03
Dic.
2014
2
com.

De lo grande a lo pequeño

De lo grande a lo pequeño sobre presencia en internet

Fotografía, retocada digitalmente y mágica, de Gordon McBryde.


Vengo dándole vueltas a una sensación que tengo últimamente, y es que todo este universo digital en el que nos hayamos inmersos, unos más que otros, se puede convertir a veces en una auténtica locura para la persona.

Los conocedores del medio nos dicen que “hay que estar ahí”, presentes, y lo que es más importante aún, activos. La visibilidad, la interacción, el posicionamiento se convierten en asuntos de capital importancia que decantan la balanza hacia la existencia o, por el contrario, hacia el ostracismo.

O sea, que si hoy en día tenemos algo que decir, ofrecer o que vender a otros, si nos ganamos la vida a través de nuestros servicios o productos, tenemos que abrirnos perfiles en las redes, generar contenidos de calidad, enlazarnos, compartir, comentar, citar, ‘sinergizar’ y hacerlo todo vía internet.

De no ser así es como si no existiésemos. “¿Cómo? ¿Qué no tienes perfil en Facebook? ¿No estás en LinkedIn? ¿Y no tienes un blog o una web? Hoy en día, si no estás en internet, no existes”. Lo he oído muchísimas veces. Seguro que incluso yo también lo he dicho en alguna ocasión.

Y sin embargo, sí que existimos, todos. Los que estamos y por supuesto los que no estamos en internet.

Sin duda que internet ha revolucionado nuestro mundo y la realidad se ha modificado para dar paso a nuevas maneras de hacer y de entender, hechos ambos que considero muy saludables. Y aún así, la realidad total sigue siendo más grande que internet puesto que engloba mucho más que la red de redes.

Ese estar ahí en la web tiene muchas ventajas y otros tantos inconvenientes. Desde mi reflexión personal puedo decir que lo he vivido como una compulsión durante demasiado tiempo, amparada por esa idea general de que esa presencia activa me atraería más trabajo, más clientes, más desarrollo, más crecimiento, más…

Sin duda algo de todo eso ha venido, aunque no tanto como a mí me habría gustado a estas alturas. Y entonces me tengo que acordar de lo que nos dice siempre Laura Gutman (algo que el coaching también defiende): los cambios, los avances, los logros no se alcanzan a través de la voluntad sino gracias al desarrollo de la conciencia.

En mi camino he cometido numerosos fallos: seguro que no le dediqué el tiempo ni la energía que la tarea habría requerido, que no supe hacerlo bien, que en muchos casos no lo disfruté especialmente y por eso no conseguí los resultados, que debí haber delegado en alguien con más conocimiento en lugar de hacerlo yo, que lo que tengo que ofrecer no interesa o el modo en el que lo transmito es lo que no engancha,…

Estoy de acuerdo en que es positivo estar en internet y por eso decido estar. Sin embargo no voy a hacerlo a cualquier precio y sí voy a hacerlo como a mí me sienta bien. Independientemente de que me sigan, ‘tuiteen’, compartan o comenten pocos o muchos usuarios de internet, llego a la conclusión de que para mí lo importante es sentirme bien con lo que hago. Y entonces me hago la siguiente pregunta: si yo no fuese yo sino otra persona, ¿me seguiría, ‘tuitearía’, compartiría y comentaría a mí misma? Y, surrealismos aparte, la respuesta que me doy es un contundente sí.

Llegado este punto tengo siempre que hacer cierto esfuerzo o poner relativo empeño para revelarme a mí misma si esto que me digo es sincero, honesto, objetivo y útil o es simplemente una de esas airadas salidas de mi yo más arrogante para protegerme ante la posible agresión que yo quiero ver como externa pero que no es más que un mecanismo muy mío y muy de dentro.

En esto de internet, como en la mayoría de los campos, soy tremendamente ignorante y tengo aún por delante infinidad que aprender. Además hay una característica que me acompaña desde que tengo registro y es que, en comparación con los que tengo más cerca, a mí me lleva más tiempo hacer lo que me propongo porque mi ritmo es pausado y mi tempo, lento. Es así, qué le voy a hacer. Con prisas yo no me aclaro, me pierdo, me agobio y salgo de mi centro. Acepto que hoy por hoy funciono de esa manera. Me sirve bien a menudo y otras veces me funciona regular.

