04
Feb.
2015
2
com.

2º comienzo de año


A estas alturas del año, después de pasado ya un mes desde el comienzo de nuestro nuevo calendario, ¿dónde van quedando esos buenos propósitos a los que nos comprometidos el primero de enero? ¿Los hemos seguido, mantenido o comenzado siquiera?

Siempre es buen momento para inaugurar un comienzo, aunque se nos haya pasado la fecha inicial de apertura. Es posible que caigamos en la trampa de la auto-flagelación por todo lo que no hicimos y que en principio, queríamos de verdad llevar a cabo, con toda nuestra alma. Sin embargo, ¡que no cunda la desesperanza! Cada nuevo día es una nueva oportunidad de arranque.

Además, y para ser totalmente justos con nosotros mismos, tengamos en cuenta que la cuesta de enero es real, palpable, larga y muy pronunciada. ¡Conseguir subirla supone ya mérito suficiente! Y el lograrlo puede que sea a costa de habernos dejado por el camino algunos proyectos que, durante el ascenso, se nos antojaron pesados y muy difíciles de acarrear.

Ahora llega febrero y viene cargado de una energía más potente, como de gestación. Febrero queda como a mitad del invierno, y deja atrás esas primeras semanas gélidas, oscuras y casi de retiro para dejar espacio a la sabiduría acumulada, a la revelación de todo lo absorbido y a los días que comienzan a alargarse con su luz. Febrero no es sólo el mes más corto del año sino también la antesala de la primavera; un mes que normalmente se nos pasa casi en un suspiro, y que es además el mes de mi cumpleaños.

Como este enero ha sido especialmente difícil, largo y frío para mí, febrero se presenta más que nunca hasta ahora como mensajero de la regeneración y la vida que traerá la primavera, de las semillas que sí arraigaron (y/o arraigarán) y de las nuevas oportunidades.

4 de febrero de 2015. El día en el que cumplo 40 años.

Tengo que hacer punto y aparte tras esa frase porque me cuesta un momento darme cuenta de que así es: son 40 los que cumplo, ni uno más ni uno menos. 40 justos, número redondo.

Recuerdo aquello que mi Padre me dijo cuando cumplí los 30: “Verás cómo se pasa de rápido el tiempo a partir de ahora; en los 30 nunca sabes en qué año vives, si cumples 34 ó 36…” Yo pensaba que mi padre exageraba al decirme aquello, o que quizás su experiencia estaba condicionada por el hecho de convertirse él en padre en esa década (yo nací a sus 29 y mi hermano tres años después, y ya sabemos la velocidad que toman las cosas cuando hay niños pequeños alrededor, creciendo).

Sin embargo mi Padre tenía razón, y mi década de los 30 pasó tal cual él lo predijo. A velocidad de vértigo. 

Recuerdo hoy  perfectamente la celebración de mi 30 cumpleaños; con mi familia por un lado, en casa de mis Abuelos, y con mis amigos y primos por otro, en casa de nuestro incondicional Fernando, que siempre se ofrecía como anfitrión entregado. Al llegar, cuando me abrieron la puerta, los encontré a todos sonrientes, y pude ver fotos mías, de diferentes momentos de mi vida, impresas en blanco y negro adornando la habitación. ¡Qué feliz sorpresa y qué gran fiesta fue aquella!

Allí estaban presentes y dándome la bienvenida la Gloria bebé, la niña en diferentes momentos, la adolescente y la joven. Todas mis yo allí unidas conmigo misma y rodeadas de mi hermano, mis primos y de mis amigos más cercanos y queridos. Un momento para el recuerdo y una vivencia de plena felicidad.

Hoy cumplo 40 años, así es. 40 es un número bien redondo y no sólo porque termine en cero. Más bien porque, después de 40 años vividos tengo la sensación de estar a mitad de camino ya, como si me quedasen por delante otros 40 como mucho (no preguntadme por qué pero me da que no seré yo de esas personas octogenarias, porque me marcharé antes).

No sé si la década de los 40 volará tan veloz como la que le precedió. Dudo que así sea. Creo más bien que vendrá pausada y mágica. Volviendo al paralelismo con las estaciones, tal vez estoy ya a punto de abandonar mi verano (si es que aún no lo hice; me temo que me resisto un poco a que así sea porque aún me dejé rayos de sol por conquistar y porque adoro el verano, mi verano…) y a las puertas de mi otoño vital. El otoño es transformación, retiro, deterioro e incluso destrucción; pero también es un acceso a lo instintivo, al descenso a las profundidades, a la locura de la verdad y de la seducción. Así que, ¡bienvenido sea! Abiertas tiene las puertas: que pase, que será bien recibido.
  
Así que en febrero, el mes de mi cumpleaños, me doy una segunda oportunidad para comenzar mi año, siendo más flexible y paciente conmigo misma, aceptando que tengo mi ritmo y la vida tiene el suyo, y que a veces, los dos se encuentran y entonces surge la magia y puedo emprender los buenos propósitos que decido poner en marcha. Así florecen las semillas. Y si no, siempre puedo seguir caminando y esperar a la siguiente estación, al siguiente año...

Y no pasa nada. Está todo perfecto tal como está.


 

 

"Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho."



(Poema Cumpleaños, de Ángel González)

Comentarios (2)

Imagen de Rocío

Rocío dice:

04/02/2015 - 11:22

¡Felicidades Gloria! ¿Aquella fiesta fue por los 30? No recordaba el año, pero por supuesto sí el momento. La decoración con tus fotos fue preciosa y especial. ¡Que nos gusta cumplir años y celebrarlo en compañía! Enhorabuena por el trabajo realizado hasta este día en que cumples 40, seguro que te ha preparado para ese paso al otoño del que hablas. Un abrazo. Y siempre un broche final; en este caso maravilloso poema de Ángel González.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

04/02/2015 - 11:43

¡Gracias, Ro! Sí, fue la fiesta de mi 30 cumpleaños, amiga. De hecho, he estado a punto de subir aquí una foto de ese día pero cambié de opinión porque me parecía que iba en contra de vuestra intimidad. Es fantástico y muy saludable celebrar, recoger aprendizajes, reflexionar y seguir adelante con lo vivido, preparadas para lo que está por venir. ¿Verdad? Gracias, bonita.

Deje sus comentarios