acuérdate de mí”.


Jalaluddin Rumi

 

Comentarios (2)

Imagen de Henrique

Henrique dice:

12/10/2012 - 08:14

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