09
Mar.
2016
0
com.

La revolución silenciosa

Frimario, de la ilustradora española Rocío Araya


Esta entrada viene larga, porque extensa es la historia que la precede y más amplia aún la trayectoria que nos queda por recorrer.

Traigo textos y traigo a las mujeres que los han escrito. Entre ellas rescaté a Gioconda Belli y como no pude elegir uno solo de sus impresionantes poemas, traigo dos, abriendo y en el habitual cierre. Y aún así, me he contenido, porque podía haber dicho y rescatado tanto más…



“Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron.”
Gioconda Belli


 
El 8 de marzo celebramos el día internacional de la mujer (lo de trabajadora me parece mejor obviarlo por ser una redundancia innecesaria) y me llegan vibraciones dudosas desde diferentes sectores; lo que dicen y/o cómo lo dicen me hace dudar de su veracidad, de su autenticidad y del trasfondo que encierran.

Y está todo bien así. Cada uno lo hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos a nuestra disposición en cada momento. No hay nada que reprocharle a nadie. Sólo nos cabe a cada persona tomar las riendas de nuestra vida y hacernos con la responsabilidad total de nuestros actos, ahora que somos adultos.

Por supuesto que, en esta sociedad maniatada y constreñida por el patriarcado, dañada y vapuleada por los estragos del mismo, tenemos mucho trabajo que hacer las gentes de bien que estamos dispuestas a abrir los ojos para ver la realidad tal cual es, para nombrar y cuestionar, para poder empezar así a hacer de manera diferente.


“El lenguaje inclusivo no es usar, ellos y ellas, muchachas y muchachos, y poner arrobas. Eso es una búsqueda, que es muy válida como toda búsqueda de equidad, para atenuar el sexismo que tiene el idioma, pero es la forma equivocada. Hay que conocer un poco más el idioma para hacerlo de forma adecuada, no para eliminarlo porque eso está en la gramática, pero hay vocablos comunes: oficinista, poeta, periodista… son palabras que sólo podemos determinar si es hombre o mujer por el artículo que le pongamos. También podemos usar abstractos cuando se presta, en vez de niños decir niñez, no siempre se presta.” Yadira Calvo


Está todo por hacer. Y me da que esencialmente, este trabajo nos corresponde hacerlo a nosotras, las mujeres. Porque el patriarcado, con sus abusos de poder y sus filias por las luchas y la competencia, nos ha despojado de muchísimos atributos que eran nuestros por naturaleza. Por la fuerza nos los arrebataron (cosificándonos, ninguneándonos, abusando de nosotras…) y a través de la delicadeza y la vuelta al amor nosotras vamos a reconquistarlos poco a poco, a nuestro ritmo. Es la revolución silenciosa de la que habla Laura Gutman, la revolución de las madres, de las mujeres que crían y acompañan a niños, y que desde ya tienen que empezar a hacerlo no para lanzarlos a la guerra (Esparta ya no existe y en cualquier caso, sabemos cómo les fue) sino para prepararlos a vivir desde el amor y el respeto.

Hay mucho por hacer, y como es tanto, a veces nos perdemos en la enormidad y sobre todo en la urgencia. Pero más allá de la legislación, de decisiones políticas y movimientos partidistas, todas y cada una de nosotras tiene un papel capital que cumplir en su día a día en todos los foros en los que nos movemos, empezando por supuesto por el hogar, el nuestro propio e incluso el de origen (si cabe la posibilidad y nos da la energía) El cambio cualitativo empieza por lo profundo, por lo pequeño, y se extiende hasta el infinito. El cambio cualitativo va de lo individual a lo colectivo. Y ahí, señoras, señoritas, mujeres todas, cada una regentamos un poder sin límites.


