13
Ago.
2014
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com.

¿Ciberadicta yo?

Internet zombieism, del artista Jake Murray. Impactante...


A menudo queremos manteneros activos, dinámicos, ocupados en planear y completar, en cumplir con nuestras interminables listas de tareas. Hacer, hacer, hacer... Sin embargo la vida a veces se ata la manta a la cabeza y nos arrebata las riendas, dictándonos los pasos o los descansos que siente nos toca completar, a pesar de nuestras numerosas y persistentes resistencias en muchas ocasiones.

Yo tenía planeado un mes de julio activo, intercalando días o mejor dicho, medios días de descanso aquí y allá para disfrutar de mi familia, ver a mis amigos, salir a patinar, bajar a la piscina o pasar tiempo en la playa. Una agenda bastante ambiciosa y plagada de actividades y eventos. Nada especialmente estresante aunque tampoco significativamente relajante. Y siempre, como viene siendo costumbre en mi rutina cotidiana, conectada. Conectada a las redes, a mis correos electrónicos, a la banca online. Básicamente, enganchada a internet.

En ésas andaba yo, la mar de ocupada, cuando mi maravilloso ordenador portátil, mi fiel compañero y herramienta imprescindible para mi desempeño diario decidió tomarse un respiro real por mí. Ya venía dándome señales desde hacía unos días: el pobre andaba lento, se recalentaba, se resistía a abrir ciertos documentos, a veces se apagaba así de pronto sin previo aviso o tardaba hora y media (sin exagerar, os lo prometo) en reiniciar. O sea, que me estaba mandando mensajes de todas las maneras posibles. Yo, muy eficiente, me preocupé de hacer la debida copia de seguridad, por si acaso... Y efectivamente el momento llegó. Pantalla oscura. Vacía. La nada. Mi querido ordenador portátil dejó de funcionar.

Entonces yo me enrolé en una frenética actividad de búsqueda de nuevas fuentes de conexión: mi teléfono móvil, que hasta entonces tenía limitado a la comunicación hablada y que tampoco da mucho de sí para otras cuestiones; internet vía PS3 y las aventuras utilizando su peculiar mando; un MAC prestado con el que anduve a la greña por mi desconocimiento de sus maneras e idioma y cuyo cargador se empeñaba en no funcionar; la tableta de mi Capitán, que resultó ser mi salida más eficaz aunque sólo la he tenido disponible en contadas ocasiones...

Como loca buscando soluciones para volver a conectarme, para enviar ese email, redactar aquella propuesta, ensayar una presentación, consultar y firmar una nueva póliza recién contratada, realizar un pago vía transferencia,... Las entradas a este blog y en redes sociales las sacrifiqué desde el minuto uno: imposible cumplir con todo.

¡Qué suerte tener a un informático de confianza a mano que no estaba de vacaciones para auxiliarme en una crisis de tal calado! Pero por supuesto la reparación también estuvo sujeta a complicaciones varias que hicieron que la entrega se fuese retrasando, dificultades inesperadas y añadidas que se fueron concatenando y que finalmente me obligaron a subsistir 15 días sin mi mano derecha. ¡Menuda hazaña!

Por si eso fuera poco, ¡atención! Porque ahí no terminó el envío de señales. Tirón muscular en la ingle. Dolor agudo e intenso al entrar en movimiento, del tipo que fuese. Resultado: reposo forzado, inmovilización obligada. ¿No quería parar, desconectarme, descansar de verdad? Pues ahí tenía: dos platos del mismo guiso. Sin ordenador y sin poder moverme, mejor tumbarme a la bartola.

En ese tiempo yo me planteaba todo esto de las señales, del parar realmente para descansar, del desconectar unos días y en todos los sentidos para poder volver a retomar luego con energía fresca y renovada. Y sin embargo sentía un impulso continuo por seguir buscando soluciones. Por supuesto había algunas tareas que tenía que completar porque otras personas dependían de ellas (clientes y colaboradores directos entre ellos) pero otras eran realmente prescindibles y nada sucedería si quedaban desatendidas. Así que pensé en eso de la ciberadicción o transtorno de adicción a internet. ¿Sería yo adicta a internet, dios mío? ¿Estaría yo inconscientemente inmersa en una adicción en toda regla?

Me está dando mucho que pensar el asunto, os lo digo de verdad. 
Soy consciente sin duda de mi dependencia puesto que el 80% de lo que hago está directamente condicionado a la conexión a la red. Pero, ¿podría reducirlo algo más? ¿Podría hacer menos a través de ese medio y más de otras formas? Y en última instancia, ¿podría dedicar más tiempo al ocio hacia afuera? ¿Tengo que proponérmelo con días y horas en la agenda, como las citas de trabajo? ¿Hasta ahí llega mi necesidad? Ahí está mi reflexión.

No sé si alguno de vosotros se ha planteado estos asuntos. Si así fuese, ¿a qué conclusiones habéis llegados? ¿Qué sacáis en claro? ¿Cómo lo veis o cómo lo vivís vosotros?

Para la semana próxima hemos organizado un viaje mi Capitán y yo y tenía muy claro antes de que toda esta catástrofe tecnológica cayese sobre mí que esos 9 días iban a ser de desconexión casi total (el teléfono permanecerá disponible, por el bienestar emocional de mis padres y para poder compartir instantáneas y vivencias con familia y amigos durante mi travesía). Aún hoy sigo teniéndolo claro, más aún incluso. Sin embargo, anoche me sorprendí diciéndome a mí misma: "Bueno, podría llevarme el ordenador y conectar sólo cuando encontrase wifi, aunque claro, si puedo utilizar mi móvil como puerto de wifi USB ¿por qué no aprovechar la oportunidad e ir contestando a los correos...?" A punto de caer de nuevo en las redes de este mi enganche inconsciente que se va tornando ahora más consciente. 

Y aquí estoy de hecho, contándoos mi vivencia de los últimos días aunque en definitiva lo que realmente estoy haciendo es cumplir con mi compromiso de subir una entrada al blog el miércoles...

¿Tendré remedio?

El próximo miércoles no me esperéis, de verdad. Prometo no estar de vuelta para entonces :)

 

"Evitar sopotancios y soponcios,
evitar tiquismiquis cortapisas,
forúnculos y asépticos contables,
evitar carcajadas sin sonrisa,
evitarme la alfombra por la cuadra,
evitar detenciones -de la orina-.
Evitar fallecer en la oficina,
evitar saludar a levitones
evitar, porque al fin esos, carbones,
de tu ternura harán un sacrilegio.
Evitar levitar -subir, caeros-,
evitar sobretodo estar en cueros
porque ellos tienen palo sin polilla,
evitar situación comprometida.
Evitar no tener más que una tiña,
evitar violentas contusiones.
Provocar-evitar nuevos amores.
Evitar. ¡Evitar lo inevitable!

…Por eso y a pesar yo mando un cable,
a todos los países de habla humana:
Evitad. Evitad por la mañana
lo que ya por la tarde será tarde.
Evitar, que la cosa está que arde,
evitar que la muerte te lo evite.
-Evitar no es cobarde es necesario-
(antipoético tal vez pero instintivo).
Evitar. Puedo evitarlo luego vivo
para evitar la muerte inhabitable."



Poema Evitar, de Gloria Fuertes

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