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Oct.
2014
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com.

90 años de Toastmasters

Carta del profesor Ralph Smedley a sus Toastmasters invitándolos a asistir a la convención que tendría lugar en el verano de 1948 en California.


Instancias en las que aprender y crecer, que para mí viene a ser lo mismo, hay muchas. Casi cualquiera en realidad. Por supuesto están aquellas a las que, oficial y tradicionalmente, la mayoría de nosotros acudimos para formarnos y obtener una titulación que nos avale como… Como aprendices que completaron un ciclo de aprendizaje, dejémoslo ahí (porque ya sabemos que la experiencia real se adquiere de otras formas y en otros foros, y lleva mucho tiempo y dedicación alcanzarla, más de lo que nos llevó completar los consiguientes estudios).

Pero hay otras instancias, extra oficiales podríamos denominarlas, en las que si somos constantes y establecemos un compromiso firme de participación y entrega, logramos adquirir conocimientos de valor incalculable.

Eso precisamente es lo que me ha sucedido a mí con Toastmasters International, una organización sin ánimo de lucro de origen estadounidense que precisamente en este mes de octubre cumple 90 años.

Si no recuerdo mal, yo me acerqué a Toastmasters a mediados de 2011. Jamás había oído hablar de ellos, pero mi amigo Paolo, que por entonces vivía en Barcelona y había acudido a alguna sesión de un club Toastmasters cercano a su casa, me descubrió a la organización. Yo estaba buscando un foro en el que aprender habilidades comunicativas y mi amigo, en el que confío plenamente, me dijo que podía ser interesante para mí. Visité la web y descubrí que, afortunadamente, había dos clubes cerca de mi zona. Me decanté por uno de ellos porque alternaban sesiones en español y en inglés y porque el horario me cuadraba mejor, y después de contactar con los presidentes, allá que fui a visitarlos y a vivir la experiencia.

Lo que encontré superó mis expectativas: un entorno seguro, amigable, abierto, flexible, profesional y divertido en el que salir a la palestra una vez por semana para hablar en público. Luego vinieron las habilidades de liderazgo, pero en un primer momento se trató de lanzarme al atril o al escenario al menos una vez por semana para enfrentarme a mis miedos y comunicar. Ése era mi objetivo principal.

Allí había compañeros que se me antojaban auténticos genios de la pista. Escucharlos y verlos hablar era un placer fascinante. ¿De verdad podría yo algún día comunicar de esa forma tan directa y natural? Los demás hacíamos lo que buenamente podíamos, que no es poco. Sobre todo si tenemos en cuenta, como gritan las estadísticas, que la gran mayoría de la población encuestada tiene más miedo a expresarse ante un auditorio que a la mismísima muerte. ¡Ahí es nada!

Físicamente, ese miedo se traduce de diferentes formas: malestar  en el sistema digestivo (por no ser más explícita o incluso escatológica), sudoración excesiva, temblor de la voz y de las manos, tensión o rigidez muscular y corporal, palpitaciones e incluso sensación de ansiedad.

Y sin embargo, algunos de nosotros decidimos pasar por esos trances. ¿Para qué? ¿Somos masoquistas tal vez? Un poco sí, seamos sinceros. Aunque bromas aparte, la razón por la que nos exponemos de esa manera a nuestro miedo escénico es precisamente porque queremos superarlo para alcanzar el placer escénico. Queremos plantarle cara porque comunicarnos para nosotros sí que es cuestión de vida o muerte. Porque de no hacerlo nos sentiríamos solos, insatisfechos, frustrados, ignorantes, posiblemente sin trabajo o con trabajos que nos aportasen nula o muy baja satisfacción.

Los que acudimos a este gimnasio semanal de oratoria nos sentimos impulsados por una motivación interna que nos empuja hacia el crecimiento personal. Comunicarnos para nosotros es ser mejores personas, así de simple. Y allí estamos médicos, abogados, emprendedores, docentes, comerciales, programadores, ingenieros, terapeutas, madres y padres, hijos todos que soñamos con alcanzar nuevos niveles de fluidez verbal, tal vez sólo para poder sentirnos más seguros al expresarnos, para participar más y mejor de las conversaciones cotidianas, o simplemente para contarles mejores cuentos a nuestros hijos cuando los arropamos en la cama cada noche.

Yo había asistido a cursos y a conferencias sobre la materia, pero allí había mucha teoría y mucha exhibición de virtuosismo por parte de los ponentes y poca salida de la zona de confort de los asistentes. Toastmasters International sin embargo nos proporciona un sistema organizado y un lugar al que pertenecer, de manera que nuestra valentía y determinación determinarán cuánto y cómo vamos a participar, tanto como nosotros podamos y seamos capaces, a nuestro ritmo, y siempre arropados.

