16
Abr.
2014
2
com.

Un cuento para la espera

Balloons, de Meghan Howland


En algún lugar que ahora no logro recordar descubrí este cuento que se ha quedado conmigo desde entonces.

Érase una vez un joven ansioso por aprender, con unas ganas enormes de crecer, de conocerse, de entender el mundo en su esencia y de alcanzar la sabiduría. Tanto es así que acudió a un famoso maestro espiritual pidiéndole que le mostrara cómo podía tener una experiencia trascendental con Dios.

El maestro lo llevó a la orilla de un arroyo, lo invitó a arrodillarse e introdujo la cabeza del joven dentro del agua cristalina. Durante unos instantes todo fue bien pero en breve, el joven, como es natural, comenzó a sentir la imperiosa necesidad de respirar. Sin embargo, el maestro seguía manteniéndole la cabeza dentro del agua. El joven comenzó a luchar, procurando con todas sus fuerzas sacarla a la superficie; pero el maestro seguía oponiendo una firme resistencia para que la mantuviese sumergida. Así fue como llegó un momento en el que joven se sintió ya explotar por dentro y sólo entonces el maestro le permitió sacar la cabeza para respirar, diciéndole: “cuando desees a Dios tanto como tus pulmones deseaban aire, entonces tendrás una experiencia con Dios”.

Eso que tanto ansiamos no llega cuando nosotros queremos o cuando pensamos que debe llegarnos, sino que nos saldrá al encuentro cuando el momento sea el adecuado, si la Vida lo considera oportuno... A veces será necesario que estemos en su búsqueda, actuando, alerta, atentos, movilizándonos en pro de lo que queremos conseguir. Otras veces estar abiertos y disponibles será suficiente, dispuestos a recibir lo que llega, porque la Vida siempre nos trae las oportunidades a nuestro camino.

La clave en realidad puede estar en dónde poner nuestra atención. Mientras focalizamos con intención, sin lucha, sin resistencia, podemos sentir que todo lo que hacemos, pequeño o enorme, nos acerca poco a poco a nuestro propósito. 

¿Habrá encontrado ese joven a Dios en su camino? Y si así fue, ¿cómo lo habrá logrado? ¿Habrá sido o será esa experiencia tal y como él la había imaginado? 

 

 

"Despierta. El día te llama
a tu vida: tu deber.
Y nada más que a vivir.
Arráncale ya a la noche
negadora y a la sombra
que lo celaba, ese cuerpo
por quién aguarda la luz
de puntillas, en el alba.
Ponte en pie, afirma la recta
voluntad simple de ser
pura virgen vertical.
Tómale el temple a tu cuerpo.
¿Frío, calor? Lo dirá
tu sangre contra la nieve
de detrás de la ventana;
lo dirá
el color en las mejillas.
Y mira al mundo. Y descansa
sin más hacer que añadir
tu perfección a otro día.
Tu tarea
es llevar la vida en alto,
jugar con ella, lanzarla
como una voz a las nubes,
a que recoja las luces
que se nos marcharon ya.
Ese es tu sino: vivirte.
No hagas nada.
Tu obra eres tú, nada más."


Pedro Salinas

Comentarios (2)

Imagen de Ainhoa Pérez Roca

Ainhoa Pérez Roca dice:

17/04/2014 - 11:16

Me encanta Gloria! Totalmente de acuerdo con la enseñanza de este cuento. Qué relax saber que teniendo claro el objetivo, y enfocando bien, todo va fluyendo... Gracias. Un abrazo.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

17/04/2014 - 11:45

Poquito a poco, se hace camino al andar. Con relax mucho mejor que con ansiedad, ¿verdad? Un abrazo, Ainhoa. ¡Qué bien tenerte por aquí!

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