28
Jul.
2015
2
com.

Tener éxito

New year's glider, de la artista Polly Schindler


Eso de plantearnos metas y organizarnos de manera que podamos alcanzarlas es un entrenamiento diario que tiene su miga y que requiere dedicación, compromiso y coraje. No existen fórmulas mágicas ni soluciones instantáneas. Ser capaces de averiguar qué es lo que queremos y establecer caminos para conseguirlo es un trabajo que labrarnos a diario, adquiriendo herramientas, dejando a un lado otras que ya no nos sirven, descubriendo habilidades, desarrollando talentos ocultos hasta entonces, soñando y poniéndonos manos a la obra.

Hay personas a las que nos enseñaron algunas claves o las fuimos encontrando nosotras por el camino mientras fuimos creciendo y avanzando. Otras apenas si llegamos ahora a descubrir que soñar no es un lujo inalcanzable ni tampoco un pasatiempo de niños, sino una necesidad de personas adultas que ansían ampliar sus horizontes para lograr mayor satisfacción, serenidad, felicidad…

La palabra ‘éxito’ (del latín ‘exitus’, que significa ‘salida’) viene definida por el DRAE a través de estas tres acepciones:

1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.
3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.


Y como suele pasar, muchas palabras, aparte del significado oficial que los diccionarios recogen de las mismas, tienen para algunos de nosotros otras connotaciones que enriquecen su sentido.

En mi caso, la palabra éxito está íntimamente relacionada con la satisfacción interior, la sensación profunda de percibirme en el camino adecuado para mí, el que es mío porque me pertenece, porque allí sé que tengo mi sitio y donde voy a poder desarrollarme, sentirme bien, plena, parte de algo mayor a lo que contribuyo y que a la vez me enriquece, en un intercambio continuo que no hace más que ampliarse a medida que lo nutro.

El éxito para mí puede o no venir acompañado de trabajo, dinero, viajes, posesiones o compras, pero no tiene necesariamente que estar relacionado con ninguna de esas realidades que en principio, yo misma entendía antes como ingredientes imprescindibles del éxito.

De hecho, me doy cuenta de cómo hoy en día, genero menos dinero que antes (desde que estoy en el mercado laboral), compro menos que nunca y los viajes que me planteo se han reducido en cantidad y también en lejanía (medida en kilómetros). Sin embargo, internamente, me siento más plena y feliz que nunca. Es posible que muchas personas, cercanas incluso, no entiendan cómo es posible, y puede que piensen que estoy sumida en una suerte de fracaso continuado, un concepto que define la RAE como:

1. m. Malogro, resultado adverso de una empresa o negocio.
2. m. Suceso lastimoso, inopinado y funesto.
3. m. Caída o ruina de algo con estrépito y rompimiento.
4. m. Med. Disfunción brusca de un órgano.


Digo yo que cuando una se siente plena, satisfecha, serena y feliz no puede interpretar esa vivencia como un suceso lastimoso, inopinado y funesto, ¿verdad? Y aunque en un principio viviese cegada pensando que sí (que sólo yendo de compras en temporada, viajando mucho y muy lejos o viendo como mi salario aumenta en nómina) podría lograr ese nivel de satisfacción personal, la vivencia interna es siempre la brújula inequívoca que marca el norte. Han sido varias las ocasiones en las que tenía todo eso medible desde el exterior pero sintiendo un gran vacío interno, angustia a menudo, falta de dirección y de sentido. Un cuadro sintomático que para mí denota todo lo contrario al éxito.

Éxito es sentirme viva, energética, con ganas, entusiasmada, rodeada de personas que quiero y a las que admiro, libre para emitir opiniones y poner mis verdades a la vista sin miedos. Éxito significa para mí sentir que avanzo, que soy capaz de generar movimiento por mí misma, que he conquistado espacio en comparación con lo logrado el mes pasado, el año pasado, hace cinco años. Éxito, como decía una maestra, es ser consciente de que estoy lista para dar el siguiente paso.

En el camino del éxito, la afectividad y la curiosidad son dos patrones emocionales que puedo cultivar desde un estado consciente. Dicen los estudiosos de las emociones que el indicador de éxito más importante es precisamente la gestión emocional, el ser capaces de registrar, identificar y responder de manera ecológica a nuestras emociones.

Así, es posible construir una metodología del éxito a partir del aprendizaje de esa gestión emocional y teniendo muy presente una cualidad también más que demostrada ya de nuestro cerebro: su neuro plasticidad, la capacidad de ser modificado según nuestras necesidades e intereses y a través de herramientas que nos permitan ejercitarlo de maneras diferentes a las que está acostumbrado.

En este sentido, el psicólogo británico Richard Wiseman plantea actividades tan asequibles como las siguientes:

- Practicar el cambio de perspectiva

- Divertirse y jugar

- Ser curioso

- Rodearse de naturaleza

- Escuchar música relajante

- Anotar nuestras ideas

- Elegir una palabra del diccionario al azar y crear ideas en torno a ella

- Hacer ejercicio


En definitiva, promover actividades variadas que motiven nuestra creatividad.

Wiseman apunta 5 técnicas que según afirma, son practicadas por las que se consideran personas de éxito (entendidas éstas como ese 10% que de hecho cumple sus metas y objetivos):

1. Dividir la meta final en varias sub-metas.
Como si de un ciclista profesional se tratase, la meta final puede estar en la cima de la montaña pero antes de llegar allí hay una serie de metas volantes por las que necesariamente tenemos que pasar para lograr llegar a la meta final. Enfocarnos en ellas en lugar de dejarnos abrumar por la enormidad del objetivo mayor es una forma eficaz de dividirnos el trabajo y el avance en fases más cortas y asequibles que faciliten el acercamiento al gran sueño. 