“El que obtiene la unidad, lo obtiene todo.”  María Zambrano

Por supuesto que todo esto también pueden llevarlo a la práctica los hombres, habiéndolos como los hay tan sensibles y comprometidos con todos estos valores propios de los matriarcados de antaño: la cooperación, la generación de redes de apoyo, el respeto, el amor, la blandura, el acompañamiento, la contención emocional, la nutrición, la generosidad, la hermandad.

Todos esos hombres y nosotras en comunión constituimos ese ejército silencioso y pacífico que avanza sin prisa pero sin pausa a través de los años. Está todo por hacer, sí, pero sabemos que igual que el patriarcado se tomó su tiempo para despojar a la mujer de sus derechos y posición, a nosotros ahora nos llevará otro tanto reequilibrar la balanza.

No tenemos que luchar en contra de nada ni de nadie. Tenemos que avanzar a favor. ¿A favor de qué? De la vida, del amor incondicional, del respeto mutuo y por el bienestar común. A favor siempre, jamás en contra de nada.


"Feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y completa humanidad de mujeres y hombres” Gloria Steinem

Para todo ello necesitamos visibilidad, que se hable de estos asuntos, que se nos vea. Por eso me sirven los lacitos, el color morado, las manifestaciones y hasta la existencia de un día específico para celebrarlo. Porque hemos padecido muchas y continuadas violencias invisibles (además de las evidentes de tan visibles que son) y todo lo que arroje luz sobre lo oculto nos sirve bien. Ojalá que llegue un día en el que no necesitemos de estrategias de este tipo, porque hayamos logrado de verdad ser uno y vivamos de nuevo, como nuestros ancestros, en perfecto equilibrio entre nosotros y con la naturaleza. No lo veremos nosotros o nuestros hijos, puede que ni siquiera nuestros nietos. Pero llegará esa generación en la que, gracias a los avances que entre todos sumamos, podrán reconquistar ese lugar de pertenencia que jamás debimos haber abandonado.

Sin habérmelo propuesto, el jueves pasado empecé a celebrar este día de la mujer. Lo con mi amiga Emilia, feminista confesa y comprometida, y dedicando muchos ratos a reflexionar sobre todo esto. El viernes continuamos las dos con otras tres mujeres (maestras, madres, esposas, hijas por supuesto) y queridas compañeras de andadura, compartiendo pareceres y mirando desde esta óptica nuestra tan necesaria. Hoy tuve oportunidad de ser parte de un interesante debate waseado con otro grupo de amigas donde hemos cruzado miradas y que también ha estado marcado por muchos silencios (lo cual es normal ante un tema tan controvertido socialmente, ¡qué ironía!). Y la guinda la pusimos con un encuentro virtual nuestra pequeña tribu de hermanas, conectando Argentina, Uruguay, Cataluña y Andalucía a través de unos lazos tan fuertes que las emociones viajan por ellos veloces e intensas. Reconfirmo que no hay fronteras, que nada nos separa si nosotros no queremos, que somos unidad.


“El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal.” Simone de Beauvoir
 
Estas mujeres visibles hoy en los medios, en la política sobre todo, en algunas empresas, no son las mujeres que necesita nuestra civilización. No necesitamos mujeres enmascaradas que repitan consignas de hombres, desconectadas de su naturaleza femenina, ajenas a sus ciclos y renunciando a sus necesidades reales para terminar generando un campo de insatisfacción. No queremos seguir perpetuando los valores del patriarcado porque van contra nuestra naturaleza y eso duele mucho, nos destroza por dentro, y destroza a nuestros hijos.

Tenemos que dar gran salto, un salto cuántico que consiste en hacer algo diferente en lo cotidiano. Así de simple. ¿Y cómo se hace esto? Ampliando conciencia. ¿Cómo? Arriesgándonos, atreviéndonos a adentrarnos en nuestra sombra, en territorio desconocido, lanzándonos a la indagación, siendo capaces de cuestionar las consignas que nos han grabado a fuego, cuestionar a nuestras santas madres, a nuestros devotos padres, a la bendita tradición judeo-cristiana, a la sagrada educación. Cuestionarlo todo no desde el juicio sino desde la sana reflexión del que ve, conoce, aprende y luego se expresa y hace en consecuencia, mirando por el respeto mutuo.


“Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres una mujer desesperada y perpleja que siente que se está ahogando y otra que salta a la acción, como si fuera un escenario, disimulando sus verdaderas emociones porque ellas son la debilidad, la impotencia, la desesperación y presenta al mundo sólo una sonrisa, ímpetu, curiosidad, entusiasmo, interés.Anaïs Nin

Me inclino y agradezco (como hace la autora de este precioso artículo al que llegué gracias a mi amiga Rocío) los pasos de todas esas mujeres que me precedieron, las de mi linaje y las otras, porque todas ellas contribuyeron a la mujer que hoy soy. Bendigo y doy las gracias a todas las hermanas del alma que tengo a mi alrededor, porque sin ellas mi caminar sería infinitamente más pesado y pobre. Alabo y sostengo a nuestras hijas, y a las hijas de nuestras hijas y a todas las que están por venir después, porque sé que lo harán de la mano de tantos hombres hermosos que caminarán junto a ellas, ni por arriba ni por debajo, sino al lado.

Hace un tiempo una querida cliente, Amparo, me regaló un texto que a su vez yo he regalado a muchas mujeres y al que le he dado un lugar privado pero muy visible en casa para tenerlo presente a diario. Desconozco el origen así que siento no aportar la fuente, pero quiero compartirlo aquí porque es una belleza y porque es la pura verdad.

Va por toda la humanidad:

“Alguna vez las mujeres nos importamos...
Alguna vez las mujeres nos respetamos...
Alguna vez las mujeres caminamos juntas...

Alguna vez las mujeres nos encontramos y nos escuchamos.
Y fuimos brujas y fuimos magas.

Nos tomamos de la mano y mezclamos luz de luna.
Corrimos desnudas y nos vestimos de viento sur.
Bebimos del mismo néctar y nuestros cabellos danzaron juntos.

Alguna vez nuestra loba fue salvaje y libre.
Avanzaba según los tambores ancestrales
de ritos profanos y por eso sagrados.
Se llenaban de gozo nuestros cóncavos
y las caderas giraron al son del agua.

Alguna vez... Aullamos juntas...

Un eco solidario surcó alguna vez y sopló la tierra.
Fuimos una misma raíz que se arraigó en lo profundo.
Nuestros críos bebieron de nuestra leche.
Nuestra sangre fertilizó los campos.
Nuestros amores nos vieron como el opuesto complementario.

Pero los patriarcados y los libres mercados
y los moralistas y los maníacos
y los tecnócratas y los políticos
y las invasiones y las guerras
han roto el círculo.
Han hecho de olvido la memoria
y Venus cae día a día
y el cáliz se transforma en espada
y la sabiduría atávica se convierte en fálica,
y las vaginas secretan lágrimas
y nuestro arcano se esfuma.

La Madre Tierra grita por sus hijas.
Cuela sus raíces y se les adhiere en los pies.
Los úteros claman su vuelta a lo profundo.

Allí donde se esconden nuestras abuelas.
Allí donde se está a salvo de todo peligro.
Allí donde comienza el universo...”

 
 

 

"Amo a los hombres
y les canto.

Amo a los jóvenes
desafiantes jinetes del aire,
pobladores de pasillos en las Universidades,
rebeldes, inconformes, planeadores de mundos diferentes.
Amo a los obreros,
esos sudorosos gigantes morenos
que salen de madrugada a construir ciudades.
Amo a los carpinteros
que reconocen a la madera como a su mujer
y saben hacerla a su modo.
Amo a los campesinos
que no tienen más tractor que su brazo
que rompen el vientre de la tierra y la poseen.
Amo, compasiva y tristemente, a los complicados
hombres de negocios
que han convertido su hombría en una sanguinaria
máquina de sumar
y han dejado los pensamientos más profundos, los
sentimientos más nobles
por cálculos y métodos de explotación.

