01
Jul.
2015
0
com.

Que la fuerza te acompañe

Desconozco de dónde viene esta preciosa imagen de Darth Vader. Hace tiempo que la tengo archivada. Pido disculpas por no poder citar autoría.


Aunque yo era muy pequeña para ver una película del tipo que fuese cuando La guerra de las galaxias salió a la luz en 1977, y seguía siendo demasiado pequeña para ver El imperio contraataca en su estreno (1980) o incluso El retorno del jedi (1983), me recuerdo disfrutando de cada una de ellas, sentada en el patio de butacas de uno de aquellos enormes cines que entonces había en nuestras ciudades.

Ciertamente yo era pequeña para ir al cine entonces, y sólo al ponerme a escribir esto me doy cuenta de ello y me pregunto cómo es posible que pudiese ir a verlas. Tal vez las películas llegasen a España con algunos años de retraso (algo que ya no sucede ahora) o posiblemente entonces, con menos películas de estreno en cartel cada semana, los cines se permitían el lujo de proyectar cintas que ya tenían un tiempo. 
Luego además las alquilábamos en el video club del barrio para verlas en casa durante el fin de semana. Mi hermano y yo disfrutábamos muchísimo con aquellas aventuras interplanetarias, nos reíamos con las salidas de Chewbacca y de C3PO, alucinábamos con las habilidades de Han Solo al mando de El halcón milenario, con los recursos de los Ewocks y con la sabiduría y la especial sintaxis del gran maestro Yoda. Esos recuerdos los tengo almacenados. Existen y me traen muchas vivencias de aquellos momentos compartidos.

Han llegado luego otras sagas de ciencia ficción y fantasía, aunque para mí el universo de Star Wars no tiene parangón y sigue estando en el escalafón más alto del podio, a mucha distancia de las siguientes.

Ahora que llega el verano de nuevo, muchos pueblos y ciudades ponen en marcha una iniciativa que a mí me encanta: la de crear espacios abiertos y gratuitos en las plazas o en las playas en los que proyectar películas antiguas, ésas que no se ven en las salas comerciales porque allí domina la inmediatez de lo novedoso; así que los espacios mágicos a los que cada uno lleva su butaca, su manta para tumbarse en el césped o en la arena, sus bocatas y sus refrescos, estos lugares digo no son competencia para ningún multicines. Son la sala de estar improvisada de cualquier barrio, y como en cualquier sala de estar se escuchan otros sonidos, se habla o se comenta con el compañero, se interacciona mucho más que en el cine.

La saga Star Wars puede ser perfectamente uno de los contenidos que se proyecten en estos cines abiertos y gratuitos. A mí me fascina aún ver estas películas en gran parte por supuesto por los recuerdos y emociones de infancia que me traen, pero también, ahora que soy mayor, por revisar de nuevo a los personajes. Y por supuesto, si hablamos de Star Wars, por encima de todos está el enérgico y maligno Darth Vader, que a pesar de su maldad ciega (en principio eso es lo que nos parece), de tanto rencor, ira y ansias de poder, es para mí también bello, atractivo a más no poder, fascinante y profundo. Dicen a veces los escritores, guionistas y directores de cine que el personaje malvado resulta siempre tener mucho más gancho incluso que el héroe de la cinta; yo no sé si es siempre así pero en este caso estoy plenamente de acuerdo con esa afirmación.

Mi amigo Luca, que va a cumplir cuatro años este verano, ha descubierto Star Wars y a Darth Vader este invierno pasado y por supuesto, como muchos de nosotros, quedó fascinado también con él. Sin duda la influencia de unos padres que son también amantes de la saga tiene su peso, pues de entrada son ellos los que les cuentan las historias a sus hijos, les presentan a los personajes desde su particular punto de vista, con todas las resonancias emocionales que para ellos han tenido a través de los años. Así que me consta que los padres de Luca le hablaron una y mil veces del universo galáctico y de los alucinantes personajes que allí se dan encuentro, con el temible Darth Vader ejerciendo un poder sombrío sobre toda la galaxia.

Luca, como es de ley, sintió una fuerte atracción por “el negro”, como él lo llamaba. ¡No es para menos! Ese porte, el brillo de su uniforme-armadura, la volatilidad de su inmensa capa, la fuerza con la que se expresa, su voz profunda y firme, esa inquietante respiración que se intuye por entre las rejillas de un casco que nos impide ver su cara, su pasado y las vivencias que lo han llevado a ser tan duro, tan cruel, tan sombrío y ambicioso a costa de todo y de todos…

