02
Mar.
2016
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com.

Cuida tu jardín

Green bamboo, de la pintora americana Alethea McKee


Este mes de marzo también celebro un cumpleaños importante, diferente al del mes pasado. Hace siete años que me convertí en una trabajadora autónoma.

Hasta ahora ha sido toda una aventura, un reto constante, un camino de subidas y bajadas, una puerta abierta al aprendizaje, continuado e intenso.

En este camino ha habido momentos en los que he sentido que no avanzaba, que el fruto me era negado, que no servía, que fracasaría una y otra vez, y he estado tentada muchas veces de darme por vencida, de renunciar.

Pero hoy no. Hoy quiero celebrar mi camino tal y como ha sido, con todas las dificultades. Y quiero celebrarlo con un cuento.

Dice un jardinero muy sabio:

"Mira a tu alrededor. Admira mi jardín. ¿Ves allí el helecho y el bambú? Planté las semillas de ambos a la vez, hace años; les presté toda mi atención y cuidados, volqué en ellos mis conocimientos y adquirí otros nuevos para ayudarlos a crecer. Me aseguré de que tuviesen la luz, el agua y la nutrición que necesitaban. Hice todo lo que estuvo en mi mano en cada momento.

El helecho creció muy rápido. Sus largas hojas verdes lucían brillantes y frondosas, plenas, exuberantes. Pero nada, ni rastro de vida de la semilla de bambú. Sin embargo, ¿crees que renuncié al bambú? Jamás lo hice. Durante el segundo año el helecho siguió creciendo, más frondoso aún si cabe; y de nuevo, ni una señal de vida de la semilla de bambú. Pero no renuncié a él. En el tercer año, el mismo escenario: el helecho continuó su crecimiento y nada brotó de la semilla de bambú. Y seguí sin renunciar. Lo mismo que sucedió durante el cuarto año.

En el quinto, un pequeño brote apareció tímidamente de entre la tierra. En comparación con el helecho era por supuesto minúsculo, insignificante. Sin embargo, sólo unos meses después el bambú se elevó a veinte metros de altura.

Se había pasado cinco años echando raíces. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le aportaron todo lo que necesitaba para sobrevivir. Y ahí lo tienes. Enorme. Majestuoso. Flexible. Resistente. Poderoso."


Celebrando las semillas plantadas que requieren de cuidados y paciencia, y también las raíces que nos verán crecer fuertes, flexibles y grandiosos.

 

 

"¡Cuánto sabe la flor! Sabe ser blanca
cuando es jazmín, morada cuando es lirio.
Sabe abrir el capullo
sin reservar dulzuras para ella,
a la mirada o a la abeja.
Permite sonriendo
que con su alma se haga miel.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe dejarse
coger por ti, para que tú la lleves,
ascendida, en tu pecho alguna noche.
Sabe fingir, cuando al siguiente día
la separas de ti, que no es la pena
por tu abandono lo que la marchita.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe el silencio;
y teniendo unos labios tan hermosos
sabe callar el "¡ay!" y el "no", e ignora
la negativa y el sollozo.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe entregarse,
dar, dar todo lo suyo al que la quiere,
sin pedir más que eso: que la quiera.
Sabe, sencillamente sabe, amor."



Pedro Salinas

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