17
Dic.
2014
8
com.

Qué hacer para ser infeliz

Cuento de Navidad Charles Dickens

Aquí un fotograma del Scrooge de Dickens retratado por los animadores de Zemeckis.


¿Conoces a alguien que, aparte de vivir cómodamente instalado en la queja, parece mostrarse infeliz por defecto, sistemáticamente? ¿Te preguntas cómo lo hace?

Hace unas semanas leía un artículo en inglés que me hizo sonreír en más de una ocasión, no sólo por reconocer en él a algunas de esas personas que yo también conozco y que me rodean, sino también y sobre todo, por reconocerme a mí misma.

Parafraseando el archiconocido título de Stephen Covey, el artículo habla de los 7 hábitos de las personas crónicamente infelices. Lo escribe Tamara Star (con ese nombre seguro que ella sí es feliz) y defiende que nuestra capacidad para ser felices está íntimamente relacionada con nuestra habilidad para cambiar y para adaptarnos a los cambios, siendo la diferencia entre una vida feliz o infeliz la frecuencia con la que nos instalamos en un lugar o en otro y durante cuánto tiempo nos quedamos ahí.

Los 7 hábitos que, según Tamara Star, las personas crónicamente infelices mantienen y alimentan son los siguientes:

1- Su creencia de base de que la vida es dura.

Muy dura, y hay que esforzarse por salir adelante. La vida es precisamente esfuerzo y sacrificio, un valle de lágrimas plagado de dificultades y peligros que atravesar. El victimismo es la tendencia a seguir en este escenario y la salida más airosa es siempre ese “mira lo que me ha pasado…”, poniendo la mirada afuera, y con ella, la responsabilidad individual, por supuesto. O más bien, según defienden, la culpa, que siempre es de otros y siempre está fuera. "¡Pobrecita de mí, si yo no puedo hacer nada al respecto!"


2- También creen que no se puede confiar en las personas.

Porque la gente es mala por naturaleza, sí, y van a por ti: o quieren hacerte daño o buscan sacar algún provecho. Actitud que lleva a cerrar puertas y ventanas pertrechándose ante el peligro que acecha, por lo que el círculo social y de interacción personal se hace muy pequeño y, por tanto, muy pocas personas tienen cabida en él.
 
O sea, que, de momento, venimos a penar y además, estamos prácticamente solos en este erial que es la vida. ¡Menudo invento!


3- Se concentran en lo que está mal.

¡Y vaya si tienen argumentos hoy en día para deleitarse! Es una capacidad alucinante de enfoque porque lleva a fijarse sólo y exclusivamente en lo que no funciona y además, lo pueden intuir, oler, percibir desde kilómetros de distancia, mediante un sexto o séptimo sentido extra-desarrollado, como si de un X-Men se tratara. Si la vista o la atención se despistan para distraerse en algo que no resulte pernicioso, enseguida rectifican con ese infalible “sí pero…” y ¡a seguir con su discurso!


4- Practican el compararse con otros y como consecuencia, sienten celos.

Evidentemente, las personas que se sienten tan desgraciadas y desdichadas piensan que en el reparto universal, alguien se llevó la porción de dicha que a ellas les correspondía por derecho. No hay suficiente de todo lo bueno como para repartir entre todos, eso es así. Simplemente no lo hay. La escasez de bonanza y de bondad es la tónica de la vida y los que han recibido más de ellas cuentan con el acceso a todas las posibilidades. ¡Cómo no sentir celos y resentimiento ante esta injusticia de magnitud bíblica! ¡Señalados por la mala fortuna desde la cuna! ¡Condenados! Sin nada que poder hacer al respecto debido a sus limitadísimas posibilidades. El beneficio del otro es su perjuicio. ¡Malditos!


5- Se esfuerzan por controlar sus vidas, o no las controlan en absoluto.

Aquí pueden estar los que establecen su plan al milímetro, uno que debe cumplirse tal cual lo diseñaron, de lo contrario, ¡drama! Porque no hay espacio para cambios ni puede hacer entrada la flexibilidad. El control absoluto es la clave y controlarlo todo al detalle es realmente agotador, por supuesto, así que vivir es cansado, cansino y absolutamente fatigoso.

Además, como no confían en nadie y eso conlleva una dificultad inmensa para delegar, se afanan por controlar también lo que hace el otro, porque están convencidos de que no lo hará correctamente. Consecuencia: desgaste doble.

También están los que, amparados por la dureza y crueldad de la vida y su enorme dificultad, optan por pasar todo lo que pueden y más, dejándose llevar por el viento que sople en cada momento. Total, si al final se la van a jugar de igual manera, ¿para qué empeñarse en nada?


6- El futuro trae consigo miedo y preocupación.

Así que los pensamientos se cargan con todo lo que puede salir mal. Porque si puede ir mal, irá mal, ¡seguro! Y ante eso, ¿cómo no preocuparse, por favor? ¡Si es para preocuparse, como poco!

Además el miedo y la preocupación no sólo llenan la cabeza de ideas sino que también se sienten en el cuerpo, se viven, se experimentan, ¡se sufren! Se sienten en las carnes de uno, se cuelan hasta los huesos y no nos dejan estar. No hay nada que se pueda hacer. ¡Vivir es sufrir! Y entonces, nos enfermamos, por supuesto.


7- Cotillear y quejarse.

Dos herramientas clave de la persona crónicamente infeliz: se queja, se lamenta, critica, con una tendencia muy acentuada a quedarse en el pasado. Y cuando terminan de hablar de ellos mismos es turno de darle un repaso al otro.

