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Dic.
2014
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com.

¿Es dulce tu navidad?

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Pub inglés con chimenea, buena compañía y cerveza de gengibre. Uno de esos placeres navideños a los que me gusta entregarme. Con mesura.


Esto de atravesar las fiestas navideñas y sobrevivir a la locura generalizada que en la mayoría de los casos suponen se convierte en toda una hazaña vital para cualquier persona humana medianamente coherente.

Hay quienes odian la navidad y quienes la adoran, en uno y en otro caso entiendo que por razones varias y a menudo muy personales.

Yo me posiciono entre los que adoran la navidad y por supuesto, también tengo mis razones:


* Me gustan las luces, los adornos y las decoraciones navideñas. Lo que podríamos considerar ‘el envoltorio’.

* Me gustan las vacaciones, el tiempo de desconexión de la rutina para volver a las familias y a las ciudades de origen (propias y políticas), y los reencuentros que eso trae consigo. 

* Como consecuencia de lo anterior, me gustan las reuniones de horas en torno al fuego (se aceptan calefacción o brasero, según el caso) con charlas infinitas de por medio, copitas de vino, tazas de té, juegos de mesa y películas que me hacen sonreír.

* Me encantan los manjares, los ratos de cocina y de mesa compartidos y compartiendo, con música y risas de fondo.

* Me gusta la sorpresa de recibir regalos y sobre todo la emoción de buscarlos pensando en el otro, seguido de la ilusión al entregarlos.

* Me gusta esa idea de cerrar un ciclo que supone el fin de un año y la belleza de comenzar uno nuevo en el año nuevo con nuevos planes y renovadas ilusiones.


¡Me gusta la navidad, lo confieso!

Aunque estoy de acuerdo en que hay maneras y maneras de hacer el tránsito, y algunas, todo hay que decirlo, son muy poco ecológicas para el individuo.

Es así, a pesar de que desde el gobierno y los medios nos digan que es fabuloso consumir, que las tiendas están liquidando las existencias y eso son muy buenas noticias, que tras las compras navideñas viene la resaca de las rebajas, que hay que salir, comprar, tomar, regalar y comer sin demasiada medida y caiga quien caiga. Eso es otra cosa.

Con esta idea loca del consumismo y el bienestar mal entendidos nos quieren vender (nunca mejor dicho) que nuestro nivel de consumo establece la medida de nuestra felicidad como sociedad. Y bueno, yo es verdad que me pongo loca de contenta frente a un plato de jamón con una buena copita de tinto y también abriendo un regalo, pero, sinceramente, si en lugar de jamón, vino y regalo hubiese arroz frito con verduras, agua y ningún paquete para abrir, me sentiría también dichosa si a mi lado están las personas que quiero y tenemos un hogar digno donde reunirnos, salud para disfrutar y un trabajo que, idealmente, nos colme y nos haga crecer.

La navidad parecer tener asociado también el manido cartel de ‘tiempo para los buenos deseos’, aunque también ese tiempo debería serlo todo el año, ¿no os parece? Compartir y entregar buenos deseos y recibirlos también. Y si llega alguna energía, en la forma que sea (palabra, gesto, actitud, mirada) que no nos hace bien, podemos desecharla, igual que retornamos o descambiamos una prenda que nos regalaron y que no nos gustó o no nos queda bien. 

Quedarnos con lo negativo que alguien pueda entregarnos es una elección que no nos hace ningún bien pues tiene un impacto en nuestro ser. Si alguien nos entrega una fruta podrida y pestilente invitándonos a comerla, ¿lo haríamos? Seguro que no. Y de la misma manera podemos elegir rechazar la negatividad que pueden enviarnos desde fuera. 

Podemos enfocarnos en ofrecer buenos deseos y tener presente que lo que damos es lo que recibimos. ‘What goes around comes around’, que dicen los ingleses. Es la ley del equilibrio universal.

Visto así, los regalos más valiosos y asequibles para todos tal vez sean el amor, la tolerancia, la amabilidad, el respeto, la ayuda, la amistad, la compañía, la presencia, la escucha... Y todo eso, si nos lo proponemos, todos nos lo podemos permitir, sean cuales sean nuestros ingresos monetarios y la época del año.

Engullirlo todo en cantidades industriales regándolo con licores varios y abundantes mientras que salimos a diario y a deshoras, sin descanso, sacando la tarjeta de crédito a diestro y siniestro, viendo a personas que no nos aportan nada o poco o mucho malo pero verlas básicamente porque son familia o familia de nuestra familia,... Todo eso tiene sólo una lectura: el sinsentido de dejarnos llevar por la insatisfacción sintiendo que en cada uno de esos actos encontraremos lo que buscamos, llenar ese vacío antiguo que nos resulta tan familiar y que ya casi se tornó crónico.

No hay majares, licores, regalos, salidas nocturnas ni fiestas que llenen ese vacío. Después de la resaca siempre volvemos al punto de partida, y tras cada vuelta comenzamos más ajados, pues los efectos de nuestros excesos tienen un claro impacto en nosotros.

Este año he sabido de amigos que deciden irse de retiro durante las fechas navideñas, no reunirse con la familia para cenar, quedarse en casa tranquilos con sus niños y jugar y acostarse temprano, que hacen regalos manuales... Tal vez todo esto siempre sucedió y soy yo la que ahora enfoco la atención en ello. Tal vez ahora pase más que antes.

En cualquier caso me resulta saludable y, como en cualquier otra circunstancia, la consciencia y la coherencia nos devolverán el sentido, en cualquier época del año, pero sobre todo en navidad. Y entonces podremos dejar de odiarla y echarle a ella la culpa, poniendo la responsabilidad en lo que nosotros elegimos hacer y en cómo decidimos vivirla.

 

 

“Lucha de gigantes
convierte,
el aire en gas natural.
Un duelo salvaje
advierte,
lo cerca que ando de entrar
en un mundo descomunal,
siento mi fragilidad.

Vaya pesadilla
corriendo,
con una bestia detrás.
Dime que es mentira todo,
un sueño tonto y no más.
Me da miedo la inmensidad
donde nadie oye mi voz.

Deja de engañar,
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.
Monstruo de papel,
no sé contra quien voy
¿o es que acaso hay alguien más aquí?

Creo en los fantasmas terribles
de algún extraño lugar
y en mis tonterías
para hacer tu risa estallar.

Deja de engañar,
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.
Monstruo de papel
no sé contra quien voy,
¿o es que acaso hay alguien más aquí?

Deja que pasemos sin miedo.”


(Lucha de gigantes,
de Antonio Vega)

Comentarios (2)

Imagen de Anuchi

Anuchi dice:

02/01/2015 - 21:14

Precioso post. Coincido contigo: me gusta la navidad. Y este año he felicitado a todo el mundo enviándole muchos abrazos, caricias, sonrisas, miradas cómplices y salud, mucha salud. Por supuesto, todos estos deseos extensibles a ti y a tu familia. . Besos
Imagen de Gloria

Gloria dice:

05/01/2015 - 13:14

Gracias, amiga. Recibido :) Lo mismo para ti y para los tuyos. ¡Abrazo enorme!

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