05
Ago.
2015
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com.

Prohibido leer

Sweet Jenny bursting with music, de Nikki Smith  (© Copyright 2014 by Nikki Smith. All Rights Reserved)


Como parte de un proceso de rehabilitación creativa (El camino del artista, de Julia Cameron) me tocó hace unos días privarme a mí misma de la lectura durante ni más ni menos que una semana. Completa, con sus 7 días y sus 7 noches. 168 horas sin leer nada más que los mensajes instantáneos que mi familia y amigos iban enviando (de eso no he querido privarme, aunque sí limité la participación, para extender el trabajo algo más incluso; cuando yo me pongo, me pongo).

Esto puede parecer banal para muchos, fácil para la mayoría. Para mí supuso, por orden cronológico de percepción, un rebelde enfado al comienzo, una pesada losa después y un enorme reto durante los días que ha durado la severa prohibición. Al final, tremenda satisfacción.

Lo primero que hice fue prescindir de los libros, y eso justocuando estaba en mitad de uno que me tenía completamente enganchada. Claro que, como también proponía el proceso de rehabilitación durante esos días, tenía que mantenerme atenta a las sincronicidades
primero para afinar la vista, el oído y el olfato en esta habilidad y después, para buscarles sentido.

¿Y qué percibí? Pues que el libro que estaba leyendo con fruición, volumen 1 de 2, y que había sacado prestado de la biblioteca local, lo tenía que haber devuelto justo una semana antes. ¡Me equivoqué de fecha, por primera vez en mi vida, después de ser usuaria activa de bibliotecas varias durante 25 años! Consecuencia: penalización de una semana sin poder llevarme a casa otros libros. ¡Y yo en mitad de una guerra civil, de un trío, de un hijo que descubre quién es su padre…! El volumen 2 tiene que esperarme unos días más, no hay otra…

La primera sincronicidad me da en toda la cara: como no puedes leer, olvídate de la biblioteca durante una semana. ¡Fantástico! El Universo planeando a mi favor para facilitarme el camino.

En seguida caí en la cuenta de que leer también lo hago, y mucho además, en internet: los blogs que sigo, las noticias de periódico que consulto, los tuits que devoro, los post en Facebook… ¡Todo eso también es leer, no puedo hacer trampa! ¡No quiero! Así que el Universo de nuevo hace sus movimientos y consigue que mi ordenador se ponga en huelga reclamando unas merecidas vacaciones. ¡No me lo puede poner más fácil! Está el teléfono inteligentísimo, sí, pero no me gusta leer en él así que, me rindo y me abrazo en cuerpo y alma a la privación de lectura como método terapéutico, a ver en qué resulta…

Pasaron los 7 días, claro, todas esas 168 horas, y una vez levantada la prohibición me doy cuenta de que he podido sobrevivir sin mayor dificultad a tan enorme reto.

Hubo momentos en los que me dije a mí misma “y si no leo, ¿qué hago ahora? Este es mi rato de lectura”. Sin embargo me entregué encantada a otras tareas que disfruté mucho e incluso muchísimo, algunas que hacía años que no me permitía. ¡Y me gustó tanto que aún no me he puesto a leer! Lo que sí me he propuesto a partir de ahora es hacer espacio en mi rutina cotidiana para algunas de esas actividades hasta ahora abandonadas o incluso desconocidas, diversificando mi tiempo y mi dedicación, y mucho más atenta a las sincronicidades, por supuesto.

También me he propuesto pasar menos tiempo delante de mi ordenador, ahora prestado (confiando en que el mío vuelva renovado a casa cuando sea su momento), así que los artículos de agosto van a venir más livianos y relajados, que es justo lo que me está pidiendo la Vida que haga ahora.

¿Quién soy yo para llevarle la contraria a la Vida cuando sé que ella siempre se sale con la suya? Mejor tenerla de mi lado, o más bien ponerme yo del suyo, pues ella es la poderosa. O fluyo o pierdo la salud en el intento.

En esta ocasión opto por fluir. ¿Y tú?


 

“Algo fluye cuando ya nada se agita.
Y su paso inadvertido por las tinieblas que duermen con nosotros
trocará en una luz exasperada cuanto de ciega tiene la miseria.
Desde el fondo, pozo o pantano de números,
donde hostigados por el mundo y sus miles de cabezas
caímos quince lenguas dentro de la carne,
algo que sólo puede tocarse munido de los guantes de la desesperación,
algo fluye, cuando creemos que ya nada se agita.
Obliga al dolorido músculo del corazón
y al cerrado hueso de la mente
a comer y beber, aún dentro de sus celdas.
Es una fuerza que nos lleva rudamente de la mano
e inventa un camino de color insólito,
por donde huimos desnudos de los ciegos.
Obediente, ella agitará los párpados de los muertos
y hará huir a la mosca-heraldo, que espera paciente,
colgada de la gula.
Colgará de nuevo el sol, cuando la luna caiga.
Podremos verla latir en medio de nuestras negras sombras,
aún cuando boquiabiertos, observemos día a día
pasar nuestros propios funerales.
Algo fluye cuando ya nada se agita.
Por su gracia habrá fruto en las flores marchitas
(su magia gruñirá en la vértebra)
lanzará por el aire ancianos y guadañas con pasos de diluvio;
nuestras jóvenes canas se ennegrecen,
ante el silbato de plata besado a último momento
con manos temblorosas que arrojan al viento de los lechos.
Y cuando nuestros pálidos huesos
den fuerza y vigor a las margaritas, aún palpitarán
desde la tumba.
Porque algo fluye, cuando creemos que ya nada se agita.”



(Poema Algo fluye cuando ya nada se agita, de Luis Benítez)

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