24
Sep.
2014
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com.

Plantadores de semillas

Seeder, muestra de arte callejero de la mano de Morfai en Lituania.



¿Quiénes de vosotros tenéis plantas en casa o incluso árboles o un jardín de las dimensiones que sea?

En cualquier caso, todos y cada uno de nosotros, si me seguís en esta analogía a la que os invito pasar, somos jardineros de una o de otra manera.

A mí se me han muerto algunas plantas, a veces porque me pasé de cuidados, otras porque me quedé corta en atenciones; siempre por ignorancia o desconocimiento. En ocasiones el fallecimiento me ha pesado muchísimo y me he sentido incapaz e irresponsable. Otras me he podido dar cuenta de los aciertos y de los errores que cometí y eso me sirve para ampliar mi sabiduría al respecto, así que en la siguiente ocasión llevo un extra en mi equipamiento. En ocasiones me derrumbé ante el fracaso e incluso me negué a comenzar de nuevo, para ahorrarme todo el trabajo anterior y la frustración posterior. Pero en breve me doy cuenta que un hogar sin plantas es un lugar más triste, más yermo, más monótono y deslucido.

Pero vayamos por partes…

Nuestra mente, tan eficaz y activa siempre, se las pasa trabajando a destajo cada minuto de cada día de nuestra vida, estemos despiertos o dormidos.

Las ideas bullen, los sueños nos asaltan, los proyectos se perfilan en ese torbellino de acción incansable que somos.

Algunos son más nítidos, otros bien borrosos. Unos los sentimos cercanos y factibles, otros lejanos y prácticamente imposibles de alcanzar. Y en todos los casos, una llamita muy cálida y persistente se queda encendida en la retaguardia, recordándonos que justo ahí, en ese punto tan concreto y diminuto, habita una ráfaga de nuestro ser.

A menudo nos remangamos bien fuerte, nos atamos la manta a la cabeza y les metemos mano a ideas, sueños o proyectos. Entonces puede ser como tener unas cuantas muestras de semillas de flores y plantas de diversa procedencia, sin saber mucho de temporadas de siembra ni de cuidados específicos.

El entusiasmo es enorme, las ganas inmensas. Pensar en el nacimiento futuro de esas posibles flores que eclosionarán un día nos motiva tanto que nos aferramos a esa potencial idea de éxito. Entonces, a pesar de nuestras limitaciones y de las dificultades que podamos encontrarnos en el camino, nos ponemos a ello con acción y devoción, haciéndolo lo mejor que sabemos en ese momento.

Buscamos el mantillo y el abono, elegimos las macetas, colocamos las semillas con cariño, regamos y cuidamos cada día a esos generadores de sueños con dedicación y empeño. A veces el entusiasmo flaquea, aunque en seguida buscamos formas/excusas/razones para venirnos arriba, y así seguimos con nuestra labor de fieles jardineros de nuestros sueños.

Sembramos, sembramos, sembramos. Incasables, entregados. Sembramos y realmente no sabemos si esa semilla florecerá, si dará algún fruto, si será del color que pensamos, si aguantará los vientos del invierno o las brisas del verano, si perdurará en su ciclo de crecimiento o se marchitará a la primera de cambio. Puede que pensemos que ponemos el mismo empeño en todas y sin embargo, ¿cómo es que unas salen adelante y otras no? ¿De qué depende?

Las que florecen lo hacen porque así tiene que ser. Las que se quedan rezagadas también encuentran su razón para no existir, aunque nos pueda resultar trabajoso verlo, aceptarlo, y seguir. Todo el proceso nos sirve para continuar activos en nuestro trabajo, cultivando nuestro conocimiento, creciendo.

Y mientras tanto, el hervidero de ideas, la factoría de sueños continúa en funcionamiento permanente. Y llegan nuevas semillas a nuestro poder que nos traen nuevos aromas y colores de otras latitudes, ampliando nuestros horizontes e invitándonos una vez más a aventurarnos en otra andadura…

Dicho esto, ¿cómo anda tu particular jardín?


 


 

“Alza la mano y siembra, con un gesto impaciente,
en el surco, en el viento, en la arena, en el mar...
Sembrar, sembrar, sembrar, infatigablemente:
en mujer, surco o sueño, sembrar, sembrar, sembrar...

Yérguete ante la vida con la fe de tu siembra;
siembra el amor y el odio, y sonríe al pasar...
La arena del desierto y el vientre de la hembra
bajo tu gesto próvido quieren fructificar...

Desdichados de aquellos que la vida maldijo,
que no soñaron nunca ni supieron amar...
Hay que sembrar un árbol, un ansia, un sueño, un hijo.
Porque la vida es eso: ¡sembrar, sembrar, sembrar!”



(Poema Sembrar, de José Ángel Buesa)

Comentarios (2)

Imagen de Ivan Entusiasmado

Ivan Entusiasmado dice:

26/09/2014 - 11:51

Yo planto muchas semillas. Regarlas, no lo hago siempre. A veces se me olvida. Espero que llueva un poco, o me olvido, hasta que demasiado tarde voy a regarlas. Es cuestión de ir aprendiendo. Un saludo.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

26/09/2014 - 12:00

Suena a jardinero avezado, Iván. Aprendiendo. ¡Saludos de vuelta!

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