27
Ene.
2016
4
com.

2 maneras de vivir

Las imágenes que incluyo en este artículo son obra del artista ucraniano Anton Yakutovych.


Hace unos días una compañera muy querida me confesó que llevaba atravesando semanas de mucho estrés y que aún se encontraba ahí, cada día más acorralada y angustiada, una situación que a estas alturas la hacía sentir exhausta. Se me ocurría poco que hacer o decirle para ayudarla pues ella es ya una mujer muy sabia y consciente y no me cabía duda de que ya había procurado si no todo, prácticamente todo lo que estaba a su alcance para solucionar su situación. Así que aparte de escucharla, abrazarla y animarla a delegar lo que pudiese, sólo le pedí que por favor se cuidase mucho, porque la necesitamos liviana y clara para que pueda seguir aportándonos el fabuloso trabajo que ella siempre despliega.

Caminar por la vida con confianza y energía es mucho más enriquecedor que marchar con una carga pesada que dificulta nuestro avance a cada paso. Por supuesto que podemos acarrear ese peso extra e incluso avanzar con él a cuestas; nuestra fortaleza a menudo nos sorprende a nosotros mismos y supera cualquier expectativa posible. Aunque, ¿qué precios pagamos por mantener ese ritmo?

Por el contrario, cuando vamos ligeros por la vida tomamos mejores decisiones, aportamos dicha y bienestar a los que nos rodean y podemos por tanto realizar un mejor trabajo, sea lo que sea a lo que nos dediquemos.

Después del encuentro con esta persona me acordé de algo sobre lo que reflexionaba Seth Godin en su blog. Teniendo en cuenta las circunstancias que mencionaba al principio, ¿cómo podemos lograr vivir de una manera que nos enriquezca individualmente y que por tanto enriquezca también a nuestro entorno protegiéndonos y cuidándonos a la vez?

Según Godin tenemos dos vías a elegir:


1- La primera y más evidente supondría liberarnos de peso, quitándonoslo de encima. ¿Cómo? Dejando de hacer trabajos que, aunque importantes, resultan pesados por todo lo que conllevan en términos de responsabilidad, de dedicación, de entrega. En definitiva, eludir responsabilidades, limitándonos a comprometernos con lo mínimo. O, si lo hacemos, dice Godin, que sea sin preocuparnos demasiado por los resultados; qué más da, el caso es cumplir para luego dejar la marca en nuestro listado de tareas.

2- La segunda vía, dice Godin, es abrazar con tremendas ganas el peso de nuestro compromiso pero comprometiéndonos a la vez a caminar por la vida livianos, justo porque lo que venimos a hacer es importante. Precisamente por eso nos debemos entregar a ello con todo nuestro empeño y dedicación, midiendo capacidades y posibilidades, basculando el peso que decidimos conscientemente echarnos encima, protegiéndonos para que nuestras fuerzas y nuestras ganas prevalezcan sobre el cansancio y el desánimo.


Eludir responsabilidades puede ser muy tentador a menudo; dejar de hacer aquello en lo que creemos, que nos llama y que podría ser valioso pero que requiere de demasiada dedicación y entrega, de un plus de esfuerzo, de paciencia o simplemente de más tiempo y energía.  Es, en principio, más fácil dejar pasar la oportunidad y evitar echarnos ese peso encima.

Sin embargo, insistir en esa actitud deriva en un empobrecimiento y una banalización de aquello que somos y hacemos, un camino que desemboca en una caída en lugar de en un crecimiento. Es mucho más enriquecedor, siempre y cuando podamos asumirlo, entregarnos a ese trabajo que sentimos con sentido, para tomárnoslo en serio pero sin tomárnoslo de un modo personal. Entiendo que ésa es la principal diferencia que quiere establecer Godin.

Con mis compañeras de profesión, incluso con mi Capitán lo hemos hablado muchas veces: esto de ser trabajadores autónomos, freelancers, independientes tiene su belleza y también sus dificultades. Es complejo no poder contar con una seguridad (que al final es siempre una falsa seguridad, por lo que de efímero y superficial tiene en sí mismo el dinero); poner tiempo y esfuerzo en proyectos que terminan no cuajando; invertir en acciones que en principio no nos reportan ningún beneficio económico sino que de hecho nos cuestan el dinero. Sin embargo sabemos que el trabajo que hacemos es valioso, importante e incluso necesario, y que trabajar por cuenta propia nos da las alas y el espacio para construir nuestra realidad entera en torno a unos valores que son la base de nuestra existencia, ahora que por fin los hemos descubierto.


