15
Jul.
2015
0
com.

La persona emprendedora

Push and see, de la fotógrafa Flora Borsi




En junio de 2010 asistí ilusionada en Málaga a mi primer encuentro con el Día de la persona emprendedora, un evento organizado por la administración andaluza en el que se daban (y se siguen dando) cita emprendedores de toda la provincia, e incluso de otras ciudades andaluzas, junto con muchísimos estudiantes de secundaria y ciclos formativos, entiendo que animados éstos últimos por sus profesores, para obtener una visión más global de las opciones profesionales posibles una vez terminado su ciclo educativo. Es un placer ver el palacio de ferias y congresos de Málaga a rebosar con cientos de personas de todas las edades y nacionalidades, movidas por un interés común y dispuestas a compartir un intenso día de intercambio y aprendizaje.

Yo había terminado en marzo del año anterior en el último de una serie de fracasados empleos por cuenta ajena, y en junio de 2009, tras muchas vueltas, visitas a la oficina de empleo y a los servicios de atención al emprendedor, conseguí aflojar mis dudas y algunos de mis miedos para darme de alta por fin como trabajadora autónoma. Trabajadora autónoma. Un binomio que me suena a música celestial.

No me veía sin embargo, ni aún me veo en realidad, como una persona “emprendedora”. Más bien sentía, tras las decepciones de los últimos meses y el aprendizaje cosechado a través de estas experiencias, la profunda necesidad de convertirme en creadora de mi propio trabajo, en gestora de mi tiempo, en una persona libre en casi todos los aspectos. Aparte del financiero, claro, pues sabía que me iba a llevar tiempo llegar a ese lugar.

Lo bueno de funcionar en equipo (mi Capitán y yo hemos creado uno sólido y bien cimentado) es que unos nos apoyamos en los otros y trabajamos juntos por un objetivo común. Ahora invertíamos en mí, igual que con anterioridad lo habíamos hecho en su proyecto. Puesto que aquello nos salió bien, y aunque con esfuerzo y suprimiendo ciertos gastos que entonces se convirtieron en prescindibles, nos lanzamos a la nueva aventura.

Este evento para emprendedores fue el primero de magnitud al que acudí y la conferencia de apertura estuvo a cargo de Carlos Espinosa de los Monteros. La tituló, si mis notas del día son correctas (y seguro que así es): “De la estrategia a la acción: la importancia del factor humano”.

Este título contenía tres palabras que me resultaban especialmente atractivas, tal vez por venir de las experiencias de las que venía y por apuntar ya a las que comenzaba a intuir. Esas palabras eran: acción, importancia y factor humano.

¿Cuántas veces en mi trayectoria profesional encontré que estos conceptos se obviaban y a menudo nunca se tenían en cuenta unidos? Como trabajadora eso me hacía sentir muy vacía y frustada, con la impresión a menudo de estar "prostituyéndome" por un sueldo.

Este  hombre dijo allí verdades que a mí me resonaron muy profundas y que me motivaron tremendamente. Entre ellas:

• Mantenía que se emprende por un deseo de PROGRESAR y de no trabajar para un tercero, si no para uno mismo. Así, la persona emprendedora está dispuesta a asumir riesgos y se convierte en un agente creador de ideas innovadoras, de riqueza y de crecimiento.

• Afirmaba que las MOTIVACIONES que empujan a la persona emprendedora a iniciar su proyecto eran (los porcentajes responden siempre a datos de 2009-2010):
- trabajar para sí misma (85%)
- autorrealización personal (80%)
- ganar dinero en consonancia con el esfuerzo realizado
- obtener reconocimiento social
- generar una alternativa al desempleo

• Los emprendedores son personas con experiencia laboral previa y de entre 31-45 años (70%). Entre ellas, tienen un nivel bajo de estudios el 50%. Un 20% son mujeres y un 55% eran empleadas de PYMES. Los menores de 30 años sumaban un 20% y los mayores de 50 años el 10%

• Sostenía que los factores del éxito de un emprendimiento eran:
- dedicación y constancia
- calidad en el servicio
- seriedad, entendida como profesionalidad
- sólida y rica red de contactos
- capital humano involucrado
- buenos precios

• Las causas del fracaso por el contrario:
- inexperiencia y juventud
- desconocimiento del sector
- dificultades entre los socios
- fuerte competencia
- crisis del sector