Así nos convertimos en una familia inmensa con ramas y frutos esparcidos por el mundo entero: 14.650 clubes con unos 313.000 socios repartidos por más de 125 países. Y todos conectados. En cualquier lugar del mundo y dentro de un radio de unos 50-60 kilómetros, puedo encontrar y visitar un club amigo en el que sé me recibirán con los brazos abiertos y donde encontraré una estructura muy similar a la de nuestro propio club pero ante todo, la misma actitud abierta y amistosa. Así que de pronto, ¡tengo 313.000 amigos potenciales repartidos por el globo! Realmente maravilloso.

En Toastmasters hay compañeros con mayores capacidades y experiencia y otros que aún no llegaron a esos niveles de maestría. Sin embargo todos somos maestros y aprendices y ese aprendizaje se conquista haciendo. Una de las raíces principales es precisamente la práctica de ofrecer un feedback sincero, constructivo y motivador a nuestros compañeros, y eso lo hacemos en todas y cada una de nuestras sesiones.

En ellas nos convertimos en evaluadores del lenguaje no verbal, de la gramática, en contadores de muletillas, en controladores del tiempo, en expertos improvisadores, cariñosos mentores y hábiles escuchadores. Nuestras anotaciones y sugerencias se convierten en material riquísimo para los compañeros, que las toman como oportunidades para verse desde perspectivas nuevas a las que ellos no llegan por sí mismos. Sin juicio, sin arrogancia. Sólo con la honesta intención de aportar valor y ver crecer al otro.

Desde que vengo dedicándome a este maravilloso mundo del coaching y del autoconocimiento, he integrado numerosos conceptos que anteriormente tenían un lugar bastante superficial en mi vida: compromiso, entusiasmo, motivación, concienciación, escucha activa, responsabilidad, autocreencia, autoestima, desarrollo personal, liderazgo…Si el coaching me los trajo envueltos para quedarse, Toastmasters me los ofreció en bandeja de plata y con hermosos lazos de colores. Así de luminoso y llamativo es el aprendizaje que me aporta y el enriquecimiento personal que alcanzo día tras día, semana tras semana.

Allí además conozco a fabulosas personas con fascinantes proyectos vitales y profesionales. Escucharlos hablar de ellos mismos y de sus sueños es siempre inspirador y sorprendente. Jamás me he topado aún en Toastmasters (y eso que en nuestra zona tenemos muchos socios o invitados que vienen y van, que viajan desde y a otros países, de culturas diferentes y acentos variados, de edades dispares y trayectorias variopintas) con alguien que me dé la sensación de ser egoísta, antipático, incongruente o dañino. Realmente es un jardín frondoso y florido en el que cada especie realza y se ve realzada por la que tiene al lado.

Como decía, Toastmasters International cumple este octubre 90 años. Fue allá por 1924 que el profesor Ralph Smedley se lanzó a esta aventura para generar un espacio en el que sus alumnos pudiesen mejorar sus habilidades comunicativas. Mucho ha llovido desde entonces, tanto que desde 1974, por ejemplo, la organización se abrió por fin a la participación de las mujeres.

Nosotros además en Toastmasters Málaga PTA, nuestro club, cumplimos cuatro años, un aniversario del que estamos francamente orgullosos porque sacar a esta familia adelante supone una dedicación y una devoción constantes. Hemos pasado por momentos bajos en los que la participación y la presencia de los socios decaían y nos sentíamos morir casi, pero de nuevo respondíamos insuflándole energía al grupo y así, vamos avanzando juntos en este camino de crecimiento.

No quiero que termine este especial mes de octubre de 2014 sin agradecer a Toastmasters International, a Brenda Padilla (fundadora de nuestro club) y a mis compañeros su entusiasmo y entrega. Me siento honrada e inmensamente afortunada por formar parte de esta enorme y amorosa familia.

¡Que cumplamos muchos más!

 

 

“If you think you are beaten, you are;
if you think you dare not, you don't.
If you'd like to win, but think you can't
it's almost a cinch you won't.
If you think you'll lose, you've lost,
for out in the world we find
success being with a fellow's will;
it's all in the state of mind.

If you think you're outclassed, you are:
you've got to think high to rise.
You've got to be sure of yourself before
you can ever win a prize.
Life's battles don't always go
to the stronger or faster man,
but soon or late the man who wins
is the one who thinks he can.”


(The man who thinks he can, by Walter D. Wintle)

Comentarios (2)

Imagen de Ivan

Ivan dice:

29/10/2014 - 10:57

Enhorabuena. Yo siempre he tenido curiosidad por esos clubes. Lo que pasa es que no me pilla ninguno a una distancia razonable de casa. Habiendo escuchado hablar en el podcast, puedo acreditar que los resultados son muy buenos. Un abrazo.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

29/10/2014 - 11:30

Muchas gracias, Iván. Sin duda estamos de enhorabuena todo los socios. Ojalá puedas algún día unirte a la experiencia. Tal vez incluso iniciando un club desde cero... Justo ahora estamos apoyando a compañeros que quieren comenzar en Granada. Ahora, ¡salgo pitando hacia mi sesión semanal! ;-)

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