27
Ene.
2015
4
com.

Exploración y experiencia

 

“La vida nos pone en el camino las experiencias que más necesitamos para la evolución de nuestra conciencia. ¿Cómo saber si ésta es la experiencia que necesitas?
Porque es la experiencia que estás viviendo en este momento”. 
Eckhart Tolle


Hace dos semanas me corté en un dedo; era bien tempranito por la mañana, estaba sola y partiendo limones en la cocina de casa. Mi cuerpo está haciendo un trabajo fabuloso reponiéndose a mi agresión externa, cerrando la herida, evitando la infección y cicatrizando, que vaya eso por delante. Sin embargo, aunque el cuchillo es una herramienta de uso cotidiano para mí, reconozco que los primeros días me daba cierto resquemor coger por el mango alguno, especialmente si era de gran tamaño y estaba bien afilado; más aún si se trataba justo de ése con el que yo misma y sin intención consciente, me autolesioné.

Remontándome algo más atrás en el tiempo, allá por el verano de 2012 tuve un leve siniestro automovilístico debido, principalmente, a la incorporación irregular de un vehículo al carril de la autovía por el que yo circulaba. Afortunadamente todo quedó en un susto y en dos dignos trabajos de chapa y pintura en sendos coches de los que la aseguradora del caballero en cuestión estuvo encantada de hacerse cargo. Por supuesto, ni pude ni quise permitirme el recluirme en casa y dejar de conducir como consecuencia de aquella experiencia hasta cierto punto, traumática, aunque sí es cierto que pasaron varios días (si no semanas) hasta que me decidí a volver a transitar aquella vía. Desde entonces, además, tiendo, en contra de lo que marcan las normas, a circular por el carril izquierdo para evitar las incorporaciones justo en ese tramo de la autovía en cuestión.

Tras sendas experiencias, puedo explicar mi temor y mi actitud precavida iniciales como consecuencias lógicas y directas de las vivencias en cuestión. Y la evolución posterior podría haberme llevado al miedo patológico tal vez, evitando la conducción en autovía, por ejemplo, o por completo. En mi caso, integré lo vivido y entiendo, hasta donde puedo ahora mismo, que continué con mi rutina más o menos dentro de mi normalidad.

Andaba curándome la herida estos días y cambiándome el vendaje por las mañanas cuando recordé el esquema que comparto en la imagen de arriba con vosotros: el proceso inconsciente de exploración de la realidad, que es el camino natural que nuestro cerebro sigue ante una experiencia:


1- Primero sucede algo, un hecho constatable y objetivo (cortarme con el cuchillo o tener un encontronazo con otro vehículo a 90 km por hora)

2- Ese hecho hace que mi mente genere un pensamiento (el primero tras lo sucedido “¡Qué torpeza la mía, cómo he podido cortarme así de tontamente, con el yuyu que me da a mí la sangre y además estando aquí sola en casa!”. Más adelante me dije a mí misma: “Niña, tú puedes cuidar de ti misma, no te vas a desangrar a través de ese corte, tranquila")

3- El pensamiento trae como consecuencia una emoción (en mi caso, el miedo: a desmayarme y caerme al suelo estando sola en casa, al dolor, a la impresión que sé que me da ver sangre y carne viva)

4- Esa emoción da salida a un comportamiento (primero, procurar parar el sangrado lo antes posible o apartarme en el arcén para poder hablar con el otro conductor; después, una precaución exagerada, como consecuencia del miedo anterior)

5- Todo esto genera un resultado (el dedo deja de sangrar tras unas horas o el intercambio amistoso de datos con el conductor en cuestión; más adelante, evitar cocinar durante unos días o el tránsito por la autovía de marras)

6- Y tras el resultado, finalmente, extraigo un aprendizaje o feedback que, sin ser muy consciente de ello, me llevo como herramienta para utilizarlo en la siguiente experiencia que tendré (cruzo los dedos, pues aún no ha vuelto a repetirse ninguna de las dos experiencias).


