02
Abr.
2014
2
com.

Comunicando...

Communication No. 1, Michèle Meister.


“Tenemos dos orejas y una boca, para poder escuchar el doble de lo que hablamos.”
Epicteto


Sigue maravillándome (porque sorprenderme ya no me sorprende tanto, la verdad) la cantidad de veces que, aun hablando el mismo idioma, aun sintiéndonos inteligentes y capaces, aun teniendo todas las facilidades físicas y tecnológicas para comunicarnos, el entendimiento no acaba por cuajar o termina empañado de malentendidos.

¿Cómo es posible? ¿Qué nos lleva a menudo a este fracaso tan fulgurante?

¿Cómo puede ser que con tanta facilidad de palabra, tanta tecnología a nuestra disposición, tantas conexiones y aplicaciones, tantas reuniones y encuentros y talleres de comunicación eficaz, tanta disponibilidad y accesibilidad por nuestra parte y por la del otro, sigamos enganchándonos en nuestros intercambios y no entendiéndonos? Sinceramente, me resulta un asunto casi de ciencia ficción por lo increíble. Si no nos sucediera a diario, si no lo viviese yo misma en mi rutina cotidiana, diría que es prácticamente imposible. Y sin embargo, sucede.


Me interesa enormemente este asunto y, hasta cierto punto, me preocupa. Porque si la habilidad de comunicarnos mediante el lenguaje (los loros no cuentan, lo siento) es precisamente lo esencial que nos distingue del resto de mamíferos (el chimpancé que aprendió ciertos signos con las manos gracias al matrimonio Gardner y los que los siguieron tampoco nos valen aquí) y sin embargo no somos capaces aún (en la era de la comunicación) de gestionarlo satisfactoriamente, entonces estamos echando por tierra tal vez la habilidad más significativa con la que contamos. ¡Ah, el habla, la comunicación, la palabra, la inteligencia humana! ¡Ese hito de la humanidad! ¡Ese don de valor incalculable!

¿Qué hacemos con esta valiosísima herramienta? ¿Cómo la utilizamos?




Communication No. 2, Michèle Miester


Quiero apuntar aquí simplemente tres ideas que a día de hoy identifico como causas más que probables de esta falta de entendimiento que a menudo demostramos:

1- La incapacidad para escuchar
Parece que, si no padecemos ningún problema físico que limite nuestra capacidad auditiva (y aquí la técnica también se alía con nosotros inventando artilugios fascinantes de más que probada utilidad), escuchar es una tarea fácil e incluso 'pasiva', así que nos damos todos por expertos en la materia. Nada más lejos de la realidad. Escuchar ni es fácil ni es en sí una tarea pasiva. Escuchar por lo contrario requiere un nivel de presencia y de disponibilidad hacia el otro que no muchos logramos alcanzar. Si pensamos en una situación reciente en la que nos hemos enganchado con alguien, discutido o en la que no hubo entendimiento y analizamos la calidad de  nuestra escucha en términos de
presencia y disponibilidad, ¿cómo salimos del examen? Y conectando con esto:

2- Un concepto erróneo de empatía o un nivel de empatía realmente bajo
Ponerse en el lugar del otro también parece resultarnos, en principio al menos, asequible, aunque en la práctica muy pocas veces lo logramos plenamente. Porque
ponerse en la piel del de enfrente supone salirnos de la nuestra (de nuestras creencias, de nuestros valores, de nuestra forma de ver y entender, de lo que pensamos que es correcto y equivocado...) y eso incomoda una barbaridad. ¡Con lo justos que nos creemos nosotros y lo apasionados que nos ponemos defendiendo nuestra razón! ¡Y si encima toca ponerse en la piel de ese que soportamos difícilmente, entonces apaga y vámonos! Misión imposible. En este sentido y siendo total y plenamente sinceros con nosotros mismos (vamos, que nadie nos ve ni nos lee el pensamiento ahora mismo), ¿cómo anda nuestro nivel de empatía? ¿Fuerte y lustroso o enclenque y ojeroso? Y finalmente:

3- El gusto por la 'estrategia' y el ocultamiento
A veces porque no nos atrevemos a compartir lo que pensamos/sentimos para no
mostrar nuestra vulnerabilidad tal vez, a veces porque realmente preferimos guardarnos un as en la manga para después y así sentir que seguimos 'controlando' la situación, que la vida está bajo nuestra supervisión y mandato. El caso es que jugamos a decir medias verdades o a lanzarlas con cuenta-gotas, por fascículos. Y de pronto se generan quilombos y enredos dignos de un Mihura en pleno apogeo creativo. ¿Y qué les pasa a los personajes en una trama de Mihura? Pues que están todos enredados, liados en un ovillo de artificio, perdidos, locos. A ver, examen de conciencia de nuevo: ¿cuántas veces en lo que va de semana hemos jugado a los estrategas sin tener batallas de por medio?



Communication No. 3, Michèle Meister


“El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que se ha logrado.”
George Bernard Shaw



Sea como fuere, el malentendido campa a sus anchas en nuestra realidad y el único beneficio que le veo de momento a la situación (aparte de esas comedias disparatadas con final feliz) es tal vez la aparición del 'mediador' y de la mediación como solución para limar asperezas y llegar a soluciones. Una función hermosa la mediación, qué duda cabe, y una línea de trabajo también. Pero cuánto más bello y más fácil sería en primer lugar poder entendernos con nuestras familias y parejas, con nuestros amigos y vecinos, con nuestros compañeros y colaboradores sin necesidad de recurrir a soluciones externas...


“Cuando la gente habla, escucha por completo. La mayoría de la gente nunca escucha.”
Ernest Hemingway



En realidad, y para ponernos manos a la obra (si es que el asunto nos interesa lo suficiente) bastaría con empezar a escuchar de verdad cuando habla el otro, cuando expresa su punto de vista, sus necesidades y requerimientos. Eso ya sería un triunfo absoluto. Con esa práctica pasaríamos automáticamente a la vivencia de la empatía y tal vez entonces las estrategias serían recursos innecesarios. Porque si podemos escuchar y hablar teniendo en cuenta las necesidades del otro tanto como las nuestras, ¿qué más nos puede faltar?

No se trata de hablar y hablar, de decir mucho y llenar el tiempo y el espacio con sonidos y voces, sino de decir lo necesario, lo importante, lo que aporta y contribuye. El exceso y el relleno nos sirven de muy poco. O nos sirven, sí, pero para confundirnos.

“No hay cosa de más peligro ni de menos autoridad que las palabras excesivas.”
Santa Teresa de Jesús


Ahora que ha comenzado la primavera y que todo florece de nuevas, tal vez sea un buen momento para fijarnos en la calidad de nuestra comunicación comenzando, por qué no, por observar cómo anda nuestra capacidad de escucha. ¿Quién se atreve?


¡Qué pena ésta de hoy!
Haberlo dicho todo,
volcando por completo
lo que pesaba tanto,
y ver luego que todo
se queda siempre dentro,
que las palabras fueron
espejos engañosos,
cristales habitados
por fantasmas sin vida;
que todo queda dentro
con sus negras presencias,
insistentes, doliendo.

(Soledad sin olvido,
Manuel Altolaguirre)

Comentarios (2)

Imagen de Jesús Q

Jesús Q dice:

03/04/2014 - 09:22

Confianza en la otra persona y aceptación para mí son claves. Quizá forman parte de la empatía. Y no olvidar que el entendimiento ha de ser bidireccional. Si no, más temprano que tarde, se perderá. Un abrazo.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

04/04/2014 - 09:05

Confianza, aceptación, empatía... ¡Palabras mágicas, Jesús! Abrazo de vuelta.

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