2. Contar tus planes a otros.
Compartir nuestras ideas y sueños, verbalizarlos, porque al hablar de ellos de alguna manera los estamos haciendo realidad. El lenguaje es creativo y tiene poder. Si nuestros sueños se quedan sólo en nuestra cabeza tienen menos esperanza de continuidad que cuando los plasmamos en el papel o cuando los compartimos con personas de nuestra confianza. Además, al compartirlos, podemos beneficiarnos de la opinión y la ayuda que los demás pueden aportarnos, allanándonos el terreno muchas veces o aportándonos ideas que nosotros solos no fuimos capaces de generar. La interacción con el otro siempre nos va a enriquecer, algo clave en el camino de consecución de nuestros sueños.

3. Tener siempre en mente la meta final.
Porque está lejos y puede resultar ambiciosa, pero no es innacesible, y nuestro trabajo consiste en hacer cada día algo que suponga un avance (por pequeño que sea), un acercamiento a nuestra meta final. No importa la medida de ese avance, lo importante es el avance en sí. Habrá temporadas en las que sintamos que es casi imperceptible y otras en las que nos parezca volar a la velocidad de la luz. Todo es válido siempre y cuando nos ayude a continuar en pro de nuestro objetivo. 


4. Recompensarnos por cada sub-meta alcanzada.
Merecemos felicitarnos por cada avance, pues lo logramos a través de entrega, dedicación, compromiso y coraje con nosotros mismos y con nuestros sueños. Merecemos celebrar cada meta volante alcanzada y parar un rato para disfrutar del paisaje, de la brisa, de las vistas que desde allí se divisan. Cada uno celebraremos a nuestra manera: con una tarde de descanso, un paseo por el bosque o por la playa, una copa de buen vino o un plato de sushi de calidad, la compra de un libro que teníamos mucha ilusión en tener, un baño aromático, un masaje o un paseo a caballo, una entrada para el teatro o para un concierto. Se trata de tener muy presente nuestra lista de pequeños/grandes placeres y permitirnos uno a diario, semanalmente al menos. Si trabajamos a diario, la recompensa también la merecemos cada día. Esa actitud además nos ayuda a mantener la motivación durante todo el camino, y cuando lleguen las dificultades, podremos pensar en el placer de la celebración cuando las hayamos superado.

5. Escribir o plasmar gráficamente tu sueño o meta.
Ya sea mediante una redacción en nuestra libreta favorita, el diseño de un plan de empresa o una visualización, nuestro sueño se merece una entidad real y palpable. Podemos pintarlo o elaborar un collage con imágenes recortadas de revistas, elevarlo a tres dimensiones mediante una construcción con piezas de juguete o haciendo una escultura en barro o incluso con plastilina. Las herramientas y el cómo nos lo dictará nuestra voz interior, lo importante es otorgarle esa entidad para avanzar un paso más allá en ese trabajo de hacerlo realidad. Y mejorarlo o añadir más detalles cada día, hasta que lo sintamos exacto a como lo soñamos en nuestras mejores fantasías.


Es un ejercicio bonito y asequible para ponerlo en marcha durante el verano y de cara al nuevo curso, ese nuevo comienzo de año que es como una segunda oportunidad para plantearnos aquellos propósitos que tal vez se quedaron aparcados en enero o en febrero.

Nunca es demasiado tarde para seguir soñando, para crecer y plantearnos nuevas metas, objetivos ilusionantes que nos ayuden a mantenernos activos y a sentirnos plenos y satisfechos por dentro, una manera de vivir que tiene un reflejo externo y que en todos los sentidos se corresponde con la definición que muchos de nosotros tenemos de la palabra éxito.

¿Quién se apunta a esto de triunfar entonces?

 


“No es el crítico quien cuenta,
ni el que señala con el dedo
al hombre fuerte
en el momento que tropieza,
o el que indica en qué cuestiones
el que hace las cosas
hubiera podido hacerlas mejor.
El mérito recae exclusivamente
en el hombre que se halla en la arena,
aquel cuyo rostro está manchado
de polvo, sudor y sangre,
el que lucha con valentía,
el que se equivoca
y  falla el golpe una y otra vez,
porque no hay esfuerzo sin error
y sin limitaciones.
El que cuenta es
el que de hecho lucha
por llevar a cabo las acciones,
el que conoce los grandes entusiasmos,
las grandes devociones,
el que agota sus fuerzas
en defensa de una causa noble,
el que, si tiene suerte,
saborea el triunfo de los grandes logros,
y si no la tiene y falla,
fracasa al menos habiéndose atrevido
al mayor riesgo,
de modo que nunca ocupará
el lugar reservado
a esas almas frías y tímidas
que ignoran tanto la victoria como la derrota.”


(Poema El que cuenta, de Theodore Roosevelt)

Comentarios (2)

Imagen de Iluminada

Iluminada dice:

30/07/2015 - 11:04

Adelante preciosa, siempre adelante. Ahí estamos en esa definición que tanto nos gusta y que compartimos. El éxito es "ESTAR PREPARADO PARA DAR EL SIGUIENTE PASO". Nada más y nada menos. Crecer al fin y al cabo, eso es lo que toca y servir, devolver a otros lo que nosotros hemos recibido. Todo un reto diario A por ello. Un besico muyyyyyyy... grande. .
Imagen de Gloria

Gloria dice:

30/07/2015 - 15:58

¡Ahí estamos, compañera! Avanzando, aunque a veces no lo parezca. Ahora sí, equilibrando lo que recibimos con lo que aportamos. ¡Abrazo enorme, amiga del alma!

Deje sus comentarios