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Feb.
2015
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com.

Persona y personaje. Verdad y fraude

Tu ser esencial

Your true nature, de Christian Schloe.



El sábado pasado Antonio Banderas recogió en la gala de los Goya un premio honorífico por su trayectoria profesional.

Nos puede gustar más o menos Antonio Banderas como actor o como persona; podemos aborrecer o adorar el tipo de películas en las que se embarca o las decisiones personales que adopta en su camino.

Yo no soy muy fan del actor pero tengo que reconocer que me encanta la persona que Antonio Banderas es (y digo la persona, que no el hombre, porque como hombre tampoco me pone nada, dicho sea de paso). Tal vez porque aquí por Málaga va dejando un halo de naturalidad cuando viene, que es a menudo, y lo sabemos por la playa, por las calles de Marbella, por las plazas de la ciudad en Semana Santa (tan devoto él) saludando a la gente, colaborando con las causas locales y atendiendo a los periodistas con naturalidad y respeto; todo el mundo parece simpatizar con él, y aún no escuché a nadie (aparte de a alguna que otra mujer con tono de amarga ira en su discurso) referirlo en término despectivos.

No sé si a vosotros os pasa que cuando miráis, veis o conocéis a alguien, por primera vez o incluso más adelante, tenéis cierta sensación sobre qué tipo de persona es, si conectáis o no con ella, si os parece genuina o un fraude.

Yo no hacía excesivo caso de estas primeras intuiciones hasta que hace unos años, comencé, de una manera espontánea y en absoluto premeditada, a tomar registro de ellas.

Sucedió en una ocasión en la que coincidí con un nuevo grupo de personas con las que iba a compartir cierto tiempo durante algunos meses; en ese primer encuentro, mientras se presentaban, yo tomé nota escrita de mis percepciones. Esas anotaciones quedaron registradas en mi cuaderno y me sorprendieron, meses después, al darme la razón.

Aquellas personas provocaron en mí una primera impresión bien intuitiva a la que no hice caso; luego, con el tiempo y el trato, yo me fui dejando deslumbrar, embaucar o seducir por otros atributos más vistosos y llamativos de su carácter, unos que captaron toda la atención de esos aspectos infantiles y necesitados míos que de una u otra manera colmaban. Tal cual.

Por supuesto, todo esto sucedía de un modo inconsciente por ambas partes, pero cuando el paso del tiempo va arrojando luz sobre las personas que somos y los personajes que llevamos a cuestas, la imagen global va cobrando más sentido y voy pudiendo ver mejor qué mecanismos se pusieron en marcha entonces.

El caso es que mis primeras intuiciones eran acertadas, y desde entonces, le doy más bola y credibilidad a las mismas. Si percibo que me estoy dejando deslumbrar (y no siempre me doy cuenta a tiempo) o que esa persona en ese momento está llenando un vacío mío o suyo, rebobino unos instantes y me doy una segunda oportunidad, puesto que si parto de ese otro lugar jamás voy a acceder a una percepción real, auténtica del ser que tengo delante, y la relación que entablemos, sea la que sea, será mentirosa.

Sin haberme ido de cañas jamás con él, a mí Antonio Banderas me parece un tío auténtico, genuino, verdadero. No me atrae como hombre ni me gusta como actor pero es una persona real que me lo transmite con sus actos, con sus movimientos, con sus palabras.

Su discurso del otro día me sonó a verdad y por eso me emocionó. A Antonio me lo creo y porque me lo creo, lo compro, aunque no me gusten sus películas.

¿A cuánta gente me creo de las personas que me rodean y a las que conozco? ¿Qué me dice mi intuición cuando me topo con ellas? ¿Qué me aportan y qué les aporto yo? ¿Qué vacíos estamos llenando en ese trasvase que se da cuando nos encontramos y cuando decidimos compartir tiempos y espacios? Y esas mismas preguntas, por supuesto, me las hago sobre mí misma: ¿cómo de creíble y auténtica soy yo para los demás? ¿De qué les habla su intuición cuando se topan conmigo? ¿Qué les aporto? ¿Estoy llenando vacíos propios cuando me acerco a ellos?

Nada de esto es de recibo. Y no estoy hablando de juzgar o de rechazar a las personas por lo que son o por lo aquello de lo que carecen, sino de atender a un sexto sentido muy denostado y poco desarrollado que sin embargo tiene información muy valiosa que descifrar para nosotros.

La intuición va más allá de lo que vemos, olemos, oímos, tocamos y saboreamos. Es un registro muy profundo que quedó subdesarrollado y en estado latente puede que cuando éramos muy pequeños y nuestras peticiones y expectativas quedaban desatendidas o eran desdeñadas. Entonces puede ser que poco a poco dejásemos de registrarlas o comenzásemos a pedir otras cosas en su lugar (los pedidos desplazados de los que habla Laura Gutman), sobre todo si así teníamos más suerte y nos granjeábamos alguna mirada o recompensa a cambio.

Os digo que hace poquito que vengo practicando este ejercicio de toma de conciencia, atendiendo a mi intuición interna y a mis percepciones. ¿Cómo lo registro o qué claves me ayudan a verlo?


1- La emoción que me genera el escuchar o el ver a esa persona

¿Me gusta o me repele? ¿Me apetece saber de ella o tiendo a evitarla? ¿Me llega al alma o no termino de creérmela?

Atiendo a las sensaciones físicas, que en mi caso suelen localizarse en el estómago o incluso en la garganta.

