26
Nov.
2014
2
com.

"Conócete a ti mismo"

El título de este post responde al conocidísimo aforismo griego, y la sugerente imagen, Black Iceber 1, es obra de Leslie Shows


La verdad os hará libres”. Jesucristo


Nos pasamos lo que llevamos de existencia funcionando de una manera determinada que se ha ido grabando a fuego en nosotros con el paso de los años, y llegado un punto, porque ya no nos sirve bien, porque nos pesa o nos hace daño, decimos que queremos cambiar.

Queremos cambiar, decimos, y nos empeñamos en hacer modificaciones que, aunque costosas para nosotros en muchos sentidos, son casi siempre superficiales, porque sólo inciden en lo visible, lo que es evidente porque permanece en la luz.

Lo que me pasa en la superficie, por ejemplo, puede ser que me muestro desconfiada, tímida y miedosa, y esa actitud me limita a la hora de convertirme, siguiendo con el ejemplo que me invento sobre la marcha, en la mujer emprendedora que quiero ser aquí y ahora.

Desde la desconfianza, la timidez y el miedo no me atrevo a dar los pasos necesarios para entregarme en cuerpo y alma a mi emprendimiento, y los que doy es posible que me salgan torcidos, de manera que el camino se torna muy pesado y costoso, hasta llegar a un momento en el que, posiblemente, acabe por rendirme, pudiendo incluso dejarlo todo y desistir en mi empeño, aunque sienta, en lo más hondo de mi ser, que ese sueño es el espacio que realmente quiero conquistar.

Entonces, para obtener refuerzos que justifiquen mi fracaso y cimienten mi resignación futura, buscaré aliados fuera, en el mismo nivel en el que procuré hacer los ‘cambios’, y podré decir, contando con la aprobación de una gran mayoría, que la situación está muy complicada actualmente para emprender, que muy pocos consiguen sacar sus proyectos adelante, que la competencia es feroz, que no se puede acceder a financiación,…



El despertar individual trae luz y entonces la persona se engrandece”. Claudio Naranjo


Sin embargo tengo otra opción, la de la revolución interior y el cambio profundo.

Volviendo al ejemplo anterior, si identifico que mostrarme desconfiada, tímida y temerosa ha sido una constante recurrente en mi vida y puedo ir recorriendo las circunstancias en las que esa vivencia se ha repetido, seré capaz de remontarme muy atrás en mi historia, hasta mi niñez, para mirar allí en el desván de mi sombra: lo que hubo y lo que faltó, los dolores y las risas, los juegos y la soledad,…



De nada servirán las revoluciones sociales y culturales si primero no hay una revolución interior”.  Krishnamurti


El iceberg es una gran masa de hielo flotante de la cual sólo percibimos una pequeñísima parte; sin embargo sabemos que lo restante está ahí, oculto, bajo la superficie. Ignorarlo sólo porque no lo vemos sería una locura, un acto tremendo de inconsciencia, incluso de ignorancia.

De la misma manera, el ser humano es mucho más que lo que muestra en la superficie. Arriba, en lo consciente-visible-evidente está:

* Entorno: el trabajo que desempeñamos, los amigos que tenemos, la familia que hemos creado, las aficiones que nos mueven, la ropa que nos ponemos, la ciudad en el que vivimos…

Todo eso a lo que nos dedicamos y las elecciones que vamos haciendo en la vida dice mucho de nosotros. ¿Qué dice de mí lo que me rodea? ¿Cómo me identifica? ¿Qué me impulsa a deshechar algo en pro de otra cosa?

* Comportamientos: si en mi día a día me muestro (y eso es evidente para otros) paciente, cariñosa, irascible, resolutiva, autoritaria, eficaz, optimista, colaboradora, creativa, perezosa… 

Esos modos en los que me comporto suelen definirme, constituir casi nuestra personalidad. ¿Cuáles son los comportamientos que se repiten más en mí? ¿Cómo me defino y cómo me definen los otros? ¿De qué manera encajan esos comportamientos en mi vida? ¿Cómo de cómoda me siento en ellos?