Y Luca dejó de amar tanto a Darth Vader cuando lo vio luchar con Luke Skywalker. “Un papá no puede pelear con su hijo ni hacerle daño así”, dijo. Y tiene razón mi amigo Luca. Seguramente a él le resulta incomprensible imaginarse a su padre, que tanto juega con él a todo y que tanto lo quiere y se lo demuestra a diario, luchando encarnizadamente en serio contra él para destrozarle. Así que desde su fundamentado entendimiento, no concibe que Darth Vader pueda ser maligno hasta ese punto. Y a mí me parece precioso que Luca lo sienta así. Ya tendrá tiempo de ver las precuelas-secuelas de la saga y podrá ir entendiendo algo más cómo funciona cada personaje y qué lo lleva a ser como es. En la ficción y en la vida real. Porque siempre tenemos nuestra razón de ser los personajes…

El pasado invierno leía este artículo sobre un niño de 7 años que estaba totalmente fascinado por Stars Wars. Tanto, que de mayor quería ser Jedi. Pero había un inconveniente a su parecer que le dificultaba el camino a su sueño: los caballeros Jedi no puede contraer matrimonio, y él tiene muy claro que quiere casarse, así que no entiende por qué un Jedi tiene que hacer este sacrificio tan grande; debería poder hacer las dos cosas. Seguro que animado y apoyado plenamente por sus padres (es evidente que son fans e instigadores), el joven Colin le escribe de puño y letra una sencilla y bellísima carta a George Lucas:




“Querido George Lucas

No me gusta que un Jedi no pueda casarse. Yo quiero casarme sin tener que convertirme en un Sith. Por favor, cambia esta norma.
P.D.: Quiero visitar el rancho Skywalker, por favor.

Con cariño, Colin”


Me parece de una inocencia y una dulzura tan puras que me emocionan.

Seguramente ni Colin ni sus padres esperaban que desde Lucasfilm les contestaran a su misiva. Pero lo hicieron. Y además de todos los presentes que les enviaron (fotos, pegatinas, comics…) escribieron una carta que me parece la respuesta mágica que este niño de 7 años estaba necesitando para continuar con su sueño y con sus ilusiones, creciendo empoderado y entusiasmado con lo que lo mueve:



“Hola Colin,

Muchísimas gracias por escribirnos con tu duda. Parece que la Fuerza es muy potente en ti y demuestras gran sabiduría al hacer esa pregunta. Ser un Jedi significa conocer de verdad el sentido de la amistad, la compasión y la lealtad, y éstos son todos valores muy importantes en un matrimonio. Los Sith piensan hacia adentro, sólo en ellos mismos. Cuando encuentras a alguien con quien puedes conectar de un modo desinteresado, entonces estás en el sendero de la luz y el lado oscuro no puede atraparte. Con esta bondad en tu corazón, tú podrás contraer matrimonio.

Te adjuntamos algunos regalos que esperemos te gusten. Gracias de nuevo por escribirnos.

¡Que la Fuerza te acompañe!

Con aprecio,

Tus amigos de Lucasfilm”



Ése es el tipo de respuesta que un niño como Colin, como Luca o como yo misma desearíamos recibir de alguien a quien genuinamente le lanzamos una pregunta, con quien decidimos compartir una inquietud, una duda, una ilusión. Una respuesta que nos siga abriendo los ojos, la mente y el corazón, que sea inclusiva y deje espacio para continuar soñando y construyendo, no sólo nuestra realidad sino sobre todo esa persona en la que nos estamos convirtiendo.

Claro que antes los niños necesitamos saber y sentir que esa interacción es posible, que esos referentes (ya sean padres, maestros, amigos, mentores) están ahí disponibles para nosotros y por tanto podemos acercarnos a ellos por el medio que sea porque vamos a ser escuchados, tenidos en cuenta, amparados. Nuestras dudas o temores van a ser valorados en su medida y se van a tomar en serio, reforzando así en nosotros una autoestima, una fortaleza personal que está en construcción y cuya firmeza dependerá de cómo esos adultos a nuestro cargo nos apoyen en cada momento. Especialmente en esos momentos en los que nos sentimos frágiles, doloridos, necesitados. Pero también cuando sentimos que hemos hecho algo bien, que nos salió bonito, recibiendo la felicitación y la alabanza que nos merecemos por nuestro avance, independientemente de lo pequeño o lo enorme que nos pueda parecer a pequeños o a mayores.

La metáfora del lado oscuro y el sendero luminoso, la dualidad entre los Jedi y los Sith, el enfrentamiento entre el padre y el hijo no son más que maneras de explicar de un modo literario:

* la lucha real que se da en el interior de cada uno de nosotros

* la necesidad de buscar apoyos y referentes para crecer y ser capaces luego de dilucidar (luchar) por nosotros mismos

* la importancia de los maestros-mentores en el camino para entrenarnos con ellos y salir luego solos a la vida para integrar aprendizaje (y los maestros a veces pueden ser pequeños, extraños, pueden parecer poco capaces a simple vista, como Yoda, pero en su interior son fuentes inagotables de sabiduría y fortaleza a nuestra disposición, si sabemos ver la grandeza que encierran y que están dispuestos a desplegar para nosotros)

* la belleza de contar con una tribu de incondicionales (amigos, pares, compañeros) en los que apoyarnos y con los que planear aventuras que nos lleven a lograr nuestros objetivos y sueños