Amo a los poetas -bellos ángeles lanzallamas-
que inventan nuevos mundos desde la palabra
y que dan a la risa y al vino su justa y proverbial importancia.
que conocen la trascendencia de una conversación
tranquila bajo los árboles,
a esos poetas vitales que sufren las lágrimas y van
y dejan todo y mueren
para que nazcan hombres con la frente alta.
Amo a los pintores -hombres colores-
que guardan su hermosura para nuestros ojos
y a los que pintan el horror y el hambre
para que no se nos olvide.
Amo a los solitarios pensadores
los que existen más allá del amor y de la comprensión sencilla
los que se hunden en titánicas averiguaciones
y se atormentan día y noche ante lo absurdo de las respuestas.

A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana,
con un amor que es más grande que yo toda,
que me supera y me envuelve como un océano
donde todo el misterio se resuelve en espuma...

Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.
A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,
a la que se levanta de noche a ver a su hijo que llora,
a la que llora por un niño que se ha dormido para siempre,
a la que lucha enardecida en las montañas,
a la que trabaja -mal pagada- en la ciudad,
a la que gorda y contenta canta cuando echa tortillas
en la pancita caliente del comal,
a la que camina con el peso de un ser en su vientre
enorme y fecundo.
A todas las amo y me felicito por ser de su especie.
Me felicito por estar con hombres y mujeres
aquí bajo este cielo, sobre esta tierra tropical y fértil,
ondulante y cubierta de hierba.
Me felicito por ser y por haber nacido,
por mis pulmones que me llevan y me traen el aire,
porque cuando respiro siento que el mundo todo entra en mí
y sale con algo mío,
por estos poemas que escribo y lanzo al viento
para alegría de los pájaros,
por todo lo que soy y rompe el aire a mi paso,
por las flores que se mecen en los caminos
y los pensamientos que, desenfrenados, alborotan en las cabezas,
por los llantos y las rebeliones.
Me felicito porque soy parte de una nueva época
porque he comprendido la importancia que tiene mi existencia,
la importancia que tiene tu existencia, la de todos,
la vitalidad de mi mano unida a otras manos,
de mi canto unido a otros cantos.
Porque he comprendido mi misión de ser creador,
de alfarera de mi tiempo que es el tiempo nuestro,
quiero irme a la calle y a los campos,
a las mansiones y a las chozas
a sacudir a los tibios y haraganes,
a los que reniegan de la vida y de los malos negocios,
a los que dejan de ver el sol para cuadrar balances,
a los incrédulos, a los desamparados, a los que han
perdido la esperanza,
a los que ríen y cantan y hablan con optimismo;
quiero traerlos a todos hacia la madrugada,
traerlos a ver la vida que pasa
con una hermosura dolorosa y desafiante,
la vida que nos espera detrás de cada atardecer
-último testimonio de un día que se va para siempre,
que sale del tiempo y que nunca volverá a repetirse-.
Quiero atraer a todos hacia el abrazo de una alegría que comienza,
de un Universo que espera que rompamos sus puertas
con la energía de nuestra marcha incontenible.
Quiero llevaros a recorrer los caminos
por donde avanza -inexorable- la Historia.
Porque los amo quiero llevarlos de frente a la nueva mañana,
mañana lavada de pesar que habremos construido todos.

Vámonos y que nadie se quede a la zaga,
que nadie perezoso, amedrentado, tibio, habite la faz de la tierra
para que este amor tenga la fuerza de los terremotos,
de los maremotos,
de los ciclones, de los huracanes
y todo lo que nos aprisione vuele convertido en desecho
mientras hombres y mujeres nuevos
van naciendo erguidos
luminosos
como volcanes...

Vámonos
Vámonos
Vámonoooos!!!"



Gioconda Belli

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