• Enunciaba lo que consideraba un problema cultural en nuestro país: la “aversión” o rechazo hacia el emprendimiento en favor de la atracción por un trabajo fijo, seguro, estable (o sea, el idolatrado funcionariado). Sólo 4 de cada 10 españoles aspiraban entonces en algún momento a convertirse en su propio jefe (40%), mientras que en EEUU esa cifra ascendía al 70% y en China a un 86%. Desde su punto de vista era imprescindible cambiar esta mentalidad. De lo contrario, decía, se necesitarían 300 mil emprendedores por año para poder salir de la crisis económica en la que nos veíamos sumidos (no creo que entonces supiese este hombre, o tal vez sí, que 5 años más tarde aún nos íbamos a encontrar buscando una la salida del pozo). Sin ese índice de creación de autoempleo “seguiremos con tasas del 20% de desempleo”. ¡Eureka! Diana total.

• Finalizaba argumentado la necesidad de generar un CAMBIO global en nuestro SISTEMA DE VALORES, pasando del apego histórico a la seguridad, a la innovadora atracción por el RIESGO; de enfoques locales a otros globales; del monopolio a la libre competencia; del intervencionismo a la libertad; de la dependencia a la responsabilidad individual; de reclamar derechos a CUMPLIR OBLIGACIONES; del Estado como protagonista al ciudadano como protagonista.


Al hilo de su intervención y después de escuchar a otros conferenciantes y a muchos emprendedores, saqué en claro que las cualidades esenciales para emprender y tener éxito podían resumirse en:

1- Contar con una idea, un servicio o producto que ofrecer
2- Tener una voluntad de hierro para avanzar pese a las dificultades (que surgen seguro)
3- Desarrollar un espíritu de compromiso (sacrificio para algunos, pero a mí no me gusta esa palabra)
4- Trabajar mucho
5- Iniciar la actividad en el momento adecuado



Yo me sentía alineada con todo esto y sólo fallaba en el momento de inicio de la actividad, algo que en mi caso ya no tenía solución, puesto que ya me había lanzado en plena crisis. ¡Un mero detalle que tendría que ir solventando sobre la marcha! Además, si crisis = oportunidad, tenía mucho sentido haber comenzado la aventura en plena crisis. ¿Cuándo si no iba a replantearme mi vida tan profundamente?

Yo soy casi una ignorante en asuntos económicos pero sí tengo cierto sentido común y un pensamiento crítico que me empeño por cultivar a diario. Por ello entiendo que existen verdades lógicas y fáciles de aprehender por cualquiera que le dedique un mínimo de interés. Entre ellas, la de que el emprendedor es una pieza clave en nuestra economía y que necesitamos muchos y de todos los niveles. Desde los gobiernos e instituciones se deberían desarrollar la responsabilidad de apoyarlos, teniendo claro como decía Espinosa de los Monteros “que ser emprendedor es una profesión de riesgo, no apta para espíritus conformistas”.

El emprendedor CREA, genera, aporta y ofrece; y eso es ILUSIONANTE en sí mismo, motivador. Sin embargo tenemos que estar preparados para encajar la incomprensión que nos vendrá de todos los flancos, comenzando por nuestros referentes más cercanos, nuestra pareja y familia; si no existe una tradición emprendedora en casa, difícilmente vamos a encontrar el respaldo que nos iría bien tener para lanzarnos a este vacío. Así que tenemos que pertrecharnos para esta contingencia, procurando mantener la fortaleza en nosotros mismos y en nuestro proyecto intacta, mimándola y atesorándola como la semilla de algo valiosísimo que tenemos a nuestro cuidado.

De igual manera nos daremos de bruces (al menos en este país nuestro) con instituciones, leyes y normativas que no facilitan en absoluto nuestro trabajo sino todo lo contrario, acribillándonos a impuestos y estableciendo requisitos que se harán muy difíciles de cumplir. Aquí es muy posible que atravesemos por etapas críticas y la salida estará siempre en buscar soluciones inventivas, tal vez a través de profesionales especializados en cada ámbito (subvenciones, legislación, impuestos, derecho laboral, marketing, etc.) y en perseverar. Siempre hay alguien que nos indica un camino que desconocíamos, una grieta en el sistema con la que no habíamos contado, una ayuda que ni en nuestros mejores sueños podíamos haber considerado. En este sentido las redes de emprendedores (y las conexiones a través de plataformas profesionales como LinkedIn) son de un valor incalculable, y si de algo está sirviendo esta crisis es precisamente para generar sinergias, colaboraciones e incluso y flujo de trueque y camaradería muy saludable que consigue sacarnos del atolladero en muchas ocasiones.

