29
Ene.
2014
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com.

Ecología general

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El venerable Masanobu Fukuoka.


Si sabes algo o mucho de japonés (como mi amigo Fernando) o de permacultura (como la bella Sonia) o de ecología incluso, tal vez te suene el término ‘tsuchi-dango’.

No era mi caso. Alguien a quien aprecio mucho me lanzó el término y su significado, y lo que he aprendido gracias a ese descubrimiento ha sido un regalo.

Tsuchi-dango significa ‘bola de tierra’, una ancestral técnica de sembrado practicada ya en oriente medio, Egipto y algunas zonas del norte de África desde tiempos inmemoriales. Consiste en mezclar una variedad de semillas, compost, barro u otros compuestos orgánicos con agua hasta que la mezcla adquiera la consistencia necesaria para permitir darle forma de bolitas o canicas, que se dejan secar y luego se lanzan en cualquier zona de terreno en la que una planta pueda potencialmente crecer. Su objetivo final es la reforestación, evitando así que las semillas, tan pequeñas y frágiles a veces, se pierdan, mueran o terminen en los estómagos de animales. La forma de bola las protege hasta que llega la lluvia, ablandando el barro y estimulando a las semillas, que entonces sí pueden germinar.

El agricultor, microbiólogo e investigador agrario japonés Masanobu Fukuoka (1913-2008) recuperó esta técnica ancestral y le otorgó una vida nueva. Trabajaba por aquel entonces como científico especializado en la patología de las plantas para el gobierno de su país cuando en 1937, tras atravesar una neumonía, experimentó un profundísimo cambio espiritual que transformó su visión del mundo por completo. Abandonó su trabajo y las prácticas científicas occidentales que hasta entonces había desarrollado y volvió a la isla de Shikoku, de donde era originario, a las tierras de sus padres en el sur de Japón, comenzando allí su experimentación con nuevas técnicas de ‘agricultura natural’.

La esencia de esta nueva línea de trabajo era reproducir las condiciones naturales tan fielmente como fuese posible para que el suelo consiguiese así enriquecerse progresivamente, de modo que la calidad de los alimentos cultivados aumentase sin ningún esfuerzo añadido y de una forma natural. Los principios de este trabajo se basaban en una filosofía del ‘no hacer’ (Wu Wei), o más exactamente, del no intervenir o forzar las cosas: no arar, no eliminar malas hierbas ni usar herbicidas, no usar pesticidas, no podar… Es decir, en dejar que la naturaleza fluya. Confiar en su sabiduría. En el fondo de esta filosofía de vida libre, natural y respetuosa con el flujo de la vida estaba el convencimiento de que la Madre Naturaleza es la encargada de cuidar de las semillas que plantamos y es ella la que decide qué cultivos nos va a entregar.

Decía Fukuoka que “el objetivo final de la agricultura no es el crecimiento de las cosechas sino el cultivo y el perfeccionamiento de los seres humanos.”

Según me cuenta esta persona querida, en los años 70 en Nueva York se inició un movimiento ecologista denominado las ‘guerrillas verdes’, que comenzaron a reutilizar el sistema de las bolas de tierra para bombardear indiscriminadamente solares y espacios abandonados en la ciudad. Al poco tiempo, las semillas germinaban y sorprendían gratamente por su belleza y por esa mezcla de inesperados colores al brotar de un suelo que hasta entonces había yacido allí, desaprovechado y a primera vista, yermo.

Me llena de emoción esta imagen y toda la historia que os he contado antes. Y elijo dejarlo así. Efectivamente, no siempre es necesario explicar la metáfora. Que cada uno entienda lo que quiera, si es que quiere entender algo. Yo sólo quiero agradecerle a A. su mensaje, que me llegó directo al alma. En estos días además, tan importantes para ella. Confianza. Paciencia. Sabiduría ancestral. Ecología. Respeto a la naturaleza. Conexión… Y entonces, todo es fluir.

 

 

“Mucha gente pequeña,
en muchos lugares pequeños,
cultivará pequeños huertos
que alimentarán al mundo.”


Proverbio africano

Comentarios (4)

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Fernando dice:

04/02/2014 - 09:55

Ah, mi amigo el wu wei, qué grandes ratos me ha dado. Ahí estaba la tele puesta en un programa que no interesaba pero el wu wei te decía, déjalo, para qué vas a cambiar, y salía después una película esplendorosa. El gran enemigo del wu wei fue el mando a distancia y ahora ha sucumbido definitivamente ante otra palabra oriental: guas ap
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Gloria dice:

05/02/2014 - 08:38

¡Sí, qué momentos nos ha dado el honorable Wu Wei! Sentados en las Bodegas G a la vuelta de tu casa, hablando de todo y riendo aún más hasta que nos decía "¡Pediros otro medio u otro fity!" Y así lo hacíamos y nos daban las y pico en las tabernas y al día siguiente podíamos, o no, ir a clase. Pero todo estaba bien y era perfecto tal y como estaba. Y tú, sin saberlo, estabas ya echando raíces y creando vínculos con el susodicho... ¡Es mágica la vida o no! ;-)
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Fernando dice:

06/02/2014 - 11:20

cuanto es ocho y cinco? cada vez son más difíciles las preguntas para poder opinar aquí. Me pasa por salirme del wu wei y no estarme quietecito
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Gloria dice:

06/02/2014 - 15:07

Cómprese usted una calculadora SeikoZen, que las tiene a montones y muy baratas en su barrio.

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