26
Feb.
2014
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com.

Éxito, adicciones y viaje interior

Collage en papel japonés del versátil artista cordobés Fernando González Viñas.


Hace unos días moría, en circunstancias en principio extrañas, Philip Seymour Hoffman: 42 años, padre de familia, actor de talento más que probado y en activo. En breve nos fuimos enterando de que fue encontrado con una jeringuilla en el brazo y así supimos algunos de su relación con la heroína. Muchos de nosotros llegamos a pensar ‘cómo es posible que se haga eso a sí mismo, a su familia, con todo lo que tenía…’

La muerte a menudo nos sorprende cuando sobreviene a personas jóvenes, sobre todo si no es muerte por enfermedad o accidente sino de algún modo ‘buscada’ o cortejada casi, y especialmente si consideramos que la persona en cuestión tenía ‘éxito’. Nos resulta complicado entender como alguien que ‘lo tiene todo’ pueda conducirse a sí mismo hasta un final así y es muy posible que terminemos juzgando la ‘incapacidad’, la debilidad o el gusto por vivir al límite de estas personas que a nuestro entender, no parecen valorar lo que la vida les ha otorgado, como si no fuesen merecedores incluso de los aplausos, los reconocimientos, las alfombras rojas, la sofisticación y las mansiones en las que vivieron.

Caemos en el error de identificar el mundo externo de la persona con su mundo interior y pensamos que esa exterioridad es un indicador fidedigno de éxito y felicidad, cuando el éxito y la felicidad reales sólo pueden medirse en y desde el mundo interior. Consecuentemente, cuando alguien con tanto éxito y tan ‘aparentemente’ feliz se precipita a un trágico final, es tal vez porque su mundo interior, íntimo e invisible a los ojos del mundo, debe andar poblado de sombras, de fantasmas, de miedos y dolores más poderosos que los oropeles y los destellos que brillan visibles en el exterior.

Sólo el que lo ha sentido puede dar fe de ello. Sólo el que se ha visto en brazos de la adicción sabe por qué, cómo y para qué se deja llevar por esa fuerza, una que es más potente que la persona misma. Yo no lo he vivido, aunque he aprendido algo sobre adicciones atendiendo a las historias personales y a las biografías de otros y leyendo y escuchando a personas que sí lo han experimentado y que han conseguido hacer una fortaleza de ello, como Chris Grosso o Tommy Rosen.

Philip Seymour Hoffman, Whitney Houston, Amy Winehouse, Michael Jackson, Kurt Cobain, River Phoenix, Marilyn Monroe, Jack Kerouac, Dylan Thomas, Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire,… Ellos fueron mundialmente conocidos (por sus talentos y cualidades) y por eso sus muertes también lo fueron. Sin embargo nuestras ciudades y pueblos, nuestros barrios y las urbanizaciones en las que vivimos están habitadas también por personas anónimas para el resto del mundo que transitan las oscuras autovías de la adicción. Porque historias de dolor y de desesperación existen en cualquier lugar y atañen a muchísimas familias, independientemente de la nacionalidad, clase social, raza, religión o dedicación profesional.

Los que no nos hemos visto en una parecida, ¿nos sentimos más fuertes y capaces que los que sucumbieron? ¿Pensamos que son débiles, que nosotros jamás caeríamos en esos agujeros que ellos poblaron? Nosotros no sabemos nada de sus historias vitales y familiares, de sus miedos y sus necesidades. Tal vez tenemos otras dificultades más ‘livianas’ como el insomnio, el sobrepeso, la ansiedad o las migrañas; tal vez gritamos en exceso o perdemos la paciencia a menudo y con facilidad; es posible que simplemente fumemos (porque nos gusta), que tendamos a la infidelidad o que no logremos mantener una relación de pareja; puede que no seamos capaces de llegar al orgasmo, de concebir o de tener relaciones de verdadera amistad.

Claro, con todo eso se puede vivir y además, muchas de esas manifestaciones no son ‘culpa’, perdón, responsabilidad nuestra, ¿verdad? Y en cualquier caso, con un poquito de medicación cuando sea necesario, un puntito de terapia si le echamos ganas y un toquecito de aguantarse uno (y de que se aguanten los demás), ¡ya está! A esperar que la salud y el carácter se vayan amoldando a la realidad en cuestión. Eso es nada, pensamos, comparado con las drogas duras que se meten algunos.

Yo digo que es el mismo ‘deporte’, aunque jugado en ligas diferentes. Que nos demos cuenta de ello o no ya es otra historia. ¡Ay, la conciencia! ¡Ésa brújula interior que todos traemos de serie y que en muchos casos se muere con nuestra vida sin haberla sacado apenas del envoltorio!

Dice Tommy Rosen que la persona que ha vivido una adicción necesita para volver en sí dos ingredientes fundamentales:

1- Un camino espiritual
2- Una comunidad de apoyo

Él, adicto rehabilitado (a través del yoga principalmente), entiende que esos dos puntos son los cimientos de la recuperación, y que la persona tiene que pasar el resto de su vida fortaleciendo esos cimientos, a través del método que a ella en particular le sea útil. Entiende que la adicción revela una ‘falta’, siendo el camino espiritual el que llena ese vacío; y también que está íntimamente ligada al aislamiento, por lo que la unión al grupo o la pertenencia a una comunidad de apoyo son esenciales.  

Dicen los que se han entregado que la vida bajo los efectos es más intensa, pues actúa ‘seduciendo’ al sistema nervioso haciéndole creer que eso es mejor que vivir. Debe ser entonces que su vivir es difícil de soportar y que los destellos del éxito puertas a fuera no pueden equilibrar la profunda oscuridad del interior.

Sólo nos queda respetar el destino de cada uno tal y como se desvela, sin juicio. 

 

 

“Beber es algo emocional. Te sacude frente a la estandarización de la vida de todos los días, te lleva fuera de eso que es lo mismo siempre. Tira de tu cuerpo y de tu mente y los arroja contra la pared. Tengo la impresión de que beber es una forma del suicido en la que se te permite regresar a la vida y comenzar de nuevo al día siguiente. Es como matarte a ti mismo y después renacer. Creo que he vivido diez o quince mil vidas ahora.”

Charles Bukowski

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