 


Con esa libertad y ese espacio, ¿no os parece que debe ser posible caminar por la vida comprometiéndonos y a la vez sintiéndonos ágiles y livianos?

Desde esa certeza sentimos que queremos continuar insistiendo, y cada dificultad que atravesamos nos hace más fuertes y capaces, nos habilita para continuar avanzando. Y aunque pasamos por rachas en las que cuestionamos nuestra utilidad y sentido, de pronto también ponemos en valor la confianza en nosotros y en lo que hacemos, la necesidad de seguir aportando a través de una contribución y un modo de trabajar como los nuestros.

Todo eso también pasa por delegar, por priorizar y por supuesto, por cuidarnos y protegernos, porque aunque fuertes y muy capaces, tenemos nuestras limitaciones y nos quebramos a veces cuando el peso de la carga nos colapsa.

En este sentido me parece capital rodearnos de personas afines, aunque nuestro proyecto estemos solos. Porque solos nunca estamos. Solos no somos ni existimos. Aunque nosotros individualmente estemos al frente de esa marca o empresa, de ese servicio o producto; aunque la responsabilidad sea nuestra casi en un 100% y seamos nosotros los que asumimos el compromiso e informemos de los resultados, tenemos a muchas almas afines cerca que pueden servinos de apoyo. Estas redes nos amparan, nos proveen de alimento y de fuerza cuando ésta flaquea, conforman los límites contenedores que necesitamos para crecer saludables y pueden abrir brechas por las que acceda la luz cuando nosotros sólo conseguimos intuir sombra. 

 


Buscar a estas personas, rodearnos de ellas, cuidarlas y tenerlas en cuenta se me antoja como la mejor manera que tenemos para salir a la vida asumiendo retos, abrazando responsabilidades y sintiéndonos tremendamente capaces de cumplir con ellas desde el entusiasmo y la auto-creencia. 

Es necesario un grado elevado de madurez emocional para primero, construirnos una red así de potente, y segundo, tener la capacidad de lanzarnos a ella sin miedo y confiando. Así que tal vez el primer gran paso esté en conquistar esa madurez para después recoger los frutos del árbol. Y no al revés.


"Una red de mirada
mantiene unido al mundo
no lo deja caerse.
Y aunque yo no sepa qué pasa con los ciegos,
mis ojos van a apoyarse en una espalda
que puede ser de dios.
Sin embargo,
ellos buscan otra red, otro hilo,
que anda cerrando ojos con un traje prestado
y descuelga una lluvia ya sin suelo ni cielo.
Mis ojos buscan eso
que nos hace sacarnos los zapatos
para ver si hay algo más sosteniéndonos debajo
o inventar un pájaro
para averiguar si existe el aire
o crear un mundo
para saber si hay dios
o ponernos el sombrero
para comprobar que existimos."


(Poema Una red de mirada, de Roberto Juarroz)

Comentarios (4)

Imagen de Anuchi

Anuchi dice:

04/02/2016 - 13:09

Y qué pasa cuándo, cansada de responsabilidades intentas coger la vía 1 de Godin pero es imposible? Imposible porque puedas ser una persona de personalidad obsesiva y tú misma no paras de crearte responsabilidades, llevándolas al límite y descuidándote moral y físicamente? Siempre, Gracias por el post
Imagen de Gloria

Gloria dice:

08/02/2016 - 20:42

Pues entonces tendrás que parar, y reposar, respirar y descansar, soltar carga (la que no te pertenezca pero te has colgado, la que no es necesaria pero que aún así te has creado) y cuando hayas recuperado fuerzas y energía, emprender la marcha de nuevo, a tu ritmo. Y cada vez que el descuido y el cansancio aparezcan de nuevo, volver a parar, y reposar, y respirar, y descansar... Gracias a ti, amiga. Abrazo.
Imagen de Anuchi

Anuchi dice:

09/02/2016 - 15:05

Gracias.
Imagen de Gloria

Gloria dice:

10/02/2016 - 09:39

Ánimo y a seguir adelante, bonita. Estamos todos en el camino ;-)

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