31
Dic.
2014
0
com.

Nuevos comienzos

New beginnings, oléo sobre lienzo de Gillian.  


Reza una anécdota muy conocida que una mujer fue con su hijo a ver a Gandhi para pedirle al Mahatma que la ayudase a que el niño dejase de tomar azúcar. Era diabético pero no hacía caso alguno de lo que su madre le decía, por lo que estaba poniendo en riesgo su salud. Gandhi le contestó:

- Lo siento, señora. En este momento no puedo ayudarla. Traiga usted otra vez a su hijo dentro de dos semanas.

Dos semanas más tarde la mujer volvió con su hijo. Gandhi se dirigió a ellos y le dijo al chico mirándolo a los ojos:

- Joven, por favor, deja de tomar azúcar.

La mujer quedó agradecida pero a la vez sorprendida, así que le preguntó a Gandhi por qué la había hecho esperar dos semanas. ¿Acaso no podía haberle dicho lo mismo quince días antes cuando se vieron por primera vez?

Gandhi le contestó:

- No, porque hace dos semanas yo también tomaba azúcar.


Hace unas semanas leía este precioso artículo en inglés: una carta de una madre a la ‘madrastra’ (qué mal me suena esa palabra, de verdad) de su hija adolescente, es decir, a la nueva esposa de su ex marido (padre de su hija).

Me encantó. Es el alma de una mujer honesta y sentida, clara y generosa. Me hizo llorar de emoción. Me conmovió el profundo amor, el agradecimiento y la sincera coherencia de esa mujer-madre-esposa, consciente y abierta a lo que la vida le traía.

Me hizo pensar mucho y conecté el contenido con la anécdota que encabeza este post, y con ese dicho tan común de predicar con el ejemplo, porque ¿qué si no eso es la coherencia?

Esta idea me asalta a veces en sesiones con clientes. Al principio no la sentía así de fuerte. Ahora soy más consciente que nunca del espejo que cada uno de ellos me pone por delante y, efectivamente, como ya he escuchado repetidas veces de diferentes maestros, cada cliente, cada alumno nos devuelve algo que nos pertenece, nos trae una porción de sombra que tiene que ver con nosotros, que es nuestra. No hay coincidencias ni casualidades: a nosotros llegan las personas que tienen que estar a nuestro lado en cada momento porque esa interacción sirve bien a nuestro propósito o camino vital, a lo que tenemos que descubrir de nosotros mismos.

En otro orden de cosas, pero interrelacionado, está ese concepto de coherencia que utilizamos tan a menudo pero que no tan a menudo seguimos o respetamos. Mirando a padres e hijos, a profesores y alumnos, a clientes y proveedores me doy especial cuenta de lo poco coherentes que a menudo resultamos lo adultos, sin tomar demasiada nota de que mientras tanto, los niños están a nuestro lado empapándose de nuestra manera de funcionar y aprendiendo patrones de comportamiento que luego repetirán hasta la saciedad. “Haz lo que digo y no lo que hago”. ¡Menudo ejemplo de coherencia!

Y llegado este punto me pregunto y os animo a preguntaros a vosotros mismos:

* ¿Cuáles son nuestros modelos a seguir? 

* ¿Para quién somos modelo nosotros?



La PNL establece eso que llama proceso de modelado, que consiste básicamente en el estudio de aquella persona a la que, por la razón que sea, admiramos y cuyas formas y maneras queremos ‘copiar’ con la intención de lograr el mismo o similar nivel de excelencia que ella. O lo que es lo mismo, aprender e inspirarnos en los mejores.

El proceso de modelado así entendido consta de tres fases:

1- Observar detenidamente al modelo: el qué, el cómo y el por qué hace lo que hace. Es ponerse en la piel de esa persona a la que pretendemos emular: qué siente, qué piensa, qué la mueve, cómo se comporta y por qué hace lo que hace de la manera que lo hace.

2- Encontrar la diferencia que marca la diferencia: ese algo que esa persona hace y que lo cambia todo. Exprimir los detalles de su comportamiento para traerlos al nuestro y comprobar si obtenemos los mismos resultados, hasta que lleguemos a la clave, al corazón, a la esencia con la que podemos quedarnos.

3- Diseñar el modelo propio o adaptarlo a uno mismo para aprenderlo e integrarlo e incluso para enseñarlo.


¿Cuánto practicamos ese tipo de coherencia en nuestro día a día? ¿Cómo la llevamos a cabo los que somos padres, los que enseñamos, los que tratamos con clientes a diario? ¿Trabajamos y nos movemos para lograr la excelencia en todo lo que hacemos o nos conformamos con la sobria y socorrida mediocridad?

Para mí es una reflexión importante en cualquier momento del año, aunque tal vez aún más hoy que es el último día del año. Porque ser más coherente conmigo misma y con mi entorno es una asignatura sobre la que quiero seguir profundizando y en la que deseo continuar mejorando cada año de esta vida mía.

Y emulando a los grandes, tal vez un día, cuando sea más viejita, pueda acercarme a la profunda y coherente sabiduría de Gandhi, ¿por qué no? Cada uno tomamos de modelo a quien mejor nos parece, ¿verdad? 

¿A quién elegimos emular y en qué? ¿Dónde colocamos nuestros estándares de excelencia?

Que la despedida de esta noche venga colmada de agradecimiento y alegría por todo lo que el año que acaba nos ha aportado, y que el nuevo que comienza nos traiga serenidad, salud, amor y valentía para vivirlo plenamente y salir de él reforzados y más sabios.

Lo de hoy y lo de mañana no es más que una fecha en el calendario, una invención humana que nos sirve para organizarnos. Pero metafóricamente es también una muerte y un renacimiento, un final y un comenzar de nuevo. Una flamante oportunidad para darle un giro a nuestro recorrido. ¿Te animas con el tuyo?

 

 

“Galerías del alma... ¡El alma niña!
Su clara luz risueña;
y la pequeña historia,
y la alegría de la vida nueva...
¡Ah, volver a nacer, y andar camino,
ya recobrada la perdida senda!
Y volver a sentir en nuestra mano
aquel latido de la mano buena
de nuestra madre... Y caminar en sueños
por amor de la mano que nos lleva.


En nuestras almas todo
por misteriosa mano se gobierna.
Incomprensibles, mudas,
nada sabemos de las almas nuestras.
Las más hondas palabras
del sabio nos enseñan
lo que el silbar del viento cuando sopla
o el sonar de las aguas cuando ruedan.”


(Poema Renacimiento, de Antonio Machado)

Añadir nuevo comentario