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Jul.
2015
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com.

Creatividad e innovación

Ésta es la web en la que descubrí esta imagen digital metáfora de la creatividad.


Vengo poniendo mucho enfoque y dedicación en los últimos tiempos a realidades que me interesan y motivan especialmente, entre ellas la creatividad y la innovación. Sin duda están en boca de muchos y a menudo en ámbitos ajenos al mío (la tecnología, la ciencia, la economía, la arquitectura…) Ajenos no porque no me interesen ni me afecten sino porque no me dedico a ellos ni me siento conocedora de lo que en esas áreas se genera y se avanza.

Sin embargo me doy cuenta también que cada uno de nosotros en nuestros ámbitos podemos ser creativos e innovadores. Desde el aula hasta la cocina pasando por el despacho, la consulta o la recepción. Y donde sea que nos desarrollemos profesionalmente podemos (de hecho es lo ideal) crecer también personalmente, lo que pasa por:

conocer nuestros dones y talentos para potenciarlos

• reconocer nuestros puntos flacos para limarlos o suavizarlos

• atender a lo que nuestro trabajo necesita de nosotros

• integrar cómo esa función nos enriquece y nos hace crecer


Tal vez, en mi generación al menos, existieron una serie de barreras en la enseñanza y por tanto en la transmisión de la creatividad y la innovación, debido a que se primaban otros valores (las calificaciones, la obediencia, el atender a las expectativas que de nosotros tenían los adultos…) Además, estaba siempre muy presente ese fantasma tan sutil como real del miedo al ridículo, pululando por todas las aulas, espolvoreando su magia en el ambiente. La relación con el error y por tanto con el fracaso es sin duda un problema muy arraigado en España y seguramente también en otras culturas latinas como la nuestra, a diferencia de los países anglosajones, por ejemplo, donde lo entienden como una consecuencia inevitable e imprescindible del avance y del crecimiento.

En cualquier caso, y volviendo a la relación entre nosotros y nuestro trabajo, sea el que sea, se trata de una interacción bilateral que se va desarrollando a diario, aunque a menudo nos dejamos llevar por las tareas cotidianas, las listas de objetivos, el calendario y las vacaciones y no tomamos conciencia de qué estamos aportando y qué recibimos a cambio; cómo se engrandece nuestro trabajo gracias a la aportación que hacemos y qué es lo que nos devuelve como recompensa.

Por experiencia propia y sobre todo gracias al acompañamiento que estoy viviendo con algunos de mis clientes, me doy cuenta de que a veces esos trabajos nos restan más de lo que nos aportan, convirtiéndose en demandantes organismos succionadores de tiempo y de energía. Aún así tienen algo que devolvernos, aunque sólo sea el sueldo a fin de mes y por supuesto el aprendizaje que situaciones tan desagradables y continuadas tiene para nosotros. Y en cualquier caso, eso que nos dan parece pesar más en nuestra balanza que lo que nos restan, de lo contrario, si los beneficios no fuesen al menos algo mayores que los perjuicios, no seguiríamos ahí anclados. La clave está:

1º en tomar conciencia de todo ello, dedicándole atención y reflexión pausadas

2º valorar cuándo es nuestro momento para dar el salto o motivar el cambio

Más allá de los presupuestos de vértigo, las grandes empresas que todos tenemos hoy como ejemplo de éxito tienen muy en cuenta el cuidado a su capital humano (y miremos donde miremos, año tras año, Google está siempre a la cabeza), innovan a partir de la responsabilidad y de la libertad, valorando a aquellos miembros que alcanzan méritos y dándole especial importancia al hecho de que es imprescindible DIVERTIRSE.

Si a ellos les va bien, ¿por qué no extrapolar lo que funciona a gran escala a nuestra pequeña y modesta realidad? Trayendo a casa, a nuestra oficina, despacho, consulta, aula o recepción esas cualidades que los grandes desarrollan, trabajando desde la responsabilidad y la libertad y teniendo muy presente que todo nos irá mejor si estamos disfrutando.

La creatividad y la innovación son meras herramientas para hacer de este mundo un lugar mejor en el que vivir, y también para generar calidad de vida. Lo contrario, es un atraso, un crimen contra la humanidad. Así que cuando veo situaciones de abuso en las que el empresario o el trabajador dice/siente/piensa “¡no te quejes, cumple y da gracias que tienes un trabajo! Y si no estás contento, ya sabes dónde está la puerta porque hay cien como tú o mejores que tú esperando para ocupar este puesto”, a pesar de estar mal pagado, de trabajar más horas de las saludablemente recomendables y sin espacio para la satisfacción y el disfrute personales, me embarga la tristeza. Luego quiero pensar que tal vez ese paso atrás sea necesario para poder tomar carrendilla luego y poder avanzar con más fuerza. Ojalá así sea…

El nuevo modelo de gestión empresarial, como le he escuchado a Josep López Romero, tiene que estar basado en el liderazgo emocional, que pasa por 4 factores claves.

