30
Oct.
2013
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com.

Objetivos

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Alicia y las flores habladoras, fotograma de la película Alicia en el país de las maravillas, de Tim Burton.


A veces claro y meridiano, otras más borroso. En ocasiones específico y certero, o también amplio y abarcador. De una forma o de otra el objetivo parece ser la clave de casi todo puesto que apunta la dirección y el sentido, generando así el camino.

Todos tenemos objetivos, pero, ¿dónde están? ¿Llevamos un registro y seguimiento? ¿Podemos enseñarlos y compartirlos?

Leyendo bibliografía sobre gestión y organización personal siempre se repite el mantra de ‘registrar los objetivos por escrito’, y no sólo eso si no también añadir plazos en formato de fecha. 

A veces nos resistimos a tanta sistematización, a pesar de que sabemos que funciona, y sostenemos que es artificial, innecesario o que a nosotros particularmente no nos funciona. Me pregunto hasta qué punto esa resistencia es real o un simple mecanismo de defensa para zafarnos del trabajo y del compromiso que conlleva funcionar así.

En cualquier caso, os invito a hacer conmigo este ejercicio de reflexión personal acerca de nuestros objetivos, con la intención de clarificarlos, porque tener objetivos claros nos ayuda a progresar en la vida, a superarnos. Hay personas que elegimos vivir sin ellos y optamos por dejamos llevar, lo cual es una opción muy respetable. Sin embargo, definir y aclarar objetivos nos ayuda a crear nuestro propio camino, y eso, señores, es una gozada.

Craig Jarrow escribe (en inglés) sobre técnicas de gestión y productividad personal y en lo referente a objetivos nos anima a hacernos 10 preguntas:


1. ¿Los tenemos por escrito? Porque escribirlos es otorgarles entidad, hacerlos reales. Dejar constancia escrita de ellos es darles poder.

2. ¿Son realmente nuestros? No generados por personas de nuestro entorno sino nacidos de nuestro interior.

3. ¿Tienen fecha de consecución? Esa fecha límite nos ayuda a tener claro el fin y a reconocerlo cuando lo hayamos alcanzado.

4. ¿Qué precio pagamos por conseguirlo? ¿Estamos dispuestos a pagar ese precio? Ya sea tiempo, dinero o dedicación, tenemos que estar preparados para hacer la inversión necesaria.

5. ¿Qué ayuda necesitamos para lograrlos? Los objetivos de verdad nos exigirán superarnos a nosotros mismos y para ello, necesitamos aprender de alguien. ¿Quién nos va a ayudar, cómo y cuándo?

6. ¿Estamos de verdad centrados en el logro de nuestros objetivos? Si tenemos la atención en un sinfín de tareas, si no los convertimos en pilar central, se disolverán.

7. ¿Son nuestros objetivos flexibles? La vida cambia y deben tener esa cualidad de adaptarse para evolucionar con ella en lugar de romperse.

8. ¿Nos ponen a prueba? Porque sólo así desarrollaremos nuevas aptitudes y creceremos.

9. ¿Creemos en nuestros objetivos? Siempre habrá quien dude de nosotros o nos critique o no nos comprenda. Y nosotros permaneceremos firmes, escuchando a nuestra voz interior.

10. ¿Qué he hecho hoy para alcanzar mis objetivos? Cada día debemos hacer algo que nos encamine a la consecución de los mismos si realmente son prioridad.


Esto es sólo el comienzo, claro. Luego hay que ponerse manos a la obra. Y como decía Lao Tzu, “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”.

 

 

“-Te importaría decirme, por favor, ¿qué camino debo tomar desde aquí?
-Eso depende en gran medida de adónde quieres ir -dijo el Gato. 
-¡No me importa mucho adónde...! -dijo Alicia.
-Entonces, da igual la dirección. ¡Cualquiera que tomes estará bien...!
-Tanto que acabaré llegando a algún sitio…
-¡Oh! -dijo el gato -ten la seguridad de que llegarás, sobre todo si caminas lo suficiente.”

(Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, capítulo 6)

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