09
Jul.
2014
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com.

De retos y límites

'Maping the internet', de Barret Lyon, parte de su proyecto The opte project


A algunas personas les gusta la nieve, a otras escalar montañas o recorrer valles. A mí siempre y por encima de todo me ha gustado el mar. En invierno y en verano, para sumergirme en él o para contemplarlo. El mar se puede escuchar, ver, tocar, degustar, oler e incluso presentir.

Recuerdo aquellos viajes interminables (porque se hacían largas aquellas carreteras, en aquellos coches, y porque la excitación por llegar a la playa era demasiado intensa y casi que no podíamos esperar mi hermano y yo para pisar la arena y zambullirnos en el agua) en los que le preguntábamos a mi padre mil veces si quedaba mucho para llegar, y en algún momento del trayecto él nos decía: “¡Ya puedo oler el mar! ¿Lo oléis vosotros?”. Y creo que sí lo olíamos, o tal vez eran sólo nuestras inmensas ganas de llegar a él...

Yo supe siempre, porque lo sentía, que quería vivir cerca del mar, a pesar de venir de una ciudad de interior, encantadora y con mucha historia. Para mí el mar tiene aún mucho más que contar que las piedras centenarias, y aunque no son comparables ni tampoco tengo por qué elegir, la fuerza de las mareas y de las olas tira más de mí que las civilizaciones de las que sé que provengo.

Luego la vida sigue su curso, crecemos, nos reinventamos y consecuencia de los giros y rutas que tomamos me encuentro de la mano de alguien que también decide vincularse de una manera muy especial con el mar, haciendo de ese vínculo su modo de vida, uno que paga facturas pero que sobre todo nos abre los ojos y las puertas a un universo inmenso de posibilidades, tantas como océanos hay en el mundo, conectadas con las islas, los países y los pueblos que se encuentran al otro lado.

Así que mi Capitán yo andábamos recorriendo atlas (nos regalamos uno las pasadas navidades, por cierto) para localizar parajes lejanos donde se vivan veranos eternos al aire libre y rodeados de mar. Afinamos los oídos a la conquista de noticias sobre personas que pudiesen mostrarnos entradas a estos lugares. Soñamos con el día en el que tengamos nuestro propio hogar flotante y poder desplazarnos en él de puerto en puerto, de cala en cala, viviendo con lo imprescindible, atentos a vientos y mareas, cambiando tal vez de vistas y de vecinos cuando nos vaya apeteciendo, descubriendo nuevos puertos y nuevas costumbres.

Ahí andábamos dándole definición a nuestro sueño, pensando también en las dificultades que podría suponer: la itinerancia, el estar sujetos a la climatología, la fortaleza física y mental, la falta de espacio, y sobre todo, el desapego, de cosas y sobre todo de las personas que queremos. Un cóctel complejo de digerir, o así me lo parecía, hasta que una noche, sin saber muy bien cómo, dimos con un programa en la televisión que nos hizo cambiar de perspectiva. O más bien, el programa dio con nosotros...

Narraba en casi una hora las peripecias vividas durante más de 50 días por un grupo de aventureros embarcados en unas naves muy básicas. Las había de 5, de 2 y hasta de un tripulante sólo. El reto consiste en zarpar bien equipados desde la Gomera en las Islas Canarias y atravesar el Atlántico en el menor tiempo posible, sin escalas en tierra, para llegar al puerto de Antigua, en el mar Caribe dos meses después. Sin atracar en puerto, sin salir de la pequeña embarcación, solventando las dificultades sobre la marcha, lidiando con los elementos y sobre todo, practicando un entrenamiento mental potentísimo que les permitiera seguir adelante sin perder de vista su objetivo.

 



Me quedé fascinada con las historias de superación de estos tripulantes. ¿Qué les lleva a comprometerse en una aventura así? ¿Cuál es su motivación? ¿De dónde sacan la fortaleza física y mental para vivir plenamente cada día bajo circunstancias tan complicadas y rindiendo tanto como les es posible? Si navegan en parejas o en equipos, el otro depende de ellos para continuar. Para el que lo hace solo, su supervivencia depende de ese empuje continuado.

El ser humano es capaz de los retos más increíbles y cuando descubro a personas así me doy cuenta de que nuestras capacidades y nuestros recursos no tienen límites. O, mejor dicho, somos nosotros los que establecemos esos límites. Cuando decidimos, movidos por lo que sea, subir la vara de medir un poquito, nos sorprendemos siendo capaces de elevarnos hasta la altura de nuestro objetivo; por muy alto que nos pareciese estar en un principio, si nos ponemos a ello, lo logramos.

El mundo está lleno de ejemplos, conocidos y anónimos. Hace unos días sin ir más lejos disfrutaba también de esta liga tan especial y de cómo personas que han sido literalmente carne de cañón encuentran en el deporte una salida a su nueva realidad, un modo de vincularse con la vida y de reconquistar la ilusión.

Todo es susceptible de ser modificado a través de nuestra actitud. No hay nada que no podamos cambiar si cambiamos eso. Lo único que necesitamos es conciencia para darnos cuenta de ello, humildad para ser capaces de ver nuestras limitaciones y voluntad para superarlas y hacer efectivo el avance.

Si queremos cruzar el Atlántico para descubrir el Caribe, encestar canastas desde una silla de ruedas, escribir un libro, recorrer el mundo con poco dinero o montar el negocio de nuestros sueños, hay tres preguntas que debemos hacernos y contestarnos honestamente:

¿Qué es lo que realmente quiero?

¿Para qué lo quiero?

¿Qué necesito para hacerlo posible?


Un propósito, una razón de ser y un plan de acción. Con eso y con entusiasmo, el mundo no tiene fronteras.

Bueno sí, las que yo me ponga.



"Haz que tu vida sea
campana que repique
o surco en que florezca y fructifique
el árbol luminoso de la idea.
Alza tu voz sobre la voz sin nombre
de todos los demás, y haz que se vea
junto al poeta, el hombre.

Llena todo tu espíritu de lumbre;
busca el empinamiento de la cumbre,
y si el sostén nudoso de tu báculo
encuentra algún obstáculo a tu intento,
¡sacude el ala del atrevimiento
ante el atrevimiento del obstáculo!
"


Poema Palabras fundamentales, de Nicolás Guillén

Comentarios (2)

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Ivan Entusiasmado dice:

09/07/2014 - 11:43

Hermoso post Gloria. Yo también me sorprendo de la capacidad de resistencia que tenemos. Últimamente estoy viendo una serie americana de terribles pruebas de acceso a cuerpos de élite. En todas ellas hay que superar situaciones durísimas, que están más allá de lo que parece posible. ¿Qué es lo que lleva a conseguir eso? Yo sinceramente creo que es el ego.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

14/07/2014 - 15:24

Podría ser el ego, Iván, no me lo había planteado. Aún siendo así, en muchos casos me parece admirable. ¡Gracias por pasar!

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