01
Ago.
2012
0
com.

Espejismos

Creí verte tantas veces… Caminando por la calle, en el supermercado, al volante, paseando en la playa, pidiendo una copa en la barra de un bar, en la ventanilla del banco, con traje y corbata, en bañador, en camiseta y bermudas… Pero nunca eras tú. Eran sólo personas que se te parecían y a veces ni eso. A veces era simplemente mi imaginación inconsciente buscándote en cada rostro porque tenía necesidad de verte en tres dimensiones y en movimiento. Por un instante mi corazón latía a un ritmo frenético, mis pupilas enfocaban alteradas y todos mis sentidos se agudizaban para retener ese momento y para retenerte a ti en él. Entonces era como si flotásemos en un limbo de espacio y tiempo donde desaparecía el ruido y el mundo, donde sólo estábamos los dos. ¡Pero la burbuja se rompía tan rápido! El claxon de un coche, la voz de un niño, algo de música alrededor y el encantamiento se deshacía así sin más. Descorazonador… El estómago entonces se me retorcía en un nudo inmenso y ya sólo quería llegar a casa para encontrarte allí, aunque fuese sólo en dos dimensiones.


Luego viniste tú a verme varias veces y entonces la sorpresa fue mayor incluso, el sobresalto más profundo y tuve miedo. Miedo de verte de nuevo así de real, a pesar de haberlo deseado tanto tantas veces. En tus visitas siempre te veía feliz, saludable, sonriente, luciendo un moreno envidiable, vestido de negro o con esa camiseta color verde militar que a mí tanto me gustaba. Una vez superado el miedo yo me alegraba inmensamente de verte y te hacía preguntas y lloraba sin dejar de mirarte. Tú sonreías y siempre me contestabas, aunque fuese con silencios. Cuando te veía lo entendía todo. No había reproches pero sí dudas y peticiones de ayuda que tú atendías generoso. Por eso quería verte más, porque esos encuentros ¡me ayudaban tanto! Yo quería elegir cuándo tenerlos, acordarlos de alguna manera, pero no sabía cómo hacerlo, dónde encontrarte, qué hacer para provocarlos. Así que sólo me quedaba esperar cuándo me sorprenderías otra vez. Aún así también dolía mucho cuando te esfumabas. Sólo quedaba vacío, la ilusión de un encuentro fugaz e insuficiente y la soledad de nuevo hasta no sabía cuándo… Desolación era lo que sentía entonces y la angustia se instalaba en mi pecho a sus anchas.


El tiempo pasa y entretanto nosotros vamos cambiando. Ya apenas te veo ni tú vienes nunca por aquí. Te pienso mucho, casi a diario y sé que tú a mí también. Los dos estamos mejor que nunca y posiblemente todo lo que pasó tenía que suceder para que llegásemos a este punto en el que estamos hoy. Yo no podría haber llegado aquí sin ti y sin que te fueses, eso lo sé ahora. Y tú tenías otro camino que seguir aunque fuese alejado del mío. Pero ¡qué dicha habernos encontrado durante ese intervalo de tiempo! ¡Cuánto aprendimos y cuánto nos dimos! Nunca se lo podré agradecer suficientemente a la Vida.


Este mes de agosto cumplirías 44 años; hace 6 que te fuiste; y aquella camiseta tuya verde militar que tanto me gustaba sigue pululando por los cajones... :)

 

 

La muerte no es nada.
 
Sólo me he escabullido a la habitación del al lado.
Yo soy yo y tú eres tú.
Lo que sea que fuimos el uno para el otro,
lo seguimos siendo.
 
Llámame por mi nombre,
háblame como solías hacerlo siempre.
Que no haya ninguna diferencia en tu tono de voz.
No fuerces un aire solemne o de pesar.
Ríete como solíamos reírnos
de esas bromas que disfrutábamos juntos.
 
Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí.
Deja que mi nombre siga siendo ese hogar que siempre fue.
Nómbralo sin esfuerzo,
sin el fantasma de una sombra en él.
 
La vida tiene el significado que siempre tuvo,
Es tal y como siempre fue.
Es una continuidad absoluta e intacta.
¿Qué es la muerte sino un accidente insignificante?
¿Por qué iba a desaparecer del recuerdo
sólo por no estar a la vista?
 
Te estoy esperando durante este intervalo,
en un lugar muy cerca,
a la vuelta de la esquina.
 
Todo está bien.

 
(Henry Scott-Holland, 1847-1918, canon de la catedral de San Pablo)



 

 

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