En este camino a menudo me he venido abajo y he querido desistir, argumentando precisamente que comencé en mal momento, que no soy una persona creativa, que lo que yo tengo para ofrecer no le interesa a mucha gente y que por tanto no voy a poder ganarme la vida con ello. En definitiva, que no soy la persona emprendedora que me gustaría ser.

Alimentando todas estas creencias le doy la razón al sistema arcaico del que vengo y que me rodea, así que hace unos meses, desde mi retiro de invierno, he llegado a una nueva estrategia: si tardé 35 años en llegar a la determinación de trabajar como una persona libre, es de ley que me lleve un tiempo convertirme en un proyecto firme de persona libre. Confío que no sean otros 35 sino muchos menos.

Traigo mucho lastre a cuestas y mi primer trabajo está consistiendo en soltarlo, desapegándome de las antiguas ideas, creencias y valores que ya no me sirven, transformándolas en otras que sí me empoderen y cimienten mi camino.

En segundo lugar, y consecuencia de lo anterior, he ido redescubriendo mi vocación no atendida, mis talentos y mis habilidades naturales, dándoles voz y espacio, reciclando todos los recursos y conocimientos que siento me pueden seguir sirviendo en mi nueva andadura. Si pasé 11 años en el colegio, 4 en el instituto, 6 en la facultad y 10 trabajando por cuenta ajena, tiene sentido que ahora me haga falta recorrido para acreditarme a mí misma como la profesional independiente de mi ámbito en la que un día me convertiré. Adulta y madura, no sólo por la edad, que también, sino sobre todo por el bagaje acumulado.

Así que ahora tengo más claro que nunca que éste es mi camino, que voy a persistir en mi empeño, estudiando, aprendiendo e invirtiendo en mí para ser y hacerlo un poquito mejor cada día, sin meterme prisa pero sin pausa, sabiendo que cada día es un avance en la consecución de mi sueño.

Mi sueño es simple: alcanzar la libertad, en todos los sentidos. Libertad para desempeñar mi misión de una manera honesta y comprometida; para tener una existencia digna, que es lo que me merezco; para rechazar todo lo que no comulgue con mis principios y abrazar lo que resuene fuerte en mi interior; para poder elegir siempre.

La libertad así entendida me va a traer equilibrio interno, serenidad, satisfacción personal, y eso para mí es la felicidad.

Lo comparto aquí en parte para no olvidarme de estos descubrimientos; para acudir a ellos cuando flaqueen mis fuerzas o mis ganas; para recordarme, si en algún momento me olvido, que lo que estoy haciendo tiene sentido y que ya llevo un buen tramo recorrido; y por supuesto, para que pueda llegar a aquellas personas que también sintáis algo parecido, así nos reconocemos y podemos acompañarnos en el camino.

Nadie dijo que iba a ser fácil. Difícil, pero posible. 

 

 

“Si logras conservar intacta tu firmeza
cuando todos vacilan y tachan tu entereza,
si a pesar de esas dudas mantienes tus creencias
sin que te debiliten extrañas sugerencias;
si puedes esperar e inmune a la fatiga
y fiel a la verdad, reacio a la mentira,
el odio de los otros te deja indiferente,
sin creerte por ello muy sabio o muy valiente.

Si sueñas, sin por ello rendirte ante el ensueño,
si piensas, mas de tu pensamiento sigues dueño,
si triunfos o desastres no menguan tus ardores
y por igual los tratas como dos impostores;
si soportar oir la verdad deformada
y cual trampa de necios por malvados usada
o mirar hecho trizas de tu vida el ideal
y con gastados útiles recomenzar igual...

Si toda la victoria conquistada
te atreves arriesgar en una audaz jugada,
y aun perdiendo sin quejas ni tristeza,
con nuevos bríos reiniciar puedes tu empresa;
si entregado a la lucha con nervio y corazón
aun desfallecido persistes en la acción
y extraes energías, cansado y vacilante
de heroica voluntad que te ordena: ¡Adelante!

Si hasta el pueblo te acercas sin perder tu virtud
y con reyes alternas sin cambiar de actitud,
si no logran turbarte ni amigo ni enemigo,
pero en justa medida pueden contar contigo;
si alcanzas a llenar el minuto sereno
con sesenta segundos de un esfuerzo supremo,
lo que existe en el mundo en tus manos tendrás.
¡Y además, hijo mío, un hombre tú serás!”



(Poema Si, de Rudyard Kipling)

Añadir nuevo comentario