03
Jun.
2015
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com.

Despacio, por favor

Autorretrato (Self portrait), de la artista coreana (del sur) Seungeun Suh.



Yo también viví un tiempo bajo el yugo de la prisa, y apenas si me daba cuenta. Ni de la prisa ni casi de que vivía. La velocidad es lo que tiene: que todo pasa como una exhalación, como el fogonazo de un flash que deslumbra sin alumbrar.

Recuerdo haber vivido 10 meses interminables de mi vida en la capital del reino, y recuerdo salir de casa por las mañanas, caminando a buen ritmo para llegar a la parada de metro, hacer trasbordo dos estaciones después y quedarme leyendo durante 30 minutos hasta llegar a destino para salir luego flechada escaleras arriba y estar en el curro antes de las 10.

Durante ese tiempo aprendí que al entrar en las escaleras mecánicas del metro-mundo, si vas a quedarte parado debes hacerlo en el lado derecho de las mismas, y despejar el izquierdo para que la gente con prisa pudiese seguir su ritmo frenético, ése al que yo me subí a las dos semanas. ¿O tal vez fue menos?

Ya de vuelta en el sur, sin metro pero con coche, apurar cada minuto antes de ponerme al volante era mi tónica habitual. Total, luego le pisaba un poquito más al acelerador y sin esfuerzo alguno recuperaba el tiempo invertido o mal empleado antes de salir.  ¡Como si al ir más deprisa los segundos se multiplicasen a través de alguna fórmula mágica!

Es mentira que al darme prisa me cunda el tiempo mucho más o que pueda calzar más asuntos en la misma cantidad de minutos al aligerar yo mucho. No es cierto. Al contrario; lo que consigo habitualmente cuando me meto prisa a mí misma es precisamente:


- Ganar en mediocridad

- Perder en tranquilidad



Así que, visto lo visto, personalmente, no me interesa lo más mínimo la inversión. Y por tanto, hay cosas que elijo no hacer, si hacerlas rápido es la única opción, o simplemente decido hacerlas a mi ritmo, aunque me cueste empezar el segundo plato cuando los comensales a mi alrededor ya están terminando el postre.

Descubrir que mi ritmo interno es pausado, que no lento, me ha ayudado mucho a aceptar que también es ésa una razón de peso para funcionar de una manera que tiene que ver más con lo que yo soy. Y jamás he sido veloz en nada. ¿Por qué iba a serlo ahora, en algo o en todo?

Una escena: en el colegio, tal vez porque fui de las primeras en dar el estirón y en sexto de EGB era de las más altas de la clase (en qué quedó todo ese crecer tan rápido…) me gustó el atletismo, especialmente las carreras de obstáculos. Claro que mi objetivo era saltar todas las vallas, respetando la técnica y sin volcar ni una sola, obviando que también (o sobre todo) era importante hacerlo lo más rápido posible, como me decía luego el entrenador. Entonces ¿qué pasó? Que dejó de interesarme completamente la carrera de obstáculos y me pasé al salto de longitud, donde no había tiempo ni velocidad de por medio, sólo yo, el salto y la arena.

Leo despacio, camino despacio, hablo despacio incluso. Llego al cine 10 minutos antes de que comiencen los anuncios y 5 minutos antes a cualquier cita que tenga. Cuando un amigo me dice “pásate aunque sea media hora y nos vemos” yo le digo que mejor dejarlo para otro día, porque cuando quedo con alguien querido es para no mirar el reloj hasta que ya me haya ido (y lo de la media hora de todas formas es siempre mentira también).

Me gusta leer, hacer yoga, meditar, navegar a vela y pasear por la playa. ¡En mi club de oratoria ya no saben qué hacer conmigo porque cuando preparo discursos de 7 minutos siempre me acaban saliendo de 8 y medio!

Decididamente la prisa no es parte de mí. Me sienta mal, no me favorece. Si como rápido me auto-genero gases; si conduzco rápido, me multan fijo; si camino rápido me tuerzo el tobillo; si hablo rápido se me traba la lengua y no encuentro las palabras que busco (¡con lo que me gusta a mí elegir la palabra certera1). Son ya 40 años de ensayo-error y la experiencia me lo viene diciendo: despacito y buena letra, sin prisa pero sin pausa y no por mucho madrugar amanece más temprano.

Por eso me gusta vivir donde vivo, porque aquí la mayoría de la gente no parece vivir en la prisa. A veces llego a un mostrador o a una ventanilla y tengo que esperar unos momentos porque la cajera o la dependienta están de charla o de broma con la compañera. ¿Y qué? Me digo a mí misma. Yo haría lo mismo. Al menos me atenderán de buen humor. Y me sonrío yo sola, como acompañándolas. Justo hoy me pasó en el banco. Luego me piden disculpas y entonces yo siempre les contesto: “no te preocupes, si no tengo prisa”. Porque es verdad que ya no la tengo. No es mía ni me toca nada.

Desde hace ya algún tiempo salgo con tiempo de sobra a todos los sitios y llego a mi hora siempre (salvo contadas excepciones que quedan fuera de mi poder de actuación). Voy tranquila, disfrutando del paseo o del trayecto. Voy confiada y serena. Voy segura de que, a no ser que una catástrofe o un hecho inesperado se crucen por mi camino, yo voy bien. Y voy bien no sólo porque vaya a llegar puntual. Voy bien precisamente porque me siento tranquila, confiada, serena, segura, disfrutando. Y ésa es para mí la mejor manera de ir a donde sea o de quedarme en donde sea. Si no es así, casi que prefiero no ir o preferiría no quedarme. Si puedo elegir, ¿por qué no elegir lo que me hace sentir bien? Así además tengo más y más bueno que ofrecer a los que compartan tiempo y espacio conmigo.

Ahora, cuando utilizo el tren de cercanías me quedo siempre apostada y quieta en el lado derecho de las escaleras mecánicas, dejándome llevar; y al volante, me he convertido en la emperatriz del carril lento, desde donde veo a todo el mundo precipitarse, mientras que de paso le lanzo unos guiños al Mediterráneo siempre que tengo ocasión.

¡Y eso sin hablar de un baile lento, de un beso pausado, de una conversación tranquila, de una reunión sosegada, de un rato de lectura quedo, de una cena calmada, de un sexo tardo…!

Lo voy a dejar ahí porque se me está haciendo la boca agua y el corazón caramelo. ¡Y no tengo con quién!

Bueno sí, siempre está Aute...

 

 

“Con que tranquilidad
vuelvo a empezar
desde este momento

mirando el
reloj, comienzo de nuevo
tanto tiempo ha
pasado, y es igualado
por cualquier
instante presente

desde este
momento este momento
es el primero.”


Poema Be still in haste (Permanece tranquilo en la prisa), de Wendell Berry

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