Pero en las profundidades inconscientes y por tanto invisibles se están cociendo las raíces que luego culminarán en mi entorno y en mis comportamientos visibles. ¿Qué hay en la sombra de lo profundo?

* Creencias: son los juicios que yo emito sobre la realidad. La realidad es sólo una, pero hay tantas interpretaciones de ella como personas la transiten. Así que yo, basándome en mis experiencias previas y en mi modo de percibirla, pasaré la realidad por mi tamiz y generaré mis propias creencias (y adoptaré otras muchas de mi entorno). Algunas de mis creencias podrían ser (y sigo inventando):

- para viajar hay que tener mucho dinero

- los emprendedores vienen de familias de empresarios

- el matrimonio es una institución inútil y trasnochada

- la religión acentúa nuestras diferencias y nos separa

- las mujeres son más emocionales que los hombres

- conseguir esta titulación me abrirá las puertas del mercado laboral

- los amigos son el mayor tesoro del mundo

- la crisis económica que vivimos es una oportunidad para todos 

- para triunfar en la vida hay que ser capaz de pasar por encima de cualquiera…



Y así, cada uno de nosotros, establece sus creencias y las defiende a capa y espada, viviendo conforme a ellas.

Pero, ¿nos preguntamos si esas creencias nos siguen sirviendo bien aquí y ahora? ¿Cuánto nos potencian y cuánto nos limitan? ¿Nos hacen bien o son lastre para nuestra vida?


* Valores: son nuestros motores vitales, los que nos motivan y nos ponen en funcionamiento. Los valores son a las personas como los cimientos a un edificio: cuando los cimientos están bien asentados, el edificio se mantiene firme y seguro. Si no se construyeron apropiadamente, el edificio carece de una base sólida, firme y segura para sustentarse, así que puede resentirse, tambalearse (sobre todo ante una crisis), desestabilizarse e incluso venirse abajo.

Los valores, como las creencias, pueden variar mucho según la persona, aún más incluso si venimos de entornos culturales, geográficos o religiosos diferentes. Así, para alguien sus valores principales pueden ser la familia, el esfuerzo y el aprendizaje continuo, y para otro podrían ser la ambición, el prestigio social y el dinero.

¿Cuáles son nuestros valores? ¿Qué es lo que realmente nos mueve en la vida? Y una vez que tomamos conciencia de ello, ¿cómo de presentes los tenemos en nuestra vida? ¿Los respetamos y nos movemos conforme a ellos o por el contrario nos los saltamos cada vez que tenemos oportunidad? ¿Qué precio estoy pagando por no ser fiel a mis valores?

* Emociones: por sí solas darían para 20 posts, 200 blogs, 2000 libros y 20 mil comentarios. De la misma manera que con las creencias y los valores, están registradas casi en nuestro ADN y también pueden emponderarnos o limitarnos. Su origen suele remontarse a nuestras vivencias infantiles, donde aprendimos o generamos mecanismos de supervivencia para seguir adelante.

Ira, tristeza, frustración, alegría, angustia, rencor, dolor, ansiedad, diversión, entusiasmo, melancolía… A menudo las entendemos como emociones (ésas y otras muchas) aunque yo diría que, realmente, hay sólo dos emociones básicas a partir de las cuales (por exceso o por defecto) nacen todas las demás, y son: el amor y el miedo.

El ser humano nace para amar y ser amado y cuando no puede disfrutar de esa mirada que el amor incondicional proporciona aparece el miedo, que no es más que nuestra respuesta natural ante el peligro, porque por encima de todo queremos seguir vivos, y sin amor, sin la mirada y la atención necesarias, la vida de la cría humana (mamífera) y del niño luego, se complica tremendamente. Sin amor, efectivamente, estamos en peligro.

