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Abr.
2015
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com.

De libros, autores y duelos

Eduardo Germán María Hughes Galeano (Montevideo, Uruguay 03/09/1940 - 13/04/15) 


El año pasado por estas fechas nos despedíamos de Gabriel García Márquez. Esta semana, en el mismo día, se nos marcharon Günter Grass y Eduardo Galeano. Para rizar el rizo, también nos dejó ayer Percy Sledge, una voz que me acompañó durante muchos momentos de juventud. Así que el alma negra le puso música a la partida del nobel alemán y del uruguayo universal. O así me gusta verlo a mí.

Por segundo año consecutivo, el día del libro estará marcado por el luto, el duelo, y seguro que también por la venta de libros de estos autores. Bienvenida sea. La venta de libros, quiero decir. 

Me quedo un poco triste ante estas noticias, especialmente cuando han sido nombres que han formado parte de mi vida, y necesito hacer mi parte de duelo, rememorando, releyendo, escuchando de nuevo, recuperándoles, haciéndoles un sitio.

Se van y se quedan a la vez. Se marchan para no volver pero siempre estarán con nosotros, precisamente porque nos dejaron sus letras, su música, su legado en la forma que sea. Y así el duelo se hace más llevadero y hasta duele menos, al menos para los que no tenemos su sangre.

Mi compañera Amparo Millán hace unos días nos invitaba en su perfil de Facebook a compartir cuáles habían sido algunos de nuestros libros de cabecera, ésos que nos habían marcado, emocionado por dentro y movido por fuera, convirtiéndose en referencia para nosotros a partir de entonces. Me pareció un ejercicio hermoso para compartir.



 

Aquí algunos de mis libros de referencia.


La semana pasada hablaba también del valor, la utilidad y los beneficios de la escritura, y casi lo mismo podría decir de la lectura, que nos emociona y nos transporta para ayudarnos a pensar y a crecer. No podría imaginar jamás una vida sin libros, sin letras, sin palabras. Por tanto, una vida sin autores también me resulta impensable e imposible. ¡Qué suerte poder leer siempre que queramos a Galeano y que desde donde esté continúe arrojando luz generando conciencia en nosotros a través de su prosa!

Llevo unos días interiormente inquieta, removida y más cansada de lo habitual. Así que, mejor que yo, puede ocupar este espacio uno de esos redondos cuentos de Galeano, uno que en concreto habla de la magia de la lectura y cómo puede llegar a cambiarnos para convertirnos en alguien que antes jamás hubiésemos imaginado. 

Gracias y hasta siempre.


"Era el medio siglo de la muerte de César Vallejo, y hubo celebraciones. En España, Julio Vélez organizó conferencias, seminarios, ediciones y una exposición que ofrecía imágenes del poeta, su tierra, su tiempo y su gente.

Pero en esos días Julio Vélez conoció a José Manuel Castañón; y entonces todo homenaje le resultó enano.

José Manuel Castañón había sido capitán en la guerra española. Peleando por Franco había perdido una mano y había ganado algunas medallas.

Una noche, poco después de la guerra, el capitán descubrió, por casualidad, un libro prohibido. Se asomó, leyó un verso, leyó dos versos, y ya no pudo desprenderse. El capitán Castañón, héroe del ejército vencedor, pasó toda la noche en vela, atrapado, leyendo y releyendo a César Vallejo, poeta de los vencidos. Y al amanecer de esa noche, renunció al ejército y se negó a cobrar ni una peseta más del gobierno de Franco.

Después, lo metieron preso; y se fue al exilio."

 

"Ni diez personas iban a los últimos recitales del poeta Blas de Otero.
Pero cuando Blas de Otero murió, muchos miles de personas
acudieron al homenaje fúnebre que se le hizo
en una plaza de toros de Madrid.
Él no se enteró".

(La muerte, de Eduardo Galeano)

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