No parece haber nada en el presente que les motive lo suficiente como para entregarse a ello y echarle ganas, y por supuesto, como ya hemos visto en el hábito anterior, el futuro pinta aún peor.


Tenéis que reconocerme, por favor os lo pido, que os veis reflejados en alguno (o en varios, o en todos) de los siete puntos. ¡No me dejéis sola en este sufrido darme cuenta! ¡Uniros a mí para reírnos un rato juntos de nosotros mismos! Por lo difícil que nos lo ponemos a veces y por lo mucho que nos equivocamos solitos, sin ayuda ni apoyo de nadie.

Llega la navidad y conecto, al releer el artículo del que arranca este post y al escribir esto, de ese maravilloso cuento de Charles Dickens que retrata a Scrooge (por cierto, su nombre significa ‘tacaño’ en inglés), un personaje que podría encajar de maravilla en estos siete lamentables hábitos.

También era bien dura la realidad de la época victoriana que Dickens refleja en esta novela corta y qué duda cabe que el público de entonces estaba necesitado de una visión más amable de la vida, un espacio para la bondad y el disfrute. La historia tuvo entonces un éxito apabullante, y las numerosas ediciones, reediciones y versiones que de ella nos han llegado son muestra de que lo que cuenta sigue vigente.

Tal vez la versión cinematográfica animada de Robert Zemeckis sea la última (2009), y es además un prodigio técnico y de belleza. Estaría bien volver a verla o mejor aún, releer a Dickens, y mirarnos en los ojos, en los gestos y en las palabras de Scrooge, a ver cuánto nos reconocemos en él. Porque es fácil ver la paja en el ojo ajeno, pero intuir la viga en el nuestro ya es otra historia, ¿verdad?

El consuelo final radique tal vez en que Scrooge, gracias a un poquito de ayuda del otro mundo, toma conciencia de su realidad y descubrimos que no es tan indeseable. Todo termina saliendo bien.

Y si no sale bien, como dicen en El exótico Hotel Marigold, es porque no es el final.

 

“Éste es el libro de lo imaginario puro con algo de absurdo,
contando con que lo absurdo no puede ser tonto, ni taimado,
ni avieso.

Aquí están realizadas todas las pesadillas y venganzas ideales,
después de rotos innumerables borradores de otras tantas.

Y aunque es tan diverso el resultado, yo tengo que exclamar
ante los antagonistas como final de este introito: ‘¡Amigos, se
hizo lo que se puedo, no los pude inventar mejores!’

La vida son estos divertimentos y después está el Cielo, pero
ésa es otra inmensa cosa”.


(‘Breve prólogo’
de Ramón Gómez de la Serna a sus Caprichos)

Comentarios (8)

Imagen de Ivan

Ivan dice:

17/12/2014 - 11:20

Me reconozco en alguna de esas cosas Gloria. Mea culpa, Habrá que seguir mejorando. Me parece muy interesante la entrada porque ver así esos 7 pecados capitales nos hace más conscientes de ellos.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

17/12/2014 - 11:32

¡Gracias, Iván, por participar y por ser honesto! ¡Qué alivio saberte también 'pecador' a veces! ;-) Mal de muchos... A mí me consuela no sentirme sola en mi torpeza.
Imagen de Minimo Da Vinci

Minimo Da Vinci dice:

17/12/2014 - 13:56

Gran artículo Gloria. Afortunadamente no me siento identificado con ninguno de esos hábitos, sin embargo he de admitir que en momentos de flaqueza he cedido ante la tentación de alguno de ellos.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

17/12/2014 - 18:05

¡Vaya, Minimo, me quito el sombrero! En cualquier caso, la tentación te hace más humano ;-) Gracias por pasar por aquí y bienvenido, ¡siempre!
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ILUMINADA dice:

18/12/2014 - 08:52

Sí, sí sí... También soy yo. Mi consuelo: he sido antes así, ahora quiero ser otra cosa. En eso estoy... Otra recomendación cinematográfica para ver esto que escribes: "La misión" . Y una poesía más La pantera Rainer M. RILKE (En el Jardin des Plantes de Paris) Sus ojos están tan cansados de ver pasar los barrotes, que ya nada retienen. Le parece que hubiera mil barrotes y tras los mil barrotes ya no hubiera mundo. El blando andar de sus pies fuertes y elásticos, que van trazando un círculo minúsculo, es como una danza de fuerza en torno a un centro en el que una gran voluntad se alza embotada. Sólo a veces el telón de las pupilas se levanta en silencio. Y entra una imagen, cruza la tensa calma de sus miembros y al llegar al corazón deja de ser.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

18/12/2014 - 14:43

¡Amiga, me encanta 'La misión'! Y gracias por ese poema de Rilke, que no conocía. Pues sí, en ésas estamos: apartándonos de los barrotes... ¡Abrazo enorme, amiga!
Imagen de Anuska

Anuska dice:

18/12/2014 - 09:20

Por supuesto que me veo identificada, Gloria. No siempre, ni con todos los puntos pero sí que he caído en la trampa una y otra vez. Además me ocurre que cuando creo que he superado alguno de ellos,la vida me da un pescozón y me demuestra que debo seguir trabajando en ello, ¿conseguiré salir de esta enorme espiral? ¡Estupendo artículo, Gloria! Gracias.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

18/12/2014 - 14:42

¡Gracias, Ana! Pues sí, yo creo que vamos recorriendo esa espiral de la que tú hablas hacia afuera, y que haciendo camino, nos vamos alejando del remolino de ese epicentro loco, hacia la claridad. ¡Por supuesto que sí! Gracias a ti, bonita. Un abrazo enorme.

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