08
Oct.
2014
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com.

Amor y salud

Love can damage your health, de Hakuku, un título para poner el contrapunto.



El amor es salud, felicidad, bienestar y equilibrio, además de ser la mejor medicina para cualquiera de nuestros males. En contrapartida, la falta de amor genera enfermedad, malestar, dolor y desequilibrio.

El amor es la llave para acceder a una mente feliz y a un cuerpo saludable, así que, por la cuenta que nos trae, y aunque hayamos padecido su ausencia a veces, nos conviene ejercitarnos en el arte de amar.

Hace un par de años un monje budista nos hablaba en estos términos en una conferencia memorable que versaba precisamente sobre amor y salud. Y nos lanzaba tres preguntas:

- ¿Qué es el amor?

- ¿Cómo nos hace felices el amor?

- ¿Por qué es siempre necesario amar al otro?

Si el amor va mal, la vida también va mal”, nos dijo. Sin embargo, si tenemos amor, lo tenemos todo. De la misma manera, cuando perdemos el amor, lo perdemos todo también. Así que, contestaba a la primera pregunta con una definición muy simple: el amor es dar lo que tú quieres para ti. Dar es la única forma de recibir, por lo que dar se convierte así en tener.

En este sentido, como seres humanos generamos el inconveniente del apego: una vez que tenemos algo, nace el miedo a perderlo y nos aferramos a ello para no soltarlo. Nos acercamos tanto que asfixiamos el objeto o el ser amado, tanto nos aproximamos que casi no podemos verlo con claridad porque hemos perdido la perspectiva. Mantener esta costumbre nos convierte en esclavos de nosotros mismos y liberarnos de esas cadenas propias se convierte entonces en la mayor libertad a la que como hombres podemos aspirar.

El amor es la única vía para liberarme de mí misma, de las cadenas que yo misma me impongo. Amar al otro me ayuda a desprenderme de mi egoísmo, reduce la tensión de mi cuerpo, diluye los bloqueos y aumenta mi nivel de energía. Por tanto, amar me hace sentir mejor y más saludable.

Así, mi amor hacia el otro existe primero en mi propio beneficio. Yo soy la primera que gana al amar, y amando al otro practico primero el amor para y hacia mí misma. Amar a otros se constituye en mi poder y mi libertad.

El amor es un don, y dar no es sólo una acción sino una motivación.

Siguiendo esa línea no sólo el budismo mantiene esta visión del amor sino que hay también otros autores que lo vinculan al desarrollo de la salud.

En esta línea, Jacques Martel defiende que la falta de amor genera una emoción negativa que a su vez desencadena una dolencia física. Sostiene que todos partimos de la responsabilidad individual para tomar conciencia de este proceso y así poder invertirlo, transformando la enfermedad en salud.

Dice Martel que la tendencia del ser humano es la de ocultar eso que nos duele o que nos molesta a nivel emocional, creyendo que al hacerlo desaparecer de nuestra memoria consciente va a desaparecer de nuestra vida. Ojos que no ven…Sin embargo sabemos que esto no es así y el autor mantiene que cuando tomamos conciencia de la existencia  de esa dolencia/emoción, nos situamos en una posición de poder sobre nosotros mismos, ampliando nuestro enfoque hacia una mirada casi metafísica.

La toma de conciencia de esa emoción molesta o dolorosa que ha generado un síntoma físico desemboca entonces en aceptación, tanto de la emoción como del síntoma. Se trata de activar la memoria emotiva desde mi cabeza hasta mi corazón, con el objetivo de acceder a la curación a través del amor. ¿Cómo? Aceptando e integrando la realidad tal y como es, y hacerlo desde el amor hacia uno mismo.

Integrar es hacerse consciente del ser real, genuino. La enfermedad es una interpretación consciente e inconsciente de una situación de carencia de amor que puede remontarse muy atrás en nuestra historia (incluso en la historia de nuestra familia, de nuestros ancestros). Esa falta queda grabada en forma de herida en nuestro corazón, y genera una emoción. Podemos empeñarnos en tapar la herida, y con el paso de los años hasta puede parecer que la hemos olvidado, que no existe, porque hace tanto tiempo ya y nos hemos engañado a nosotros mismos tanto que ni recordamos lo que sucedió y lo que sentimos. Sin embargo, lo que sí permanece es esa emoción en nosotros, una que nos acompaña durante nuestras vidas como una fiel amiga: ira, rechazo, tristeza, decepción, enfado, desconfianza… Siempre hay algún hecho externo o alguien que parece activarnos de pronto esa emoción. Y con ella aparecen los síntomas físicos que genera: migrañas, asma, diabetes, verrugas, sobrepeso, indigestión crónica, depresión, adicciones, estreñimiento, cáncer…

Esto de la salud (y el amor) es un tema de enorme importancia y, en principio al menos, de interés general. Existe una amplia bibliografía al respecto pues numerosos (y accesibles) son los autores que desde una u otra perspectiva de análisis vinculan al amor y a la salud en un mismo binomio, una unidad. Para llegar a la unidad, a la salud, debemos pasar por integrar los diferentes polos.

Integrar, aceptar, amar para sanar.

 

 

“Dentro de ti
hay una quietud
y un santuario
a los que
puedes retirarte
en cualquier momento
para ser tú mismo”.


Herman Hesse

Comentarios (4)

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Anuchi dice:

15/10/2014 - 12:11

El cuarto chakra, Anahata, siempre: amor sin egoísmo. Besos
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Gloria dice:

18/11/2014 - 13:04

Así es, amiga. Amor generoso de un verde profundo :) Namasté.
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Ivan dice:

02/12/2014 - 13:24

Amiga Gloria. Estoy de acuerdo en que el amor puede ser desinteresado si es el amor genérico por los otros, por los montes o por los pájaros. Ese concepto no debería ni compartir palabra con el amor de pareja, que no tiene nada de desprendido sino que es, y debe serlo, profundamente egoísta. Quiero a la persona para mí.
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Gloria dice:

02/12/2014 - 17:36

Amigo Iván, yo siento que el amor de verdad es generoso y desinteresado. Lo otro, aunque así lo veamos, no es amor. Digo que lo siento así aunque a menudo también yo caigo en la contradicción. ¡Es muy antigua y pesada la tradición que llevamos a la espalda!

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