03
Feb.
2016
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com.

Ceguera que engendra sufrimiento y abuso

Metamorfosis, de la ilustradora vallisoletana Beatriz Martín Vidal.



El sábado fuimos el Capitán y yo a ver Spotlight y nos quedamos pegados a la butaca. Dos horas y ocho minutos de metraje que te enganchan, te arrastran y no puedes salir de ellos, sólo enredarte más y más en la profundidad de la historia, en la verdad de los actores y de los personajes y en el talento del director y guionistas para contarla.

Spotlight es una película de denuncia que nos toca a todos, seamos o no católicos practicantes, y por eso debemos ir todos a verla. Porque habla de nosotros, del sistema en el que vivimos inmersos y del que hacemos parte.

'Spotlight' como sustantivo significa foco, como verbo, iluminar o poner de relieve.

'Spotlight' es el nombre del equipo de investigación protagonista de la historia. Un editor, el redactor jefe del equipo y tres reporteros, capitaneados todos por la figura del director del periódico, un recién llegado que no sólo trae la fuerza y el compromiso del periodista vocacional sino sobre todo la mirada externa: porque es nuevo y porque es judío. Y este foco, esta mirada desde el afuera, pone de relieve precisamente el ocultamiento y los abusos que durante décadas se han desplegado dentro de la iglesia católica y que nadie, en principio, ha querido mirar con detenimiento.

Todo esto que os cuento me fascina no sólo porque el tema es apasionante o porque sienta que me afecta a mí directamente (soy hija de las décadas que atraviesa la película, de la misma edad que las víctimas de abusos que retrata, alumna durante 12 años de mi vida en un colegio católico…), sino también y sobre todo porque encaja a la perfección con la mirada que la metodología de la biografía humana propone.

Si para educar a un niño, hace falta una sociedad, para abusar de él, también, dice el abogado Mitchell Garabedian, otro que viene de fuera (Armenia) para poner el dedo en la llaga que los de adentro se empeñan en tapar.

Esa afirmación para mí es la clave de la película, el resumen y la explicación de todo lo que sucede y de todo lo que nos sucede como sociedad.

Porque es imposible que todo un sistema permanezca ciego a abusos tan generalizados.

Es imposible que 250 sacerdotes abusen de un millar de niños durante años y nadie se entere de ello. Es totalmente inconcebible que un niño de 11 años se suicide desesperado tirándose por la ventana de su casa y que sus padres salgan por la televisión diciendo que intuían que algo le pasaba pero que él no les contó nunca nada. Es total y absolutamente demencial que estemos tan ciegos, que madres y padres permanezcamos tan de espaldas al sentir de nuestros hijos, que los adultos seamos tan sumamente incapaces de proteger con uñas y dientes el bienestar de los niños. Es vergonzante y a estas alturas, insostenible.

¿Por qué sucede todo esto? ¿Qué es lo que nos pasa?

Pasa que los adultos (madres, padres, profesores, mentores, sacerdotes, entrenadores…) que en principio estamos al cargo de estos niños venimos de infancias tan dañadas o más aún si cabe que las que los menores  que acompañamos transitan, lo cual supone que llegamos a esta labor de acompañamiento lastimados, con muy poca conciencia y por tanto, limitados en recursos para desempeñar una responsabilidad tan enorme.

Atentos a la escena de la reportera a la puerta de la casa de uno de los curas abusadores, y la honesta pero desgarradora verdad que este hombre le devuelve.

Adultos que abusan porque a su vez fueron abusados, violados, maltratados. ¿Es una venganza, un capricho de la vida? En absoluto. Es el modo de vincularse que han aprendido. Simple y llanamente.

¿Todos los niños abusados se convierten en adultos abusadores? No necesariamente, pero es pura lógica: tienen muchísimas más posibilidades y un camino de lucha muy duro consigo mismos para salir del patrón aprendido,  respirado, grabado a sangre incluso.

Lo siento mucho por esas madres y esos padres que tanto dolor dicen atravesar (sí que lo hacen: el suyo propio de sus infancias, aunque no se den cuenta, y luego el de la realidad desesperada de sus propios hijos, sangre de su sangre, del que tampoco se dieron mucha cuenta); pero lo que les toca ahora es más dolor aún. Dolor si pueden por reconocer el que sufrieron de niños y que seguramente todos taparon, defendiendo como lo hacemos todos a sus madres y padres que tan ciega y devotamente porque "con tantos esfuerzos nos criaron y nos lo dieron todo". Dolor por haber sido incapaces de reconocer el sufrimiento de sus hijos y protegerlos.

Que habiendo sido nosotros abusados o maltratados, nuestros hijos también lo sean, y hagamos como que no nos dimos cuenta de nada es de una inconsciencia, de una rigidez y de una ceguera pasmosas. Así que verlo tiene que ser doblemente duro.