Soy consciente también de que a veces, esa demora responde a un postergar algo que no me gusta, que no me convence o de lo que no estoy plenamente segura. Pero pararme a pensarlo e identificar si responde a la desgana o a mi manera de funcionar natural me ayuda a estar más en paz conmigo misma. Así puedo decidir si voy a delegar en alguien que me eche una mano o si decido encararlo yo con lo que tengo.

Escribo esto mientras estoy embarcada (¡ironías de mi vida!) en la preparación de una nueva herramienta: un boletín mensual al que podréis suscribiros desde ya (a la derecha de la pantalla en la web podréis ver el espacio para ello) y que será otra forma de estar en contacto con vosotros, especialmente con aquellos que no estáis en las redes sociales.

Es fácil adentrarse en algo nuevo o desconocido de la mano de alguien sabio y paciente que nos acompañe en el trayecto. Yo quiero agradecer a Sergio y a Nico de CableData Telecom el camino que están ayudándome a construir desde que comenzamos andadura juntos hace casi tres años. Cada vez que les escribo con una duda, idea, propuesta o modificación, ellos están ahí al instante poniéndomelo todo facilísimo y enseñándome a pescar. Cumplen así con una de esas virtudes que le veo al coaching: la de devolverle la responsabilidad a la persona, haciéndolo así más consciente de sus potencialidades y fortaleciéndolo. ¡Gracias, chicos! ¡Qué bueno trabajar con vosotros!

Así que, ya sea sola, en internet o con Sergio y Nico, voy a seguir aprendiendo en este mundo loco que es la red y cuestionándome mis maneras de hacer para poder redefinir la dirección y el sentido de mis movimientos cuando lo crea oportuno y no volverme loca yo en el intento.

Estoy sacándole brillo a mi brújula interna, aprendiendo también a usarla (yo que tan mal me he orientado normalmente) para saber identificar dónde está el norte y dónde se encuentra mi norte. Así podré llegar a donde yo quiera.

Y tú, ¿cómo lo ves?

 

 

Deja para mañana
lo que podrías haber hecho hoy
(y comenzaste ayer sin saber cómo).

Y que mañana sea mañana siempre;

Que la pereza deje inacabado
lo destinado a ser perecedero;
que no intervenga el tiempo,
que no tenga materia en que ensañarse.

Evita que mañana te deshaga
todo lo que tú mismo
pudiste no haber hecho ayer
.”

(Poema Quédate quieto, de Ángel González)

Comentarios (2)

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Amparo dice:

04/12/2014 - 10:57

Ay Gloria, Me ha gustado mucho la primera parte de tu reflexión. Yo desde hace meses me había LANZADO a conquistar las redes: ¡el facebook, el twitter, el linkedin! Y venga a compartir, a crear, a establecer alianzas, a generar contenido de valor... Nunca me pasé a un extremo exagerado porque afortunadamente conozco el minimalismo desde hace algunos años, y desde esta perspectiva, no me he permitido publicar con mucha frecuencia (lo que yo llamo también "spamear los timelines" jajaja). Pero últimamente... incluso me he vuelto a cuestionar este tema. Ya no es sólo que yo no publique mucho por mis propios valores, sino que tampoco quiero seguir a esas personas que están en la corriente dominante de "venga, venga, vamos, produce, publica, muévete, expándete, vende, vende, vende". No sé, creo que quiero encontrar mi propio camino, alejado de estos consejos de hacer MUCHO, y producir MENOS y MEJOR (más bello, más exquisito). Es decir, que yo también estoy aceitando mi brújula interna. :-) Un abrazo!!
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Gloria dice:

04/12/2014 - 12:36

¡Qué graciosa, Amparo, 'conquistar las redes'! :) Sí, tal cual lo dices. Yo también soy de ese sentir. Y me doy cuenta de que muchas veces me he dejado llevar por esas voces que comentas y, ¡qué mal me ha sentado! Pues eso, que una vez descubierta, estoy aprendiendo a usar mi brújula. ¡Abrazo enorme!

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