11
Jun.
2014
6
com.

Animales y humanos

Gracias a Piluchi por este hermoso retrato de Peluche. Os quiero, amigas.


Jamás tuvimos animales en casa. A mis padres no les gustaba la idea. El hecho de vivir en un piso (aunque tuviésemos dos patios disponibles) era la excusa perfecta para justificar la no relevancia de la mascota, fuese la que fuese. Lo de los gatos jamás nos gustó especialmente ni a mi hermano ni a mí pero sí que en algún momento me hubiese encantado tener un perro o una pecera con peces de colores, y a mi hermano especialmente un hámster.

¡Ni en sueños! Era siempre la respuesta. A lo más que conseguí llegar fue a tener afuera, en el armario del patio, donde guardábamos los zapatos de otras temporadas y donde vivía la lavadora, una caja de cartón con agujeros en la tapa en la que albergaba a mis gusanos de seda, para los que recogía hojas de morera grandes y frescas y cuyo crecimiento supervisaba hasta que las palomitas salían y entonces las dejaba volar libres.

Tal vez mis padres no sintieran que íbamos a ser lo suficientemente responsables como para encargarnos del cuidado de aquellas mascotas soñadas, y pensaran que el trabajo extra recaería en ellos, que ya tenían suficiente. Tal vez mis padres tuvieran razón, tal vez no. No lo sé.

Sea como fuese, nunca tuvimos animales en casa. E imagino que eso contribuyó a que yo particularmente creciese sin tener mucha conexión con ellos. Los pájaros, por ejemplo, me gusta escucharlos pero soy incapaz de tocar a alguno: los picos y las patas me dan cierto resquemor. Los perros me resultan algo cansinos, demandando atención y juegos, teniendo que sacarlos tres veces al día y viviendo en un hogar inundado de pelos. Los gatos que hasta entonces había conocido hacían cosas que me epataban sobre manera, como caminar por la encimera de la cocina, beber del grifo del fregadero, husmear en los platos de los humanos e incluso arañar cuando me acercaba a la dueña o a su sillón favorito. ¡Jamás pensé en poner un gato en mi vida! Debo aclarar que siempre he sido bastante escrupulosa y ésa sin duda es mi limitación, animales aparte.

Tampoco pienso ahora en hacerme con un animal, aunque mi no es menos rotundo que antes y ha habido momentos en los que el pensamiento se ha asentado en mí por un rato, desechándolo al poco tiempo, tengo que confesarlo. La razón de este cambio de actitud ha sido básicamente el haber conocido en este tiempo a personas que tienen gatos o perros o animales a los que educan y con los que conviven de una manera diferente y que por tanto, se relacionan de formas distintas a las que yo había conocido. Sin embargo lo sigo viendo como una responsabilidad extra para la que yo, como mis padres en su día, no estoy dispuesta ahora mismo. Pero ver la interacción de ciertos humanos con sus animales y conocer a algunos de ellos me ha llevado a modificar mi percepción.

La de la foto es Esmoqui, o Peluche, como a mí me gusta llamarla, una gata hermosísima, divina, de una angora suave y gris perla que ha pasado por variados avatares vitales, caída libre desde un cuarto piso y cambios de domicilio incluidos. Conocer a Esmoqui y pasar tiempo en su espacio, con ella alrededor, me hizo cambiar el chip completamente porque ella habla con sus movimientos, con su mirada y con el tono y la frecuencia de sus maullidos. ¡Quién me iba a decir a mí que yo iba a entenderme con un gato! Pues sí, no sé si con cualquier gato pero con Peluche he tenido el honor y la dicha de entenderme y de hecho, ella me ha enseñado muchas cosas que tienen que ver con mis propios aprendizajes personales y continuos: la paciencia, la presencia, la intuición, la práctica de la percepción, la elección de cuándo y con quién, el cariño y el contacto, el acompañamiento… ¡Qué sabiduría y que talento el de esta gata! Peluche me ha maravillado y gracias a esa sorpresa puedo entender la conexión tan profunda y tan tierna que su dueña (siempre me cuesta utilizar esta palabra cuando hablo de la relación humano-animal, me lo tendré que mirar…) y ella han creado y que es el cimiento de una amistad única. A veces la he mirado, le he hablado, la  he acariciado cuando ella me lo ha pedido y me he dicho a mí misma: “¡La madre que parió a esta gata, es medio humana!” ¿O tal vez hay algo que tiene que ver con reencarnaciones? ¿O simple y llanamente Peluche está más y mejor sintonizada y conectada a la Fuente que yo? Yo creo que hay un poco de todo.

Hace unos meses veía en BBC1 un documental precioso. Se titulaba algo así como ‘asociaciones insólitas de animales y humanos’. Estos humanos no tienen perros, gatos o pájaros como mascotas. ¡Eso no sería insólito en absoluto! Aquí los compañeros eran un hipopótamo, un bisonte, una manada de leones o de hienas… Y allí se desenvolvían animales y humanos en un hábitat ideal para sus condiciones y necesidades, compartiendo e interactuando, dando y recibiendo, en relaciones equilibradas y que sin duda aportaban un inmenso bienestar a ambas partes.

