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Ene.
2016
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com.

5 claves para ser honestos sin herir

El buen samaritano, del artista Anthony Scullion


Dos amigos muy queridos andan ahora sin hablarse porque hace unas semanas se hablaron mucho, de golpe y de una manera 
que les llevó a esta situación, y me atrevo a añadir, que les ayudó bien poco. Una cliente me cuenta que ese malestar que parte de su familia arrastra no lo han compartido con el resto porque temen estropear la relación, a pesar de ser una cuestión que les afecta a todos.

Las personas hacemos y decimos, por acción o por omisión, cosas que a veces nos agreden o agreden a los demás. Luego tememos ponerlo de manifiesto para no ‘remover’ la mierda, porque no nos atrevemos a disculparnos o debido a nuestra incapacidad de llamar a las cosas por su nombre y hacerlo desde la serenidad y la calma.

Decir lo que sentimos, lo que pensamos, lo que sabemos es importante, más aún si vemos que el otro está errando el camino o la manera, que nos está haciendo daño o se está haciendo daño a sí mismo, que esa información puede resultarle reveladora al otro. ¿No es eso parte del cariño?

Podemos hacerlo. Simplemente tenemos que estar finos, acertados. No todo vale ni de cualquier manera. ¿Cuáles son los ingredientes necesarios?


1- Elegir el momento adecuado: cuando nos sintamos con fuerzas y capaces y también sintamos al otro preparado para recibir

2- Elegir el tono adecuado: lo que decimos es importante y aún lo es más el cómo, sobre todo si queremos que nuestro interlocutor lo integre

3- Elegir el ritmo adecuado: sin prisas ni a borbotones, aunque tengamos mucho acumulado, porque puede ser difícil para el otro encajarlo

4- Aceptar la reacción del otro: sin entenderla como un ataque personal, porque puede que nuestro discurso les sorprenda o no sepan cómo tomarlo

5- Hacerlo desde el cariño y el respeto: sin juicio, sin censura, sin pretender dar lecciones, con humildad y honestidad



Si no estamos preparados para hacerlo así, si el enfado o el miedo son más fuertes, si nos resulta demasiado trabajoso, entonces no es el momento adecuado y por tanto no podremos elegir el tono, ni el ritmo, ni seremos capaces de aceptar la reacción del otro, ni el discurso podremos hilarlo desde el cariño o el respeto. El encuentro acabará en KO técnico, con la diferencia respecto al boxeo de que aquí ninguno gana. Todos perdemos.

A mí me ha pasado a veces y con algunas personas que no supe respetar estas cinco claves, que fallé en todas o en algunas y entonces el otro se sintió herido o agredido, y cuando eso sucede, nada de lo que le digo le va a ayudar. Tal vez yo me quedé tranquila porque solté lo que quería decir, pero el otro, armado de coraza y escudo, lo rechazó enviándolo muy lejos, así que no le sirvió de nada, aunque yo fuese muy elocuente y tuvieran mucha razón. También la tiene el que se siente atacado y reacciona defendiéndose o atacando de vuelta.

Me resulta muy triste cuando un día, a raíz de algo que nos ha sucedido y que compartimos, alguien cercano nos dice: “sí, yo también he pensado siempre que tu pasividad es la que te tiene en esa situación; yo sabía que tu pareja te engañaba pero como tú la tenías en un pedestal…; bueno, tú siempre has sido muy parada/impulsiva así que lo veía venir; no me sorprende en absoluto que te haya sucedido esto ahora…”. Y que estos comentarios, cuando los recibimos, nos sorprendan por inesperados. Porque o no nos vemos así a nosotros mismos o nos hubiera gustado que esa persona tan cercana a nosotros nos hubiese iluminado al respecto.

Porque nosotros a veces y como un mecanismo de defensa, podemos permanecer muy ciegos (inconscientes) ante nuestros comportamientos, mientras que el otro desde afuera puede observar con cierta distancia y ver lo que a nosotros por cercanía y por costumbre (supervivencia) se nos escapa.  Pero si las personas que en teoría consideramos cercanas no sienten que pueden acercarse a nosotros para sincerarse, algo grave está fallando. Si no, ¿qué tipo de relaciones estamos construyendo? Os lo digo yo que he estado ahí: relaciones superficiales.

