22
Abr.
2015
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com.

Detrás de la verdad

Aeonium, del ilustrador británico Russ Mills


Todas las personas, perdón, rectifico: la inmensa mayoría de las personas tenemos en nuestra vida un momento de quiebre, de ruptura; una vivencia que, normalmente desde el dolor o la dificultad, nos cambia por completo o hace que nuestra vida dé un giro, de la amplitud que sea.

Todas las personas que vivimos ese quiebre, perdón, me autocorrijo de nuevo: muchas de las personas que experimentamos esa ruptura nos ponemos en contacto con una parte muy genuina y profunda de nuestro ser que yacía en el olvido, desatendida y sola. Y la conexión con ese yo tan sombrío nos convierte de alguna forma en una versión nueva de lo que anteriormente veníamos siendo.

El quiebre puede venir de la mano de vivencias diferentes: una separación, un divorcio, un exilio, un abuso (del tipo que sea y en el contexto que sea), una muerte, una enfermedad o su diagnóstico, un abandono, un despido, un accidente, una condena, una guerra…

Hace unos años trabajaba en una empresa que comenzó a atravesar un proceso de absorción y compra a manos de otra; nuestro director general, en un intento de maniobra de normalización nos decía: “all is fine, business a usual”. O sea, tranquilos todos y vamos a seguir trabajando como de costumbre.

Pero los compañeros no podíamos seguir trabajando como si nada pasase, porque veíamos que una oficina se cerraba al otro lado de la costa, que cada semana se despedía a un trabajador sin previo aviso y no nos daban oportunidad de decirle adiós, que entraban personas ajenas a nosotros que no conocíamos y se encerraban horas en el despacho del director financiero, que el clima antes entusiasta y vivaz se había vuelto enrarecido y turbio… Imposible para la mayoría trabajar con normalidad cuando, todo eso que nos afectaba directamente y que sin duda iba a cambiar nuestra realidad, estaba sucediendo justo en nuestras narices.

Lo que nuestro superior nos decía y lo que acontecía no encajaba; había una distancia enorme entre la realidad y lo que nombraban las personas al cargo; esa distancia, esa incoherencia, eran dolorosas y desconcertantes para los que nos íbamos quedando. Como si de una novela de Agatha Christie se tratara, o incluso como si estuviésemos viviendo una saga de Los Inmortales, sentíamos que al final sólo podía quedar uno. ¿Y quién sería? ¿Cuándo rodaría mi cabeza? ¿Qué hago para sobrevivir a este escenario?

Esa distancia es lo que Laura Gutman llama en su metodología ‘el discurso (materno) engañado’: ése que establecen en este caso nuestros padres (especialmente las madres, cuando las hubo) o las personas a nuestro cargo cuando fuimos niños. Lo que se graba en nuestra conciencia infantil es lo que se nombra, lo que esas personas que son referentes para nosotros y de los que dependemos para sobrevivir dicen que pasa. Si no lo nombran o lo que nombran es que “aquí no pasa nada, seguimos como siempre”, eso es lo que creeremos, aunque nuestra vivencia interna será de miedo, de soledad, de angustia (según la experiencia de cada uno) y emocionalmente no podremos entender cómo es que mamá dice que todo está bien cuando yo siento tanto miedo o cuando los oigo pelear en la cocina o cuando la familia está llorando por los rincones de la casa… Así se instalan en las familias los secretos, las mentiras y los mecanismos de ocultamiento y de negación de la verdad. Y eso nos lo llevamos integrado en la mochila para reutilizarlo en nuestras siguientes experiencias.

He tenido que enmendar arriba dos veces sobre la marcha porque la observación de la realidad nos confirma que, aunque todos nos vemos al menos una vez en la vida en alguna de esas situaciones, no todos aprovechamos la oportunidad de catarsis que nos brindan. Tal vez sea algo muy de nuestra especie y por tanto generalizado, en el sentido de que nuestra programación nos lleva a sobrevivir como sea, y a menudo para conseguirlo tenemos que bloquear o dejar a un lado las emociones y los sentimientos que esas vivencias traumáticas (del griego τραῦμα que significa herida) nos traen. O eso al menos nos han enseñado: a tapar, acallar, guardar en el desván o en el sótano de nuestra alma eso que nos hace blandos y sensibles para poder continuar vivos.

The show must go on”, que canta Freddy Mercury en esa letra tan conmovedora que Brian May compuso cuando sabían que la muerte del vocalista estaba a la vuelta de la esquina (apenas pasaron dos meses desde que la canción salió como sencillo y hasta que Freddy murió consumido por el SIDA, aunque nada se hubiese hecho público aún: tanto la enfermedad como el grave estado físico de Mercury se mantenían en secreto. De hecho, no pudieron grabar video clip original para acompañar el lanzamiento del tema debido al avanzado deterioro físico del cantante, y optaron por hacer un ‘collague’ visual de imágenes del grupo durante toda su trayectoria).


 



Ese recurso del bloqueo y el ocultamiento es sin duda una habilidad fabulosa y un mecanismo de supervivencia eficaz, pero también es triste y muy doloroso dejar todos esos trasteros humanos atestados de experiencias que jamás pudieron ni podrán salir ya a la luz para devolvernos una imagen muy verdadera de nosotros mismos.