* la profundidad de las emociones que van sorprendiéndonos por el camino y que aprendemos a reconocer sobre la marcha

* el interés y la atracción por los universos (realidades) diferentes y a la vez paralelos al nuestro, donde otros seres hacen de diferentes formas y donde también hay siempre peligros pero también maravillas por descubrir…


Para mí la Fuerza es precisamente la autoestima bien fundamentada, una auto-creencia firme y consistente, la capacidad de confiar en nosotros mismos y en nuestras habilidades, conociendo la verdad que en nuestro interior subyace, siendo conscientes de todo aquello con lo que contamos; cultivar y estar abierto y receptivo a la Fuerza significa darse cuenta, percibir, intuir, ser capaz de ver con claridad y amplitud, porque esa apertura nos trae autenticidad y cuando algo es genuino, verdadero y claro entonces nos hace sentido, encaja, lo podemos integrar, y así seguir construyendo nuestra realidad como un todo coherente, respetuoso con cada una de sus partes, anclado en la sabiduría profunda y en el respeto a todo lo que es.

Es valiosísimo abrir las puertas y las alas de la imaginación de nuestros niños para que puedan aprender a través de personajes arquetípicos y metáforas estas lecciones vitales. Es básico que los adultos podamos acompañar a nuestros niños en ese camino suyo de descubrimiento y aprendizaje. Si somos ya niños grandes y nos damos cuenta de que nos faltó ese apoyo en su momento, no importa: aún estamos a tiempo, siempre hay lugar para abrir nuestras alas y salir a volar libres, sin restricciones ni ataduras, aventurándonos en este mundo de la imaginación.
Seguiremos encontrando maestros y compañeros por el camino y con su ayuda, nosotros mismos podremos darle forma a los cimientos de nuestra debilitada autoestima o fortaleza personal.

Jamás es tarde para soñar y para planear una aventura, para darle forma a una idea y hacerla realidad paso a paso. Obstáculos siempre nos asaltarán en el camino, al igual que toparemos también con aliados que se pondrán de nuestra parte.

Ni la niñez ni el desarrollo de la imaginación terminan nunca, igual que la construcción de nuestra autoestima es un tesoro que reconquistamos a diario con cada paso que damos. Lo que no estuvo, lo que nos faltó, quedó atrás, en el pasado. Ahora se nos abre un universo nuevo de posibilidades para fortalecernos a nosotros y para acompañar y empoderar a nuestros niños como ellos se merecen.


“Esos recuerdos con olor de helecho
Son el idilio de la edad primera.
G.G.G.


Con el recuerdo vago de las cosas
que embellecen el tiempo y la distancia,
retornan a las almas cariñosas,
cual bandadas de blancas mariposas,
los plácidos recuerdos de la infancia.

¡Caperucita, Barba Azul, pequeños
liliputienses, Gulliver gigante
que flotáis en las brumas de los sueños,
aquí tended las alas,
que yo con alegría
llamaré para haceros compañía
al ratoncito Pérez y a Urdimalas!

¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos
donde la idea brilla,
de la maestra la cansada mano,
sobre los grandes caracteres rojos
de la rota cartilla,
donde el esbozo de un bosquejo vago,
fruto de instantes de infantil despecho,
las separadas letras juntas puso
bajo la sombra de impasible techo.

En alas de la brisa
del luminoso Agosto, blanca, inquieta
a la región de las errantes nubes
hacer que se levante la cometa
en húmeda mañana;
con el vestido nuevo hecho jirones,
en las ramas gomosas del cerezo
el nido sorprender de copetones;
escuchar de la abuela
las sencillas historias peregrinas;
perseguir las errantes golondrinas,
abandonar la escuela
y organizar horrísona batalla
en donde hacen las piedras de metralla
y el ajado pañuelo de bandera;
componer el pesebre
de los silos del monte levantados;
tras el largo paseo bullicioso
traer la grama leve,
los corales, el musgo codiciado,
y en extraños paisajes peregrinos
y perspectivas nunca imaginadas,
hacer de áureas arenas los caminos
y del talco brillante las cascadas.

Los Reyes colocar en la colina
y colgada del techo
la estrella que sus pasos encamina,
y en el portal el Niño-Dios riente
sobre el mullido lecho
de musgo gris y verdecino helecho.

¡Alma blanca, mejillas sonrosadas,
cutis de níveo armiño,
cabellera de oro,
ojos vivos de plácidas miradas,
cuán bello hacéis al inocente niño!...

Infancia, valle ameno,
de calma y de frescura bendecida
donde es süave el rayo
del sol que abrasa el resto de la vida.
¡Cómo es de santa tu inocencia pura,
cómo tus breves dichas transitorias,
cómo es de dulce en horas de amargura
dirigir al pasado la mirada
y evocar tus memorias!”


(Poema Infancia, de José Asunción Silva)

Añadir nuevo comentario