Confianza: el “principal antídoto frente al miedo”; implica satisfacción, aceptación y afectos (entendidos como conexiones interpersonales)

Conciencia: silencio interior para darse cuenta primero y luego para actuar

Creatividad: que es una mezcla de innovación, imaginación, trabajo y perseverancia

Corazón: pasión y ganas. Es la actitud del entusiasmo, que aporta sentido a lo que hacemos



Ken Robinson nos dice una y otra vez que todos y cada uno de nosotros tenemos talento y que nuestro trabajo consiste en descubrirlo para poder desarrollarlo. Por eso, insiste, es vital que amemos eso que a lo que nos dedicamos

Tal vez te sientas o te hayas sentido como yo muchas veces, incapaz de ser creativa, sin talento demostrable, lejos del ser innovadora. Sin embargo te aseguro que todo eso no son más que bloqueos mentales que tienen su razón de ser en nuestra trayectoria vital y que pueden transformarse en los propulsores que realmente necesitamos para sentirnos plenos y felices.

Te animo a practicar a diario algunos hábitos muy simples que nos ayudan a motivar e impulsar nuestra creatividad:


- Elegimos una palabra al azar y generamos ideas a partir de ella, por muy descabelladas o insulsas que nos parezcan. ¡Dejemos el juicio a un lado y simplemente juguemos! Existe una realidad paralela en nuestras mentes donde es posible para los humanos volar sin alas, tele-transportarse o vivir sin dinero. ¡De verdad! ¡Vamos a darnos permiso y a disfrutar!

- Leer revistas/blogs/libros sobre temas inverosímiles. Lo importante es practicar el desbloqueo de nuestro cerebro y motivar la creación y la práctica del ‘pensamiento paralelo’

- Descansar cuando lo necesitamos y cuidarnos a diario: dormir bien y lo suficiente, llevar una alimentación sana, hacer ejercicio, disfrutar o dedicar tiempo al ocio y estar con las personas que nos aportan bienestar

- Hablar solos, en voz alta, mientras paseamos o cuando estamos en casa realizando tareas. A veces incluso ponerle música a nuestras ideas y pensamientos y cantarlos al aire, olvidándonos del ridículo y de lo que se espera de nosotros.

- Pasar tiempo con niños y jugar con ellos, atendiendo a sus modos y a las reglas que ellos establecen para seguirlas, sin imponerles las nuestras, dejándonos empapar por su flujo natural, que es creatividad pura todo el tiempo.

Os dejo aquí una infografía que descubrí hace años (pido disculpas por no citar la fuente pero no tengo registro) y que tengo colgada en un lugar muy visible para tenerla presente a diario:


 


La creatividad, y la innovación es una parte de ella, es una habilidad humana, intrínseca a nuestra naturaleza. Y como toda habilidad, fructifica cuanto más la nutrimos y practicamos. Influye mucho, por supuesto, la estructura de nuestras inteligencias (en plural, sí, que ya hace rato que sabemos que contamos con inteligencias múltiples y no con una sola), el ser pro-activos y optimistas.

Nos decía Joaquín Lorente en una fabulosa conferencia hace unos años que los pasos para ser creativo eran 4, y pasaban todos por “darle órdenes al cerebro de querer ser más y mejor”:

1. Definir en qué queremos ser creativos: una definición brevísima. “Ofrecer un cielo”, decía Lorente. Qué duda cabe que es un publicista de pro, y tal vez por eso el sintagma tiene garra y tremendo atractivo.

2. Observar todo a nuestro alrededor: nuestro cerebro amplía tremendamente su capacidad a través de este ejercicio cotidiano de atención. La vida, la calle, los clientes son realidades a observar. “Cuanto más te alejas de la gente, menos la conoces”, afirmaba.

3. Romper, que es igual a lanzarse cuando el cerebro o el corazón nos dicen que ya es el momento. Supone un acto de coraje, de superar lo que ya se ha hecho. La genialidad, decía, rompe siempre con lo establecido.

4. Unir: pues la creación absoluta (ésa que viene de la nada) no existe. Estamos constantemente uniendo las realidades que ya existen para darles una nueva entidad.


Hace unos días, cuando ya tenía redactado mi post sobre la persona emprendedora, una chica que está realizando su tesis doctoral sobre la “clase creativa” me hacía una entrevista que me impulsó a reflexionar mucho sobre todo esto.

Es curioso como a menudo, alguien externo que no nos conoce de nada, es capaz de darnos una información sobre nosotros mismos que jamás habíamos tenido en cuenta y que de pronto se revela como valiosísima, funcionando de pronto como hilvanadora de esos puntos en principio distantes o incluso inexistentes para nosotros (de los que también habló maravillosamente Steve Jobs) que sin embargo son perfectas caras de nuestra realidad: un diamante en bruto, complejo, rico, bellísimo, de un valor incalculable, que ansía por derramar su brillo por el mundo.

¿Dejamos a nuestro diamante brillar?

 

 

“Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor oscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por más que lo manche el cieno.”


(Poema La calumnia, de Rubén Darío)

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