¿Qué emociones son las predominantes en nuestra vida? ¿Hasta dónde podemos remontarnos en nuestra historia para identificarlas? ¿Con qué vivencias concretas las podemos relacionar? ¿Qué dicen de mí las emociones que me embargan?



Una vida no examinada, no es vida”. Sócrates



Este post es sólo un apunte, una breve pincelada sin más pretensión que la de reflexionar sobre una realidad tan necesaria como relevante para el interés común.

Es también una invitación a cuestionarnos: cuestionar lo que pensamos, lo que decimos, lo que hacemos. Cuestionarnos a nosotros mismos para darnos cuenta que nadie tiene la razón y todos la tenemos.

Cuestionarnos y motivar que el otro, sobre todo los niños y los jóvenes, también se cuestionen y cuestionen al mundo que los rodea, porque sólo desde ahí podremos ampliar el zoom y enriquecer nuestra perspectiva, no sólo respecto a nosotros mismos sino también respecto al otro. Sólo desde esa mirada ampliada podremos luego afinar el objetivo para acercarnos a la profundidad de nuestro propio iceberg y mirar muy bien allí, en cada recoveco, una y otra vez, para arrojar luz entre las sombras y poder comprender.

Puede dar miedo, puede ser muy doloroso pero a la vez, tremendamente enriquecedor. Veremos nuestra verdad y la verdad es soberana.

Nuestra queridísima, admirada y sabia maestra Laura Gutman nos lo dice incansablemente, una y otra vez: el cambio real no puede lograrse sólo a través de la voluntad. Es imprescindible la ampliación de la conciencia y la mirada profunda y sincera. Cuando incidimos ahí, los cambios podrán hacerse palpables y podrán además mantenerse en el tiempo, convirtiéndose incluso en permanentes.

La revolución social será consecuencia de la transformación profunda del individuo. De lo contrario, seguiremos quedándonos siempre en la superficie.


 

Amarme a mí misma es estar en contacto y en equilibrio con todo lo que soy. Desde ahí podré llegar al amor al otro. Decidir amar es salir de la infancia para entrar en la adultez, pero no se puede hacer desde la cabeza ni desde la voluntad sino desde la profundidad del ser.” Laura Gutman
 


"Así que no tengas miedo, querido amigo,
si estás enfrentando una tristeza
más grande que cualquiera que hayas conocido,
proyectando su sombra sobre todo lo que haces.

Debes pensar que algo está pasando dentro de ti,
y recordar que la vida no te ha olvidado;
te sostiene en su mano y no te dejará caer.

¿Por qué excluir de tu vida
cualquier malestar y dolor, cualquier depresión,
sin saber qué trabajo están logrando dentro de ti?"



Rainer Maria Rilke

Comentarios (2)

Imagen de Jorge

Jorge dice:

26/11/2014 - 10:00

Me ha gustado mucho tu post, Gloria. Me parece correcto que nos tengamos que mirar a nosotros mismos en profundidad para llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos, pero el inconsciente no se hace consciente en sí, según el psicoanálisis, aunque sí podemos estar atentos a sus manifestaciones indirectas; pienso que conocerse no es una tarea que se pueda llevar a cabo solos, sino que también necesitamos a los demás porque ellos conocen nuestros ángulos ciegos. Un abrazo.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

26/11/2014 - 10:54

Así es, Jorge: lo inconsciente no se hace consciente por arte de magia, sólo a través de la indagación profunda. Y ese trabajo, como bien dices, es más efectivo hacerlo de la mano de alguien que nos acompañe en el trayecto (y cada uno que elija la metodología que más le encaje y el profesional con quien mejor conecte). Todo lo que nos rodea puede darnos pistas y arrojar luz, sobre todo si lo miramos con perspectiva, ampliando y reduciendo el zoom. ¡Gracias por pasar y participar, Jorge!

Deje sus comentarios