Nosotros los humanos también somos animales, mamíferos con un cerebro algo más complejo que el de otras especies y que nos ha facilitado la continua evolución. Sin embargo, tener esa capacidad de conectar con el resto del mundo animal me parece una virtud humana sumamente hermosa y digna de alabanza. La compasión, el respeto y el amor por los animales dice más de nosotros como humanos que muchas de nuestras actitudes humanas por antonomasia. Me parece poco probable que exista un ser humano, mujer u hombre, mezquino y desalmado con los animales que sea sin embargo un compasivo benefactor con los de su especie. Aquí o todo o nada.

Por cultura, por educación o por falta de desarrollo en mi evolución y en mi humanidad, yo no soy aún una de esas almas amantes y entregadas a la causa animal. Si creo que merecen, como compañeros nuestros que son, todo nuestro respeto y muchísimo cariño y cuidados, y me alegra saber que hay muchos humanos más concienciados que yo y que se dedican a amarlos y protegerlos de una manera más activa.

Cada uno de nosotros tenemos virtudes y flaquezas, y somos capaces de dar lo mejor cuando empleamos tiempo y talento en aquello que mejor se nos da, en un campo donde fluimos de manera especial. Entonces podemos sentir esa conexión profunda con la Fuente y sentimos también que sin duda, somos todos uno.


 

"Creo que podría volverme a vivir con los animales.
¡Son tan plácidos y tan sufridos!
Me quedo mirándolos días y días sin cansarme.
No preguntan,
ni se quejan de su condición;
no andan despiertos por la noche,
ni lloran por sus pecados.
Y no me molestan discutiendo sus deberes para con Dios...
No hay ninguno descontento,
ni ganado por la locura de poseer las cosas.
Ninguno se arrodilla ante los otros,
ni ante los muertos de su clase que vivieron miles de siglos
antes que él.
En toda la tierra no hay uno solo que sea desdichado o venerable.

Me muestran el parentesco que tienen conmigo,
parentesco que acepto.
Me traen pruebas de mi mismo,
pruebas que poseen y me revelan.
¿En dónde las hallaron?
¿Pasé por su camino hace ya tiempo y las dejé caer sin darme cuenta?

Camino hacia delante, hoy como ayer y siempre,
siempre mas rico y mas veloz,
infinito, lleno de todos y lo mismo que todos,
sin preocuparme demasiado por los portadores de mis recuerdos,
eligiendo aquí solo a aquel que más amo y marchando con él en un abrazo
fraterno".


(Fragmento de Canto a mí mismo, de Walt Whitman, en una traducción de León Felipe)

Comentarios (6)

Imagen de Lupe

Lupe dice:

19/06/2014 - 05:22

Gracias Gloria por este post! Entiendo y comparto mucho lo que decís, ya sabes que tengo mi gatito que es un ángel, lleno de alegría, amor y paz, al cual le agradezco todos los días por acompañarme y ayudarme a seguir adelante dandome su amor de forma desinteresada :)
Imagen de Gloria

Gloria dice:

19/06/2014 - 11:45

¡Gracias a ti también, Lupe! También me acordé de vosotros al escribir esto, porque en los ratitos que hemos compartido me habéis enseñado mucho de esto que hablo. ¡Qué dicha que estéis juntos en tan buena conexión los dos! Muchos cariños para ti y para K.
Imagen de Pilar Ariza Martínez

Pilar Ariza Martínez dice:

22/06/2014 - 16:31

Gloria muchas gracias por este precioso post, el peluche también te lo agradece. Que bellísimas palabras le dedicas a mi compañera del alma, me emociono al leerlas porque es la primera vez que alguien pone por escrito este vínculo que desde hace años tengo con mi carismática gata... eso sí, nunca pensé que fuese a ser famosa ;). Por cierto te echamos de menos y te mandamos los más tiernos de los abrazos... ella también uno de sus irresistibles maulliditos.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

23/06/2014 - 09:28

¡Ay, mis bonitas, gracias a vosotras! Por acogerme, por cuidarme, por tanto cariño y compañía de calidad... Ha sido una bendición y os llevo en mi corazón. ¡Os quiero mucho, gatunas!
Imagen de María José

María José dice:

17/10/2015 - 09:46

Me quedo en calma y conectada con lo que expresas Gloria. Como las personas, los gatos que nos acompañan también son espejos que nos muestran nuestras luces y sombras. Un abrazo queridas y un miau del corazón a Peluche allá donde esté.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

20/10/2015 - 16:50

Tal cual, María José, espejos muy fieles e intuitivos, muy sensibles a las emociones y energías. Gracias y miaus de vuelta para ti también ;-)

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