Así que ese resultado y feedback finales son claves puesto que condicionarán mi siguiente experiencia, y a su vez, ellos son consecuencia de lo que anteriormente hice, sentí y pensé.
Si tomo conciencia de que ése es el proceso, inconsciente, a través del cual exploro la realidad, también puedo, en los casos en los que me resulte útil o necesario, modificar mi respuesta en alguno de estos pasos.

Es lo que, en mindfulness o atención plena se llama regulación emocional, o lo que es lo mismo: responder en lugar de reaccionar. Atender a los detalles de la emoción (sensaciones físicas que me avisan de que llega; en mi caso, la sudoración fría, por ejemplo) para que, en lugar de dejarme arrastrar por el pánico (despertando a mi vecina a deshoras o llamando a emergencias) pueda generar una salida más ecológica con mi realidad en ese momento.

Nuestro cuerpo y nuestra mente son muy sabios y a menudo ellos solos conocen el camino y hacen el trayecto, aunque también nos puede servir ponerle nombre al proceso y a sus etapas para comprender cuál es el funcionamiento natural y cómo podemos sacarle mayor partido a esa maquinaria maravillosa con la que ya contamos de partida.

 

“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo”. Viktor Frankl

 

“Andando, andando.
Que quiero oír cada grano
de la arena que voy pisando.
Andando.
Dejad atrás los caballos,
que yo quiero llegar tardando
(andando, andando)
dar mi alma a cada grano
de la tierra que voy rozando.
Andando, andando.
¡Qué dulce entrada en mi campo,
noche inmensa que vas bajando!
Andando.
Mi corazón ya es remanso;
ya soy lo que me está esperando
(andando, andando)
y mi pie parece, cálido,
que me va el corazón besando.
Andando, andando.
¡Que quiero ver el fiel llanto
del camino que voy dejando!”


(Poema Andando, de Juan Ramón Jiménez)

Comentarios (4)

Imagen de Iván

Iván dice:

29/01/2015 - 17:19

Muy interesante, y muy bonito el gráfico. Es un tema que yo me he planteado muchas veces y solo te haría dos matizaciones. Me faltan entre los hechos y el pensamiento dos elementos: la creencia que tengo, y la interpretación que esa creencia me genera. En tu ejemplo serían la creencia de que una persona hábil no se corta, y después, de que tú eres una persona que sabe reaccionar. Y luego el pensamiento crea la emoción pero también a la vez contribuye a crear el comportamiento. Es decir me faltaría una flecha entre pensamiento y comportamiento. Ah, y me alegro mucho de que no fuera nada el accidente.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

29/01/2015 - 17:30

Interesante también tu puntualización, Iván, gracias, aunque se me ocurre al leerte que las creencias, como juicios que son, junto con las interpretaciones de las mismas, son también pensamientos o procesos mentales. En cualquier caso, tu esquema quedaría más amplio, y sería perfecto así. Por cierto, que sepas que cuando hice el gráfico me acordé de ti y de tus dibujos ;-)
Imagen de Anuchi

Anuchi dice:

02/02/2015 - 18:58

Fantástico el post y cómo ayuda el gráfico!!!!. Te diré que desde hace años he desarrollado ese dejarme arrastrar por el pánico ante situaciones como, por ejemplo la del corte en el dedo que sí la he vivido. Espero que, poco a poco, aprenda de tu sabiduría y "pueda generar una salida más ecológica con mi realidad" en momentos como esos. Gracias. Besos
Imagen de Gloria

Gloria dice:

02/02/2015 - 20:44

¡Gracias, Anuchi! Me alegra que te sirva. Te confieso que lo de cortarme las manos es algo recurrente para mí, pues esta ha sido la cuarta o quinta vez que me pasa, lo cual quiere decir que algo tenía aún que aprender. Y si miro atrás hacia las 5 vivencias puedo apreciar las diferentes respuestas o reacciones que he tenido a lo largo del tiempo. Como todo, al final, es un proceso, y cada uno lo hacemos a nuestro propio ritmo y con las herramientas que tenemos a mano. ¡Perfecto! Muchos besos, bonita, y gracias por tus comentarios.

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