28
May.
2014
2
com.

Lobeando

Wolves, del fotógrafo Dennis Stewart


Esta semana, aún a riesgo de repetirme para algunos que ya me leyeron el lunes,  voy a hablar de fútbol.

Yo no soy especialmente futbolera, aunque hay partidos y partidos, y el del sábado pasado en Lisboa era uno de ésos que merecía ser visto, sobre todo si tienes amigos muy cercanos y queridos que son hinchas entregados desde la cuna de alguno de los equipos. Además, se acerca el Mundial y el fútbol levanta pasiones en nuestro país y en todo el globo, y el fútbol es un espejo como cualquier otro (elecciones europeas, reality shows, estrenos de cine,…) para mirarnos y aprender. Así, estas reflexiones pueden servirnos (a algunos al menos) como examen de conciencia para revisar nuestras actitudes.

Nosotros vimos la final de la Champions en casa, tranquilitos, con unas tapitas a mano y unas buenas cervezas belgas acompañando (gracias a Hop Scotch por proveer, de cervezas y de consejo). Suele pasarme eso de simpatizar con el menos poderoso, por aquello del logro que le ha supuesto llegar hasta ahí y porque su actuación aporta siempre más emoción al escenario general: el que no lleguen a la final siempre los mismos deriva en más diversión para el espectador imparcial. En resumidas cuentas, sí, reconozco que yo quería que ganase el Atlético de Madrid. Ganar como lo hizo el Madrid el sábado supuso yo creo una victoria un tanto 'amarga' para los atléticos: pasarse todo el partido liderando, con un gol de ventaja por delante, que el árbitro agregue 4 minutos extra al final (habida cuenta de las reiteradas caídas y dosis de teatro que algunos le echan al juego, con la consiguiente pérdida de tiempo que eso supone) y ahí el Real Madrid marque el gol del empate, es un revés del destino. Eso, como consecuencia, llevó a los atléticos a un venirse abajo en la prórroga y a un subirse arriba de los merengues, tal vez más acostumbrados a jugar bajo presión y a darlo todo en circunstancias límite (los atléticos ya sabemos que tienen fama de sufridores). Resultado: goleada final del Madrid y un Atlético derrotado, en todos los sentidos.

Tanto que su entrenador, el bonaerense Diego Simeone, perdió las formas y los papeles. Lo recuerdo jugando en el Sevilla hace unos años, y luego en el Atlético, donde los aficionados lo quisieron y lo admiraron mucho (si no fuese mis amigos atléticos no recordaría este detalle, conexión emocional de nuevo). Años después la vida lo trae del vuelta al mismo club, ahora en calidad de entrenador, con la experiencia añadida, aunque no tanta como para poder gestionar exitosamente momentos críticos, manteniéndose en su lugar, respetuoso y respetado. No digo yo que las personas tengamos que ser bloques de hielo en situaciones adversas, simplemente que irrumpir en erupciones emocionales cuando uno ostenta un rol de liderazgo está fuera de lugar; ya lo comentaba el lunes mi compañero Jesús Q y lo escribió maravillosamente Lorenzo Silva en su artículo del día siguiente al partido (por cierto, gracias J por compartirlo conmigo; no habría llegado a él sin tu guía y me gustó muchísimo). Sin embargo, el desajuste de Simeone fue para mí menos reseñable que otro hecho.

Hay que saber perder, ésa es posiblemente la lección más importante que todo deportista (y ser humano) debe aprender. Pero yo diría, visto lo visto el sábado, que tal vez es mucho más importante saber ganar.

La actitud de Cristiano Ronaldo en el campo me pareció total y absolutamente carente de respeto hacia sus contrincantes. Comprendo su felicidad y satisfacción: por estar jugando en su tierra, por haber marcado gol, por sentirse campeón de Europa con su equipo. Sin embargo, ¡a qué viene esa exhibición gratuita, descamisado, corriendo y gritando por el campo como un poseso, solo, como si la victoria hubiese sido suya exclusivamente! Especialmente cuando, a pesar de toda la gloria y los contratos millonarios, estuvo 'ausente' durante todo el partido, estando sin estar, apenas tocó balón. El rival y su afición se merecen otro trato.

Realmente, en Ronaldo veo la personificación de la arrogancia y del no saber estar. Su exhibicionismo tras marcar el gol me cogió desprevenida. Pero cuando volvió a las andadas al finalizar el partido, no pude aguantarme más. Me molestó profundamente que repitiera el gesto, para mí tan irrespetuoso. Me levanté y me fui a fregar platos. Me hubiese quedado a ver la celebración de los vencedores y a acompañar la tristeza de los vencidos, pero esos espectáculos de exhibicionismo gratuito me resultan hirientes. ¿Por qué se dan tanto en el fútbol? ¿Por qué especialmente en algunos deportes más que en otros? Jamás veremos a un jugador de rugby comportarse así, por poner un ejemplo de juego de equipo, o a un tenista, si pensamos en un deporte individual. ¡Qué importante el respeto al adversario y más aún cuando ha sido vencido, en esos momentos de tanta vulnerabilidad! Ahí es cuando más consideración y ternura debemos mostrar hacia el otro.

En cualquier caso, enhorabuena a los ganadores, por supuesto, Ronaldo incluido. Y también a los vencidos, con Simeone al frente, por haber llegado hasta el final y por una fabulosa temporada.

Yo me quedo pensando en la arrogancia y el no saber estar de algunos. Eso que tanto me molesta o que me sorprende, ¿qué dice de mí? Y también me pregunto cuál de mis lobos alimento cuando me irrito por ese tipo de muestras...

Ciertamente, todo y todos pueden convertirse en maestros nuestros en un momento determinado.

 


"yo
no
sé qué hacer
para que salgas de mí y por fin te vayas
al diablo al sufrimiento que
me crece por verte y por no verte y
no seas más que eso sufrimiento
en vez de ser temblor ser esperanza
silencio bajo el sol
otro sol además"


Juan Gelman

Comentarios (2)

Imagen de Jesus Q

Jesus Q dice:

29/05/2014 - 09:31

Espléndido artículo, Gloria. Gracias por citarme. Por cierto, buenísnimo también el de Lorenzo Silva. Me encanta la frase un hombre es la contención que sabe aplicar a sus emociones.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

29/05/2014 - 11:39

Gracias a ti, Jesús. ¡Qué buena sincronía hemos tenido Lorenzo, tú y yo! Salud y regulación emocional, compañero ;-)

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