Si la persona no le cuadra a mi intuición suelo sentir pereza antes de verla e incluso quiero zafarme, para sorprenderme luego mirando el reloj de vez en cuando durante nuestro encuentro o con cierto dolor de cabeza, incluso malestar, después. Las cosas con estas personas resultan farragosas, complicadas y a menudo incomprensibles para mí. Todo es esfuerzo. Cuando hablan, no me llegan, no me emocionan. Ni siquiera cuando ellas se emocionan yo consigo emocionarme. Y la emoción (esa lágrima a punto de liberarse en mis ojos, ese nudo en la garganta) no se puede falsear. Es pura y es verdad.

Sin embargo, cuando comparto con personas que traen bienestar a mi vida el tiempo casi desaparece, las horas en su compañía pasan volando, la sonrisa emerge en mí, me siento divertida, juguetona, me emociono. Me siento fluir. Con ellas todo es fácil, como un juego. No hay separación entre nosotros sino que somos como una extensión del mismo ser, del mismo pensamiento. Se despierta en mí la ternura, el sentido del humor, la admiración por lo que son y un cariño intenso.


2- La demanda que siento que me hace o cuánto parece querer/necesitar de mí

¿Cuánta atención o tiempo le dedico? ¿Es ella la que me busca/reclama o soy yo la que pide mirada?

A veces la sensación puede ser tan extrema como sentirme abusada, forzada, desplumada, aunque sé que soy yo la que me he puesto a mí misma en esa situación. Y precisamente por eso puedo también sacarme de la misma y decir basta.

Las personas, cuando somos adultas, nos debemos unir para acompañarnos y crecer juntas, no para llenar nuestros vacíos particulares como si aún nos relacionásemos desde los niños necesitados que fuimos (y que somos). Eso ya pasó y no podemos volver allí. Lo que se quedó descubierto nadie excepto yo misma puede saciarlo ya. Por eso no voy a buscarlo en el otro. Por eso no necesito al otro; en todo caso elijo estar a su lado para servirle de apoyo cuando lo necesite y para apoyarme yo cuando me haga falta, desde la responsabilidad del adulto.

Por eso, si siento que ese otro adulto demanda mucha mirada, mucha atención de mí, si me doy cuenta de ello, elijo salir de ese escenario en el que no me corresponde estar.


3- El equilibrio entre lo que doy y lo que recibo

¿Qué me aporta estar con ella y cómo me siento después de pasar tiempo juntas? ¿Me marcho plena y enriquecida o por el contrario tengo la impresión de que drenó toda mi energía?

Por supuesto hay veces que tenemos que estar ahí para el otro haciendo fuerza por los dos, sosteniendo o incluso tirando, pero ésas son situaciones concretas durante vivencias puntuales.

Sin embargo hay personas que funcionamos desde ese mecanismo de absorción permanente, nutriéndonos a diario de los demás, buscando ser a través del otro, de su mirada, de sus ánimos y validaciones, casi como si de vampiros se tratase, dando a cambio muy poco o dando algo que lleva truco implícito, y que por tanto, va emponzoñado.

Los niños reciben (o deberían recibir mucho, sin medida, si los adultos estuviésemos en disposición de dar tanto, teniendo en cuenta que también nosotros somos niños necesitados) y los adultos les damos; pero entre adultos, debe existir el equilibrio entre dar y recibir para que la relación sea de igual a igual y saludable. De lo contrario, surgirá el malestar y vendrá acompañado de todo tipo de problemas y dificultades que tendremos que saber identificar e interpretar para extraer aprendizaje y seguir camino.



Antonio Banderas es malagueño de origen y actor de profesión. Nosotros venimos de diferentes lugares y nos dedicamos a profesiones varias, pero también llevamos a cuestas un personaje de mucho peso que solemos interpretar a la perfección en cada escena.

¿Cuál es nuestro personaje? ¿Emocionamos o repelemos a nuestros compañeros de reparto? ¿Cuánta mirada buscamos en el otro? ¿Existe equilibrio entre lo que nos dan y lo que nosotros damos de vuelta? ¿Establecemos y mantenemos relaciones igualitarias y equilibradas o por el contrario tienden al desequilibrio?

Nuestro personaje nos ha hecho un buen servicio, claro. Nos ha mantenido vivos y nos puso donde estamos. Le estamos muy agradecidos por su trabajo, por supuesto.

Pero la búsqueda de la persona consciente es la de su ser esencial, para completar el retrato del que a menudo sólo vemos una parte. Como también dice Laura, lo esencial es verdad, y la verdad es soberana. Universal.

 


"Desnúdate, sin temor,
muéstrate tal y como eres.
Deja a un lado la pasión.
Desnuda yo quiero verte.
Para ver tu realidad,
comprenderte enteramente,
preguntarte cómo estás,
enterarme de qué quieres.
Descúbrete, sal de ti,
tú que ahora estás escondida,
mira el bien que ayer te vi.
Desnúdate, alma mía".


(Poema Desnúdate, de Juan Encina)

Comentarios (2)

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Iván dice:

11/02/2015 - 11:10

Pocas personas le dan tan poca importancia a los famosos como yo. Me alejo sistemáticamente de la admiración. Banderas, que como actor me parece muy limitado, me parece un buen tío. Curiosamente una de las cosas que mejor me pareció es su defensa de principios políticos contrarios a los míos. Lo hizo, pero lo hizo contra corriente, cuando era más difícil hacerlo que no hacerlo, y siempre me ha gustado la gente que va contra corriente. La primera impresión no es algo atolondrado, es la experiencia resultante de nuestra historia, y haríamos muy mal en desatenderla. Al fin y al cabo toda decisión y toda elección es básicamente inconsciente. Un saludo Gloria.
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Gloria dice:

11/02/2015 - 11:51

Tal cual, Iván. Gracias por tu aportación. Ahora también sé de ti que no eres nada mitómano ;-)

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