11
Nov.
2015
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com.

El abrazo

Bag one, litografía de John Lennon. Sí, el Lennon de The Beatles y el de Yoko Ono.



Hay una mujer india que abraza.

Su nombre es Amma, que significa Madre Universal.

Amma es oronda y lleva puesta una sonrisa perenne.

¿Y a qué se dedica? A abrazar.

Amma viaja por todo el mundo y allá donde va se reúnen miles de personas en torno a ella; oran y meditan, esperando fundirse con ella en un cálido abrazo. Y si no consiguen llegar a sus brazos, allí se quedan sentados todo el día, jornadas interminables en las que Amma abraza y abraza sin descanso a todo ser humano que se le pone por delante.

Amma abraza y entonces no existe el tiempo. Se aferra a ti y se entrega toda.

 


¿Cuánto puede durar un abrazo? Lo que cada uno sea capaz de sostener.

¿Te sorprende? ¿Te parece fácil sostener un abrazo?

Hay personas que no abrazan y que no son abrazadas nunca. Seguramente porque nunca las abrazaron, así que, algo en principio tan simple, no lo aprendieron jamás.

Hay personas rígidas como una tabla y frías como el metal a las que un abrazo se les antoja una extraña y sofisticada estrategia de acercamiento, de invasión incluso. Un abrazo...

¿Has abrazado alguna vez a alguien así? ¿Qué has sentido? ¿Cómo de difícil se te antojó ese abrazo? ¿Te sentiste tú abrazado? Tenemos que hacernos más preguntas de este estilo. Muchas más de las que nos hacemos.

Dicen los expertos que un abrazo tiene que durar 6 segundos como mínimo para que haya un impacto químico en el cerebro y se produzca la ansiada conexión emocional. Afirman incluso que abrazar amortigua y ralentiza los efectos del envejecimiento. Yo sé que esto a Amma no le importa, ni a ninguno de los que acuden a verla.

Se abrazan por otras razones, seguramente la más potente sea la de sentir al menos por una vez cómo es eso de ser abrazado por una Gran Madre, sentir qué es eso del amor incondicional, sin juicio, sin reservas. Sólo un abrazo. Sin buscar nada a cambio, sin prisas ni condiciones. 

En los abrazos de Amma no existe el tiempo. Duran lo que tienen que durar. Más de 7 segundos, siempre.

En un abrazo de 20 segundos parece ser que el cuerpo libera oxitocina, la hormona del placer, la misma que producimos durante una relación sexual buscada y deseada, al dar a luz una mujer de manera natural o cuando una madre se entrega a la lactancia, y que funciona como un neurotransmisor. La oxitocina es segregada por el hipotálamo y queda almacenada en la glándula pituitaria. De la misma manera, cuando nos abrazamos con alguien, los niveles de oxitocina también aumentan de forma espontánea. Con lo cual no es extraño pensar que cuanto más largo sea un abrazo, mejor para el que lo da y para el que lo recibe. Se multiplica el placer, o mejor dicho en este caso, el bienestar.

Dicen también los científicos que los abrazos funcionan mejor si se dan entre personas queridas o conocidas. A mí me parece muy interesante lo que dicen estos señores científicos, tan serios y profesionales, que vienen con sus sesudos estudios cargados de estadísticas y de pruebas irrefutables según los individuos testados. Aunque a veces no comprendo por qué estudian lo que estudian y qué hacen luego con esos resultados. En este caso que hoy nos ocupa, ¿se abrazarán más entre ellos? ¿Se someten a sus propios experimentos? ¿Se los llevan puestos a casa para observarlos en sus familias?

Yo los invitaría a que acudiesen un día a uno de estos encuentros de Amma. O a cualquiera de esos seminarios de crecimiento personal que reúnen a decenas o incluso a cientos de personas por todo el mundo, la mayoría desconocidas entre sí, durante varios días, para suministrarles una sacudida emocional y de conciencia. Que vean cómo se desatan las sensaciones y cómo la energía se convierte en algo palpable e incluso medible (aunque no sé si la sofisticada maquinaría científica sería muy sensible en estos casos). Cómo la música mueve a las almas, el arte se revela, los abrazos entre desconocidos se eternizan y florecen los besos y las palabras de apoyo y de agradecimiento.

Los que han catado el abrazo especial y desinteresado de Amma afirman que es como sentirse flotar, volverse algodón de azúcar y dejarse mecer por una suave brisa. Dicen que se siente un calor interno muy cálido que sube desde las entrañas hasta el pecho y estalla en la garganta y en el rostro, a veces mediante la sonrisa, otras a través de dulces lágrimas.

El abrazo es una herramienta terapéutica, una medicina natural, baratísima y sin contraindicaciones. 

¿Qué nos ha pasado al mundo entero que necesitamos hacer cola para ganarnos el abrazo de un desconocido? ¿En qué momento dejamos de abrazarnos entre nosotros, cada día, a cada paso? ¿Fue tal vez cuando nos soltaron en la cuna, separándonos del cuerpo de nuestra madre, un día tras otro? ¿O cuando caímos y para animarnos nos dijeron 'venga arriba y sin llorar'? ¿Puede  que cuando las parejas nos decían que menos escenitas? ¿O cuando nos invitaron a ser profesionales y a dejar las emociones para el ámbito personal? ¿Cuántas veces fuimos nosotros los que actuamos también en esas direcciones? 

Algo nuestro y muy humano se nos ha extraviado por el camino, y personas como Amma nos están invitando a recuperarlo. Y también a pensar.

¿A qué lugar hemos relegado al abrazo?

¿Por qué nos abrazamos tan poco?

Los abrazos que damos o esos que recibimos, ¿cuánto tienen de verdad?


Vamos a abrazarnos más. Vamos a crear nuestro propio laboratorio. Es más fácil de lo que parece, aunque al principio resulte complicado e incómodo.

Cuestión de práctica. Un abrazo al día, como mínimo, la primera semana. Y vamos subiendo. Sin excusas. Registrando sensaciones y nivel de bienestar. Luego, nos contamos.

¿Quién se apunta?

 

 

“Cuando me dijeron que te habías marchado
Adonde no se vuelve
Lo primero que lamenté fue no haberte abrazado más veces
Muchas más
Muchas más veces muchas más
La muerte te llevó y me dejó
Tan solo
Tan solo
Tan muerto yo también
Es curioso,
Cuando se pierde alguien del círculo de poder
Que nos-ata-a-la vida,
Ese redondel donde sólo caben cuatro,
Ese redondel,
Nos atacan reproches (vanos)
Alegrías
Del teatro
Que es guarida
Para hermanos
Y una pena pena que no cabe dentro
De uno
Y una pena pena que nos ahoga
Es curioso,
Cuando tu vida se transforma en antes y después de,
Por fuera pareces el mismo
Por dentro te partes en dos
Y una de ellas
Y una de ellas
Se esconde dormida en tu pecho
En tu pecho
Como lecho
Y es para siempre jamás
No va más
En la vida
Querida
La vida
Qué tristeza no poder
Envejecer
Contigo.”


(Abrazarte, de Filippo Tomasso Marinetti)

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