Para escudarnos (ante nosotros mismos primero, luego ante el otro) decimos “no quería hacerte daño” pero la realidad es que ni nosotros primero ni el otro después estamos preparados para mantener y cultivar una comunicación asertiva, es decir: clara, directa, respetuosa, oportuna, honesta y ecológica para nosotros y para el otro. Comunicarnos de un modo que ayude, que tienda puentes, evitando que nuestro interlocutor se cierre en banda o reaccione atacando para conseguir que, aunque le moleste lo que escucha, pueda recibirlo. Porque si es una información valiosa (y la calidad de nuestra relación depende de ella o se puede ver afectada) no es justo ni tiene sentido que dejemos de ofrecerla o de recibirla.

Es difícil atreverse cuando nosotros somos los que queremos compartir una información delicada, armándonos de valor para hacerlo de un modo respetuoso y útil. También es muy doloroso recibirla, pues nos toca seguramente en un lugar muy antiguo e infantil donde nos sentimos desprovistos y solos. Pero si lo hacemos de acuerdo con esas cinco claves, es decir, desde la asertividad, estaremos no sólo poniendo de manifiesto nuestra visión sino también tendiendo puentes, unos que luego vendrán de vuelta.

Callarnos una información importante nunca es la salida puesto que sólo conseguimos que se acumule, que crezca, que se convierta en dificultad y que se enroque, como lo hace un quiste o un tumor en nuestro cuerpo: podemos no querer mirarlo, insistir en que no nos duele, no querer tratarlo, pero eso no significa que deje de ser o de estar. Callarnos mucho sirve sobre todo para que, cuando un día hablemos, lo hagamos explotando, vomitando, bombardeando al otro. Lógico que no lo reciba bien porque no es agradable ser tiroteado a bocajarro. Es como ignorar a nuestro quiste: cuando finalmente se hace muy grande, muy molesto o doloroso, buscamos ayuda y la ayuda va a resultar muy incisiva o más agresiva de lo que nos gustaría.
 
Nosotros lo hacemos con los demás, el otro nos lo hace a nosotros. Todos hemos caído o nos hemos visto ahí de una u otra manera. Como pareja, entre hermanos, con amigos, en el trabajo, con socios. Nuestra existencia está llena de vivencias que demuestran nuestra dificultad para comunicarnos de un modo útil y respetuoso.

¿Y qué podemos hacer al respecto? Sólo una cosa: tomar conciencia de ello. En nuestro día a día, a través de nuestra manera de relacionarnos. No mirar al otro o pensar “ay, sí, fulanita lo hace así o nunca lo hace así”, sino mirarnos a nosotros mismos y, con desnuda y cruda honestidad preguntarnos: ¿cómo lo estoy haciendo yo?

Es la única manera en la que, sin pretenderlo, podemos dar lecciones, a través del ejemplo. Porque no podemos dar lo que no tenemos. Y por tanto, sólo podemos entregar aquello que poseemos.

¿Y qué tenemos para dar? ¿Tenemos respeto, verdad y honestidad o por el contrario tenemos miedo, violencia y soledad?

Lo que tenemos es lo que damos. Si tenemos mierda, por hablar claro y pronto, más vale transformarla en algo útil y valioso (abono, por ejemplo) antes de lanzársela al otro como un arma arrojadiza pretendiendo que la reciba como si de una ráfaga de perfume se tratase. La mierda es mierda y por sí misma no le gusta a nadie, aunque todos sabemos que la producimos y que es necesaria para mantenernos saludables. Lo insalubre es almacenarla dentro.

 

 

“Entre lo que veo y digo,
entre lo que digo y callo,
entre lo que callo y sueño,
entre lo que sueño y olvido
la poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.”



(Poema ‘Decir, hacer’, de Octavio Paz)

Comentarios (2)

Imagen de Iván

Iván dice:

20/01/2016 - 12:27

Hace poco me pasó con una persona que aprecio. Me pidió feedback sobre un escrito y fui muy duro. Es lo que pensaba, pero esa persona no merecía escucharlo así. Si volviera atrás, lo haría de modo diferentes, siguiendo estas reglas.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

20/01/2016 - 12:35

Todos nos hemos visto en ambos lados, Iván. Y ese auto-examen posterior tuyo es lo que marca la diferencia para poder hacerlo mejor la próxima vez. Gracias por tu honesto comentario, porque admitir que la hemos cagado (ya que hablo de mierda) también es algo que a muchos nos cuesta más de lo deseable.

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