17
Jun.
2015
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com.

Cambio y actitud mental

A bug free mind, de Dreja Novack



Cuando tenía veinti pocos años recuerdo como una amiga me echaba en cara que aquello que yo pensaba/decía en ese momento era diferente a lo que sentía/defendía cuando estábamos en el colegio. ¡Por supuesto! Contesté yo: imagínate que ahora, con 10 años más y muchas más vivencias recorridas, siguiese opinando como la adolescente de 15 años que un día fui.

Hace sólo unos días un amigo me decía algo similar: “Hace unos 4 años tuvimos una conversación en este sentido; tú estabas en otra onda y mantenías que aquello era así (y no como dices ahora)”. Esta vez, tal vez porque soy algo mayor y me encuentro más serena, no necesité responderle a mi amigo. Simplemente pensé: “Sí, seguro. Y afortunadamente además. No llevo registro literal de cada opinión que emito, de cada conversación que mantengo, pero sí sé que hace 10, 5 ó 3 años era en gran parte diferente a la persona que soy ahora”. Porque los días no pasan solos, sino que van acompañados de vivencias, de aprendizajes, de avances y retrocesos que nos van modificando, en el sentido que sea, pero nos van haciendo diferentes de una forma o de otra.

La vida es cambio y el cambio es permanente. Tal vez lo único permanente que preside nuestras vidas. Teniendo eso en cuenta, más vale aprovecharlo para avanzar y aprender, en lugar de resistirnos y pelearnos con él cuando llega.

Dice Alex Rovira al respecto y a través de dos sencillas fórmulas:



Cambio = necesidad - resistencia

Transformación = cambio + sentido


Yo me doy cuenta cómo, cuánto mayor me hago, menos fuertes parecen mis resistencias y más sentido le encuentro a todo lo que me sucede, sea del tipo que sea. Y es que aprender es encontrarle sentido a todo lo que nos pasa, ya sea alegre o triste, dichoso o doloroso, liviano o pesado. Si nos está sucediendo es porque tenemos que aprender una lección al respecto. Y si no lo hacemos, estaremos perdiendo una oportunidad de oro para conocernos mejor y para crecer.

Una resistencia importante en este camino de descubrimiento y aprendizaje es nuestra mente. Una investigación a cargo del doctor Daniel Amen muestra cómo una persona normal tiene aproximadamente unos 60 mil pensamientos al día (si tenemos en cuenta que un día tiene 86400 segundos, la cifra impresiona). De esos 60 mil pensamientos, Amen concluye que el 95% son los mismos que tuvimos ayer, y antes de ayer y el día de antes. Es como si nuestra mente fuese un disco rayado que se atasca siempre en el mismo punto.

Ahondando un poquito más en esa idea, Amen establece que de ese 95%, el 80% de esos pensamientos son negativos. O sea, de los 60 mil pensamientos que emitimos al día, unos 45 mil son negativos, limitantes. El Dr Amen los denomina ‘pensamientos negativos automáticos’ (automatic negative thoughts). Algo que conviene tener muy presente, puesto que la calidad de nuestros pensamientos condiciona nuestra realidad.

Pero claro, si no somos conscientes de lo que pensamos y nos dejamos llevar por la trepidante actividad de nuestra mente, tampoco seremos capaces de evaluar la calidad de nuestros pensamientos, si nos sirven bien o mal, si nos motivan o nos lastran, si queremos o no mantenerlos. Mucho menos podremos darle la vuelta a los negativos para transformarlos en positivos, o reconocerlos a ambos al menos, otorgándole a cada uno el lugar que se merece tener.

Descubriendo y reconociendo nuestro estado mental seremos capaces de sentir su propia naturaleza y de encontrar la serenidad. Una herramienta valiosa para lograrlo es la meditación, que nos aporta:

- Presencia
- Conciencia
- Claridad
- Sosiego
- Certeza


Practicar la meditación nos ayuda a gestionar la marea de pensamientos que nos asalta continuamente, logrando evitar el tumulto, el alboroto y la alteración que a menudo nos causan. No se trata, al menos para mí, de dejar la mente en blanco, puesto que eso es imposible; consiste simplemente en enfocarnos en lo que toca en ese momento, y cuando alguna otra idea se cuele para interrumpirnos, simplemente la aparcamos a un lado para seguir con nuestra actitud de enfoque.

Como nos diría un budista sobre la meditación:

1) Es permanecer sereno, sentado y en silencio durante el periodo de tiempo que elijamos o que nos sea posible

2) Es tomar conciencia de nuestros pensamientos sin dejar que nuestra mente se deje arrastrar por ellos. No se trata de parar los pensamientos sino de ser consciente de cuándo llegan para calmar a nuestra mente estando presente.

3) Porque hacer todo eso es difícil, utilizamos un objeto (una vela, una flor, una piedra) o una realidad (los sonidos a nuestro alrededor, nuestra respiración, nuestro contacto con el suelo) en la que enfocarnos  y donde mantenernos (aquí un artículo con 8 maneras posibles de meditar)


Si mantenemos la práctica, seremos capaces de alargar el tiempo de meditación y con ello, podremos crear espacio en nuestra mente, liberando tensiones y comprendiendo mucho mejor cómo vivimos cada uno de nosotros, por qué somos como somos o hacemos lo que hacemos. Aprenderé más no sólo de mí misma, sino que también seré capaz de intuir la realidad de los otros, y entonces no habrá lugar para el reproche, la crítica o la confrontación. Simplemente podremos aceptar cómo lo hizo el otro con lo que tenía a su disposición en ese momento.

La claridad mental nace de la práctica y a través de ella creamos un hábito que resulta en sabiduría. Y sabiduría es entender que aún siendo los mismos, nunca somos iguales. Cada minuto, cada hora, cada día que pasa por nosotros nos atraviesa de una manera e inevitablemente nos modifica. Como el aire y el agua modifican poco a poco a la piedra que yace inerte en el monte, erosionándola poquito a poco, con constancia y dedicación, abrazándola y acariciándola a menudo, azotándola y golpeándola a veces.

Yo al menos no soy tan diferente de esa piedra del monte. De hecho, con una esperanza de vida infinitamente más limitada que ella, me siento casi igual de porosa y expuesta a la vida y a sus elementos. Buscando elevar mi claridad mental, la calidad de mis aprendizajes y por tanto mi sabiduría, haciendo en cada momento lo que puedo con lo que tengo.

¿Y tú?

 


“Puedes gobernar un elefante loco;
puedes cerrar la boca del oso y del tigre;
puedes cabalgar a un león
y jugar con la cobra.
Por medio de la alquimia podrás ganarte la vida;
y podrás vagar por el universo sin ser conocido.
Puedes hacer de los dioses tus vasallos
y conservarte siempre joven.
Puedes caminar sobre el agua
y vivir en el fuego.
Pero gobernar la mente es mejor
y más difícil”.


Thayumanavar

Comentarios (2)

Imagen de Iván

Iván dice:

17/06/2015 - 09:56

Hermosa reflexión. De alguna manera hemos de compensar nuestra tendencia a la negatividad.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

17/06/2015 - 10:18

Gracias, Iván. Compensar, sí. Equilibrar. Conquistar la serenidad interior. Abrazo.

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