Por seguir con la estela de Freddy Mercury y la de personajes por todos conocidos: ¿qué latía en la vida del cantante para que los anticuerpos del SIDA hicieran nido en él y lo aniquilaran? ¿Qué llevó a Heath Ledger o a Brittany Murphy a la autodestrucción? ¿Cuáles eran las angustias y necesidades de Whitney Houston o de Michael Jackson? ¿Qué empujó a James Dean o a Paul Walker a encontrar la muerte en sendos accidentes de tráfico? ¿Qué sucede en familias como los Kennedy o los Grimaldi, que parecen estar tocadas por la desgracia?

Y volviendo a las vidas de personas anónimas como tú y como yo: ¿qué hace que un adolescente entre armado a su centro educativo y mate a un profesor o a sus compañeros? ¿Cómo es posible que uno de nuestros hermanos o de nuestros tíos se ‘vuelva’ esquizofrénico mientras que el resto de la familia parece ser ‘normal’? ¿Qué pasa en un sistema familiar en el que el cáncer se repite en todas las generaciones o en las mujeres de cada generación? ¿Por qué una mujer se convierte en maltratada y un hombre en maltratador?

Insomnio, ansiedad, depresión, obesidad, consumo de fármacos y drogas, problemas respiratorios, cefaleas y migrañas, trastornos de la alimentación, abusos, maltrato, violencia, crímenes, suicidio…

Como sociedad empleamos hoy en día tres excusas básicas para explicar sucinta y rápidamente todas estas realidades, tan complejas en su naturaleza, y las tres son claras escapatorias, evitando la responsabilidad individual y poniéndola en algo externo a nosotros y, por tanto, inalcanzable:

 

1- La genética o componente congénito

2- La locura o inestabilidad mental

3- La mala suerte o el hado maldito de nuestra tradición greco-romana


Yo pienso que la verdad no está en ninguna de esas tres causas mentirosas, o si acaso, en una mezcla reinterpretada de las tres:

1- Heredamos los secretos, las mentiras y los mecanismos de supervivencia aprendidos y desplegados en nuestras familias, y luego, inconscientemente los repetimos hasta la saciedad y se los transmitimos a nuestros hijos, que si tampoco se cuestionan, seguirán perpetuando la tradición familiar.
 
2- Algunos, de tan grande que ha sido la distancia entre lo nombrado y lo sentido, perdemos el juicio y nos volvemos locos, porque no podemos soportar tanta incoherencia, y no habrá fármacos ni fórmulas químicas posibles que alivien ese sinsentido interno.
 
3- La mala fortuna, si la hubiese, sólo se rompe arrojando luz y conciencia. En algún momento un elemento del sistema hace las veces de catalizador y de alguna manera se pone en acción para ‘sanar’ lo que estaba herido. Si esa persona no aparece, el sistema seguirá transmitiendo la herida abierta como parte de su herencia.



Cuanto más miramos ahora desde la edad adulta, honesta y valientemente el periodo de nuestras vidas que va de los 0 a los 7 años; cuanto más ejercitamos el pensamiento analógico; cuanto más salimos del juicio y de la necesidad de defendernos (y defender a nuestros padres) y de llevar la razón; cuanto más nos cuestionamos a nosotros mismos y a nuestros progenitores… Entonces, más claridad lo inunda todo y más comprendemos por qué nos comportamos como lo hacemos, qué nos lleva a padecer las dolencias que sufrimos, cuál es el mensaje que la enfermedad tiene para nosotros y quiénes se esconden realmente detrás de todos esos accesorios pesados e inútiles que hemos acarreado durante tanto tiempo.

Hasta donde hoy puedo ver me doy cuenta de que las salidas son tres también:

 

1- A algunos ni siquiera se nos ocurre iniciar ese camino de indagación, y permanecemos instalados en el ‘discurso oficial engañado’, que es en general el de nuestras familias y el de la sociedad, como víctimas y/o como perpetradores

2- Otros no podemos soportar el dolor, la inconsistencia de lo que nos rodea, la mentira y el abandono o el abuso emocional, así que nos rendimos y nos salimos de una vida que pesa demasiado, y lo hacemos a través de vías varias (la enfermedad que puede con nosotros, el accidente, el suicidio)

3- Los que nos lanzamos a la profundidad de nuestro océano interior para mirar qué hay allí, inspeccionando desvanes y sótanos, trasteros y altillos para sacar a la luz todo lo que permanecía oculto e inservible en la sombra.


No hay más.

Y tú, ¿en qué salida te sitúas?

 

 

“I'll face it with a grin!
I'm never giving in!
On with the show!
I'll top the bill!
I'll overkill!
I have to find the will to carry on!
On with the...
On with the show!
The show must go on.”


(Estrofa final de la canción de Queen The show must go on)

Comentarios (2)

Imagen de paulina

paulina dice:

17/05/2015 - 16:59

Q acertadas palabras!!! Es dificil ver la verdad y lo q conlleva ir al fondo , pero también es terriblemente sanador. Gracias por tus palabras!!
Imagen de Gloria

Gloria dice:

17/05/2015 - 20:30

Difícil y sanador, Paulina, tú lo has dicho. A menudo la llave está en que el impulso hacia la sanación sea más fuerte que el miedo/pereza a entregarse a la dificultad. ¡Gracias a ti por pasar y por participar!

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