Más dura debe ser la desesperación de un niño de 11 años que sólo ve el salto al vacío como salida, porque sus padres no quisieron percatarse de que algo o mucho andaba mal, porque no se sentaron con él y lo tomaron en brazos día tras día, noche tras noche, poniendo palabras a las dificultades que estuviese atravesando, nombrando sus miedos, dotándolo de la estructura emocional, el cariño y el refuerzo que ese niño precisaba para crecer fuerte y capaz, como vino al mundo, pleno de atributos y cualidades.

Si esos padres ahora sufren, más sufrió su hijo, con la diferencia de que él era pequeño, con menos recursos y se sintió tan enormemente desamparado como para desear y buscar la muerte. Que un niño desee y busque su propia muerte me parece el fracaso más enorme que podemos cometer como sociedad. Y el dolor más tremendo que, si nos lo permitimos, podemos sentir.

Infancias de porquería, vidas adultas carentes de profundidad y sentido. Estamos todos en el horno, citando a Laura Gutman.

Spotlight nos habla la revelación de casos de pederastia en la Iglesia Católica, sí, pero como dice Tom McCarthy, el director de la peli, la clave y el trabajo del espectador está en captar "el pulso que late bajo las palabras", pues eso es lo que nos lleva a la emoción y a la reflexión. Un pulso que es algo invisible pero que sin embargo se palpa, se siente, se intuye, como si estuviera presente en todo momento haciendo de velado y potentísimo hilo conductor. ¡El pulso! Ese concepto que tanto me costó entender en la metodología de la biografía humana.

Todos tenemos nuestro propio pulso recorriendo nuestra historia. Como sistema, arrastramos o nos dejamos arrastrar por el pulso que generamos. Sólo la consciencia puede ayudarnos a salir de esa fuerza magnética. La ceguera, el no querer ver ni mirar ni entender nos sume más y más en las profundidades del sufrimiento, y actuando así, lo perpetuamos.

Marty Baron, el director judío del periódico dice: "la gran historia no está en los curas como individuos, está en la institución; hay que apuntar contra los males del sistema."

Y el sistema somos todos. Porque un niño no puede ser abusado, violado, ninguneado o maltratado si tiene a su lado adultos que lo amparan y protegen. Es imposible.

Y a la inversa: si un niño carece de figuras adultas que lo amparen y protejan o que incluso, abusan o lo desprecian, ese niño afuera en el sistema es igualmente carne de cañón. ¿Si ya lo es en casa cómo no va a serlo fuera?

Los padres del niño que se tira por la ventana con 11 años están mirando a otro lado desde hace tiempo, desde siempre. A todas partes menos a su hijo, porque ese niño seguro venía pidiendo a su manera gritos de auxilio constantemente. Y desconectados por completo, esos padres no hicieron nada por proteger a su cría. Es más, desde su ceguera, ahora se empeñan en poner el foco en el colegio, y el colegio tiene su parte de responsabilidad pero la mayor está en los padres. Es así. Tenemos que asumirlo, todos, cada uno la parte que nos toca.

Spotlight pone el foco de atención no sólo en ese pulso de abuso generalizado, de niños abusados que se convierten en adultos abusadores, sino también en el esquema de negación, engaño y ocultamiento que perpetúa el terrible funcionamiento.

Ya está bien, cada uno desde nuestro ámbito, de mantener la ceguera, la negación el engaño y el ocultamiento para proteger ¿a quién? ¿A unos padres, profesores, confesores que ya son adultos? ¿Qué hay de los niños? ¿Quién los protege a ellos? ¡Empecemos a cuestionar de una vez!

Si un niño sufre acoso en el colegio, si un niño acosa a otro, miremos a los padres y mirémonos los padres, y comencemos de una vez a actuar a favor de los niños y no protegiendo a los adultos de sus cegueras y mentiras.

¿No os duele esta realidad tan vacía de verdad? ¿No os quema la mentira apestosa mantenida en el tiempo, generación tras generación, pudriéndolo todo?

“Todos sabíamos que había algo, pero no hicimos nada” dice el personaje de Michael Keaton.

Eso es lo que a partir de ahora tenemos que evitar, cada uno desde nuestro lugar y como podamos. Poner el foco en la sombra, en lo que está oculto para traer luz verdadera a las vidas de todos.

 

"Y que no te confundan
unos pocos homicidas y suicidas;
el bien es mayoría
pero no se nota porque es silencioso;
una bomba hace más ruido
que una caricia,
pero por cada bomba que lo destruya
hay millones de caricias
que alimentan a la vida."


Facundo Cabral

 

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